31 de julio de 2026 - 22:21

La psicología afirma que las personas nacidas entre 1951 y 1971 toleran mejor el silencio

Para la psicología no es cuestión de personalidad. Es el resultado de haber crecido en un mundo con muchos menos estímulos constantes que el actual.

En un mundo donde el silencio es cada vez más escaso y el ruido lo llena todo, los momentos de calma se convirtieron en una excepción. Estar siempre conectados cambió por completo la forma en que las personas se relacionan con la quietud. Sin embargo, la psicología expone a una generación que vive el silencio de una manera completamente distinta.

La psicología observó que las personas de entre 55 y 75 años suelen mostrar una mayor tolerancia al silencio que las generaciones más jóvenes. No se trata únicamente de una cuestión de personalidad, sino del mundo en el que crecieron. Quienes nacieron entre las décadas de 1950 y 1970 vivieron una infancia con estímulos muy distintos: no existían los celulares, ni las redes sociales, ni el flujo constante de información que hoy protagoniza el día a día. Para ellos, el silencio no era una ausencia incómoda que había que llenar: era simplemente una parte más de la rutina.

Un cerebro que aprendió a funcionar con menos estímulos

Los expertos explican que el sistema nervioso se adapta al entorno en el que una persona crece. Durante la infancia, el cerebro aprende qué cantidad de estímulos considera normal y segura. Por eso, quienes vivieron sus primeros años en ambientes menos saturados de sonidos y estímulos digitales construyeron una relación distinta con la ausencia de ruido.

Este proceso tiene una base biológica cada vez mejor documentada

Un estudio de 2013 liderado por la investigadora Imke Kirste, que expuso a distintos grupos de ratones a diferentes paisajes sonoros (música, ruido blanco, llamados de animales) encontró que solo el grupo expuesto a silencio completo mostró neurogénesis significativa y duradera en el hipocampo, la región cerebral encargada de la formación de memoria, el aprendizaje y la regulación emocional.

Las nuevas neuronas empezaron a formar conexiones en apenas una semana desde el inicio de la exposición al silencio, lo que demuestra la rapidez con que el cerebro responde a los cambios en su entorno sonoro.

Qué pasa en el cerebro cuando desaparece el ruido

Cuando los estímulos sensoriales externos bajan, el cerebro no se apaga: se vuelve altamente activo, pero de otra manera. Ahí es donde entra en juego lo que la neurociencia llama la red neuronal por defecto (default mode network), un sistema descubierto por accidente en 2001 por el neurocientífico Marcus Raichle, que se activa específicamente cuando la mente está en reposo, divagando o usando la imaginación y que se desactiva cuando la persona se concentra en una tarea externa.

Esta red se ocupa de procesos como la consolidación de memoria, el pensamiento autobiográfico y el procesamiento imaginativo. Es, en cierto sentido, el momento en que el cerebro "archiva" lo que aprendió durante el día, algo que puede explicar por qué las personas retienen mejor el conocimiento después de tener espacios de silencio tras el aprendizaje intenso.

Por qué a las generaciones más jóvenes les cuesta más

La diferencia con las generaciones más jóvenes es evidente y tiene, según la investigación reciente, una explicación concreta en cómo funciona el sistema de recompensa del cerebro. Muchos chicos y adolescentes actuales crecieron rodeados de pantallas, videos, música y avisos constantes. Su cerebro se acostumbró a recibir información de manera continua, por lo que cuando llega el silencio puede aparecer una sensación extraña, como si algo estuviera incompleto.

El silencio, que durante mucho tiempo fue algo cotidiano, se convirtió en una herramienta cada vez más valorada para cuidar la salud mental. Quienes crecieron antes de la explosión digital no desarrollaron una virtud especial: simplemente tuvieron un cerebro que se formó en condiciones donde la ausencia de estímulo era la norma, no la excepción.

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