El miércoles último, la oficina europea de estadísticas dio a conocer los datos del comportamiento del conjunto de los países que conforman la Unión Europea, y dio como resultado una caída global para 2012 del 0,3% en toda la Zona Euro. Con esto, la Zona Euro registró por primera vez un año calendario completo sin crecimiento.
Como consecuencia de estos resultados, el precio del euro caía frente a otras monedas, después de haber tenido una racha alcista de más de tres semanas.
El dato más significativo es la caída de las economías de Alemania y Francia. Mientras la primera tuvo retracción del 0,6% en el último trimestre de 2012, la segunda mostró una leve caída del 0,3%. Pero también Italia está complicada, ya que registró el sexto semestre consecutivo de caída, esta vez un 0,9%.
En el caso alemán, lo que marca la caída es una fuerte retracción en sus exportaciones de bienes, que son el fuerte de su desempeño y esto muestra la temperatura de la crisis. Alemania hoy está en el peor momento desde que se desató en la Zona Euro en 2009.
Cayendo las dos principales economías del grupo, toda la zona se complica y vuelven a aparecer demandas para posponer los ajustes, ya que están generando una crisis social muy profunda, la mayor desde la Segunda Guerra Mundial. El número de desempleados en Grecia y España asusta pero va creciendo en todos los países de la zona, donde la población pide medidas y éstas no aparecen.
El nivel de los desequilibrios alcanzados por la zona ha sido muy grande, pero el problema es la rigidez de las instituciones que no permiten a los Gobiernos encontrar caminos de salida para acelerar la recuperación.
La estructura legal de funcionamiento del Banco Central Europeo no le permite generar expansiones monetarias como sí están facultados otros bancos centrales. Hace poco el presidente francés, François Hollande, alertó acerca de la necesidad de devaluar el euro, ya que estaba demasiado revaluado y eso conspiraba contra la competitividad europea, pero esto implicaría un cambio filosófico en los fundamentos del sistema monetario europeo.
La nueva guerra de las monedas
Preparándose para la próxima cumbre del G-20, varios países han comenzado a criticar las devaluaciones competitivas de EEUU y Japón y creen ver en ello una simiente de una batalla más fuerte de devaluaciones. Lo cierto es que el mayor perjudicado es, en primer lugar, el bloque europeo.
En segundo lugar, los perjuicios son de las economías latinoamericanas. En casi todos los países la devaluación del dólar ha producido una revaluación de las monedas nacionales. Pero, además, la crisis genera mayores flujos de capitales que buscan mejorar sus desempeños en economías que crecen y aumentan el flujo de dólares que, a su vez, aceleran la revaluación de las monedas nacionales.
Durante enero el proceso se vivió en los países de la región. Chile y Brasil vieron cómo sus monedas se revaluaban frente al dólar. El gobierno de Dilma Rousseff ya advirtió que su gobierno intervendría para evitar que el real caiga debajo de los 2 reales en su paridad con el dólar, mientras el gobierno chileno ha manifestado su preocupación y escucha los reclamos de sus exportadores.
El problema es que no sólo Europa está complicada. La economía norteamericana sigue sin poder salir a flote y se mantiene con un mediocre desempeño, mientras la emisión de grandes cantidades de moneda no ha servido para reactivar a la mayor economía del mundo.
No obstante, el gobierno dice no querer caer en nuevas expansiones monetarias y prefiere trabajar para mejorar. “No necesitamos un Estado más grande sino uno más eficiente”, ha dicho esta semana el presidente Obama.
Por su parte, Japón se ha desprendido de cualquier acusación de expansión monetaria. El ministro de economía, Taro Aso, dijo que el gobierno no era responsable de que los japoneses se desprendan de moneda para comprar acciones.
Lo cierto es que la economía nipona se ha vuelto a contraer el último trimestre un 0,4% y lleva tres trimestres seguidos sin levantar cabeza, lo que justifica la idea de mantener devaluada su moneda.
Con este panorama, las perspectivas de la economía mundial no son muy buenas. No es posible pensar que las economías emergentes puedan crecer por sí solas si los países que han sido el motor no tienen capacidad de compra porque carecen de poder de venta.
Algunos países podrán volcarse a su mercado interno, pero mucho no pueden hacer, ya que si los flujos internacionales no mejoran, cualquier intento sólo en el mercado interno, no podrá suplantar los empleos que se pierdan al caer los flujos exportadores.
Dentro de este panorama, América Latina está un poco mejor pero no está blindada. Hay que esperar qué resultados tengan en los mercados las estadísticas europeas, ya que si el dólar se revalúa puede haber un ajuste a la baja en los precios de las materias primas que produce la región.