Cinco décadas después de haber sido subsede de Argentina '78, Mendoza puede volver a ser el escenario elegido para albergar partidos de un Mundial de fútbol.
Cinco décadas después de haber sido subsede de Argentina '78, Mendoza puede volver a ser el escenario elegido para albergar partidos de un Mundial de fútbol.
Las pruebas que comenzaron con la Copa América en 2011 y hoy se prolongan con el Sudamericano Sub 20, sumadas a la que vendrá en abril próximo con el Sudamericano Sub 17, impulsan a esta provincia como una de las mejor consideradas del país por la Asociación del Fútbol Argentina (AFA) y la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) para la organización de competencias de alto nivel. El partido por las eliminatorias sudamericanas (3-0 contra Uruguay, el pasado 12 de octubre) fue otra señal de las dirigencias del fútbol argentino y del fútbol suramericano, respectivamente, que avalan esta posibilidad.
El campeonato del mundo, que está virtualmente concedido a la Argentina y al Uruguay conjuntamente, es el de 2030. Ese año se cumplirá el primer centenario de un torneo de tamaña magnitud, el cual fuera organizado por los uruguayos en 1930 y que terminó adjudicándose el seleccionado local luego de vencer al argentino por 4-2 en la final, en la final disputada en el estadio Centenario, de Montevideo.
La idea se viene trabajando al más alto nivel dirigencial de la FI FA desde hace unos cuatro años, aproximadamente, y el proyecto será presentado oficialmente para el congreso extraordinario de la entidad madre del fútbol internacional, que se realizará durante el Mundial de Brasil 2014.
La FIFA utiliza cada campeonato del mundo para definir cuáles serán las dos sedes de su máxima competencia luego de las ya concedidas previamente. Por ejemplo, en Sudáfrica 2010 se definieron a Rusia y Qatar como países sedes de los mundiales de 2018 y 2022, respectivamente. En suelo brasileño, la dirigencia futbolística decidirá sobre los organizadores de los campeonatos de 2026 y 2030.
En octubre 2012, en las horas previas al juego entre argentinos y uruguayos en el Malvinas, se realizó una trascendental reunión en el hotel Intercontinental, con la reaparición de Julio Grondona como conductor del encuentro. Además de él, por la Conmebol estuvieron su vicepresidente y su secretario general, el uruguayo Eugenio Figueredo y el argentino José Luis Meiszner, respectivamente. Además, concurrieron el presidente tombino Mario Contreras y otros directivos del fútbol nacional. Tras el encuentro, en la sala habilitada para la presentación se sumaron los gobernadores Francisco Pérez y José Luis Gioja como máxima representación de Mendoza y San Juan.
Fue Contreras quien inició la conferencia de prensa, en su rol de anfitrión y a la vez en el de titular del Comité Organizador Local, resaltando que además de los campeonatos sudamericanos, se había adjudicado a Mendoza la organización de la final de la Copa Argentina 2013, otro signo de que la inserción mendocina en el fútbol de alta competencia sigue en alza.
Tras la finalización del acto protocolar, una alta fuente dirigencial dijo a Los Andes que "en algún momento podría plantearse una reforma del Malvinas para aumentar su capacidad, ya que para un Mundial se necesitaría ampliar la capacidad". En off, ya se estaba admitiendo que sólo una fatalidad podía quitarle el Mundial 2030 al eje Argentina-Uruguay.
El mismo informante confió que "el estadio de Córdoba aumentó su capacidad a casi 67.000 espectadores, por lo que está claramente por arriba de las 40.000 localidades que ofrece el Malvinas. Como la FIFA busca que todos los asistentes vean el partido sentados, el uso de butacas hará disminuir la cantidad de lugares disponibles. Por esto es necesario plantearse una reforma con el tiempo".
Mendoza comenzó una escalada clave desde el punto de vista de la política futbolística durante 2009, cuando comenzaron a concederse las sedes de la Copa América 2011.
En un principio, en un Congreso de la entidad sudamericana en el Caribe, la subsede Cuyo no figuraba dentro de las potenciales regiones organizadoras. Una gestión de tipo personal de la por entonces secretaria de Deportes provincial, Beatriz Barbera, logró torcer el eje. Finalmente, Mendoza fue cabeza de la región, acompañada por San Juan; también fueron subsedes Santa Fe, Córdoba, La Plata y Salta/Jujuy. Quedaron afuera Mar del Plata, Rosario, Tucumán, San Luis y Catamarca. A la Ciudad de Buenos Aires (sólo se disputó la final) no se le concedió status de sede, por lo cual los recursos económicos para reforma de los estadios quedaron en las demás designadas.
Hoy día, luego de la experiencia exitosa de la última Copa América, se sigue probando a la provincia en su faz organizativa. El partido por las Eliminatorias, como también los torneos Sudamericanos juveniles, son señales firmes de que se está ante una oportunidad histórica de consolidar a la provincia en el alto plano del fútbol internacional.
Es cierto que faltan dieciocho años para el Mundial 2030, pero esto no implica quedarse de brazos cruzados. Incidentes desagradables como los ocurridos el miércoles pasado, cuando un grupo de hinchas agredió a otro de aficionados chilenos en las tribunas, hacen descender un escalón en la consideración dirigencial futbolística a Mendoza. No pueden repetirse, de ninguna manera. Hay mucho por hacer y demasiado por disfrutar.