18 de enero de 2020 - 00:00

Multas en el tiempo - Por Luciana Sabina

Las multas han sido un instrumento milenario para generar hábitos en las poblaciones. Las primeras datan del Antiguo Egipto.

Hace algunos días conocimos datos alarmantes sobre el derroche de agua en Mendoza. A lo largo de 2019 se realizaron 6.740 multas al respecto. Los meses de agosto, septiembre y octubre dieron un promedio de 29 sanciones diarias.

Otro gran espacio rico en sanciones es el vial, aunque aparentemente están disminuyendo. Según el Ministerio de Seguridad, desde 21 de septiembre del 2019 hasta la actualidad se han desarrollado 14.381 controles de alcoholemia en nuestra provincia (en la imagen). De ellos, solo 10% de los test de alcoholemia realizados a conductores resultaron positivos. Esta baja se explica por el endurecimiento de la ley, que implica un considerable aumento en los valores a pagar.

Todo esto constituye una interesante excusa para conocer el trasfondo histórico de las multas, un instrumento milenario para generar hábitos en las poblaciones. Las primeras datan del Antiguo Egipto, sin embargo fueron los romanos quienes les dieron forma de ley, entre las que destaca la Lex Lulia Municipalis. Dicha norma “estipulaba que solo los carros que transportasen materiales de construcción para los templos de los dioses o para otras obras públicas podían transitar por la ciudad en horas diurnas. De esta forma, se prohibía la circulación de vehículos privados, exceptuando los de generales victoriosos o sacerdotes que participasen en actos de culto”, como especifica el especialista Alejandro Tovar.

Isabel la Católica también creó normas para el control de tránsito y durante el siglo XIX se formalizaron en todo el mundo, al igual que un enorme compendio de sanciones en diversos rubros. Por entonces en nuestra provincia algunas multas diferían bastante de las actuales. Por ejemplo, en la ciudad de Mendoza los vecinos que no regaban sus frentes eran sancionados ¿Por qué? Bueno, el tránsito de carros sobre calles de tierra generaba polvaredas y se buscaba contrarrestarlas de ese modo. Sin embargo otras reglas se asemejaban mucho a las que hoy debemos cumplir:

“Ayer les fue aplicada la multa a dos conductores de carruaje –leemos en un ejemplar de Diario Los Andes de 1886-, por haber sido sorprendidos con los faroles sin luz. Igualmente le fue aplicada la multa correspondiente, al conductor de un carro por traficar con éste por el costado de la calle que no le corresponde a esta clase de vehículos”.

Pero no es la única coincidencia, al año siguiente leemos: “A don Tristán Villegas por cortar sin conocimientos respectivos dos acacias que se encontraban frente a su propiedad, calle la Rioja esquina Cuyo, que sirven de ornato a esta calle, se le aplicó la multa que fija la ordenanza respectiva”.

Lamentablemente el abuso por parte de las autoridades fue moneda corriente. El 24 de septiembre de 1885 este diario denunció: “La Multa. Esta pena que se aplica por lo general al pobre es una verdadera calamidad que va tomando proporciones alarmante. Para los ebrios se señala una pena de tres nacionales, fuera de las 12 o 24 horas de prisión que se les aplica. Pero el caso es que no solamente se aplica la multa al que está ebrio, sino al que no lo está. Basta que a un soldado de la policía le parezca que un transeúnte lleva medio frasco de vino en la cabeza, para que sufra la pena, sin que haya medio para salvarse de ella”.

Como vemos la historia de la humanidad está ligada a los controles y castigos, cuyo fin primitivo era evitar el caos.

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