6 de octubre de 2012 - 22:47

Mujeres que perjudican a las mujeres

¿Las dirigentes son mejores para las mujeres del mundo? Sería bueno pensar que las mujeres que llegan al poder querrían ayudar a las que están abajo. Sin embargo, un drama mundial persistente subraya que las mujeres en el poder pueden ser tan deleznables

La jequesa y primera ministra de Bangladesh, Hasina, está montando una ofensiva de tierras quemadas contra Muhamad Yunus, el fundador del Banco Grameen y campeón del empoderamiento económico de las mujeres de todo el mundo. Yunus, de 72 años, ganó un Premio Nobel de la Paz por su trabajo pionero en los microfinanciamientos, centrados en ayudar a las mujeres a sacar a sus familias de la pobreza.

No obstante, el gobierno de la jequesa Hasina ya sacó a Yunus de su empleo como director administrativo del Banco Grameen. Pero, desde el mes pasado, su gobierno ha tratado de confiscarles el control del banco a sus 5,5 millones de accionistas en pequeño, casi todas mujeres, que colectivamente son dueñas de más de 95 por ciento del banco.

¡Qué panorama tan patas arriba!, vemos a una mujer que se ha beneficiado de las normas de género en evolución, utilizando los poderes de su gobierno para destruir el trabajo de toda una vida de un hombre que ha hecho mucho por las mujeres más vulnerables del mundo, lo que nadie más en la Tierra.

El gobierno también inició varias investigaciones sobre Yunus, sus finanzas e impuestos, y sus partidarios temen que puedan aprehenderlo bajo algún pretexto u otro.

“Es una locura”, me dijo Yunus hace unos días en la Iniciativa Mundial de Clinton en Nueva York, con tono apagado, en lugar de desbordante de entusiasmo como suele ser.

“Simplemente, no sé cómo lidiar con esto”. Si el gobierno logra convertir al Banco Grameen en uno gubernamental, dijo Yunus, “estará acabado”.

En un principio, la jequesa Hasina, en Nueva York para asistir a la Asamblea General de Naciones Unidas, estuvo de acuerdo en concederme una entrevista, en una suite en el Grand Hyatt. Canceló a último minuto y se negó a fijar otra fecha y hora.

Quizá nada de esto debería ser sorprendente. No mejoran más las mediciones como la educación de las niñas y la mortalidad materna cuando gobierna una mujer. Hay evidencia de que las mujeres importan como dirigentes locales y en los consejos administrativos de corporaciones, pero pareciera que no es cierto en el ámbito nacional, al menos no para la primera cohorte de dirigentes femeninas en todo el mundo.

Bangladesh es, en realidad, un ejemplo de primera de los rendimientos de invertir en las mujeres. Cuando se separó de Paquistán en 1971, era un caos. Sin embargo, invirtió en la educación de sus niñas, y hoy, más de la mitad de los alumnos de bachillerato son mujeres; un logro asombroso para un país musulmán empobrecido.

Todas esas mujeres instruidas, formaban la base de la industria del vestido de Bangladesh. También había menos nacimientos: en promedio, la mujer bangladesí ahora tiene 2,2 hijos, en comparación con 6 en 1980. Incorporar a las mujeres a la corriente principal parece haber sosegado al extremismo, que es mucho menos una preocupación que en Paquistán (donde el alfabetismo femenino en las zonas tribales es de sólo 3 por ciento).

Dicho sea en su honor, la secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton intervino a favor de Yunus: “Respeto muchísimo a Muhamad Yunus, respeto muchísimo el trabajo que ha hecho, y espero ver que continúe sin que se haya debilitado de alguna forma o por alguna acción del gobierno”, dijo a principios de este año. Dos ex secretarios de Estado, George Shultz y Madeleine Albright, también han llamado a la jequesa Hasina a desistir.

No muestra signos de hacerlo. Una teoría es que está paranoica y ve a Yunus como una amenaza, especialmente desde que hizo un intento frustrado por entrar en la política en 2007. Otra teoría es que tiene envidia de su Premio Nobel de la Paz y está resentida por su renombre mundial.

La jequesa Hasina es decepcionante en otras formas. Se ha hecho de la vista gorda ante asesinatos atribuidos extensamente a los servicios de seguridad. Mi colega del Times, Jim Yardley, escribió justo este mes sobre un dirigente laboral, Aminul Islam, a quien funcionarios de seguridad habían amenazado y cuyo cadáver con signos de tortura se encontró en la tumba de un indigente.

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