Las movilizaciones populares han demostrado una importante capacidad para exigir y demandar cambios en la actual gestión de la política. Aunque parezca innecesario reiterarlo, éstas interpelan tanto al oficialismo como a la oposición.
Las movilizaciones populares han demostrado una importante capacidad para exigir y demandar cambios en la actual gestión de la política. Aunque parezca innecesario reiterarlo, éstas interpelan tanto al oficialismo como a la oposición.
Pero la formidable energía exhibida en setiembre, noviembre y abril podría no obstante disiparse, como ocurrió en 2001, si no es adecuadamente encauzada a fines políticamente útiles y transformadores.
Es por ello que hemos sugerido a tantos ciudadanos y ciudadanas con los cuales hemos interactuado en estos días, que vean de canalizar las peticiones y exigencias que están surgiendo con tanta potencia del colectivo social a unas pocas piezas legislativas que garanticen efectivamente una transformación de la política.
El objetivo es la Legislatura, un cuerpo actualmente pesado, lento y burocrático, que sólo responde espasmódicamente a los requerimientos de los líderes de la partidocracia pero que carece absolutamente de agenda propia o intenciones de profundizar en ningún proceso en marcha.
El desinterés de la Legislatura frente al deterioro grosero del sistema de seguridad o justicia, o ante el decaimiento por obsolescencia del sistema educativo, son indicadores de esta desidia.
Por ello sugerimos que hay que ir allí. La experiencia indica que la Legislatura no puede resistir la sana, cívica y sostenida presión de un grupo significativo de personas conscientes de sus derechos y deberes decididas a impulsar cambios que no sean meramente cosméticos.
Ponemos a consideración una serie de piezas legislativas a las cuales apuntar:
* Primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) a nivel provincial y municipal.
Las PASO permiten varios objetivos al mismo tiempo: facilitan un proceso más democrático de legitimación de candidaturas; evitan la intromisión de un partido en la selección de los candidatos de otros; desalienta la proliferación de espacios no representativos y auspicia la formación de coaliciones programáticas.
* Desdoblamiento de las elecciones provinciales y municipales.
Esta medida tuvo un éxito resonante en Capital y San Carlos, donde los colectivos sociales de ambos departamentos pudieron visualizar las elecciones locales al margen de la natural absorción de atención que genera una elección nacional. Pero debe ser regulado por ley para evitar la manipulación coyuntural y oportunista de los intendentes.
*Sistema electoral de boleta única
. La boleta única como se la utiliza en Santa Fe y, con variantes, en Córdoba, ha sido reconocida por organismos internacionales de fiscalización de elecciones como uno de los sistemas más seguros y confiables. Evita todo tipo de manipulación de boletas y garantiza a todos los partidos -grandes y pequeños- iguales posibilidades.
*Candidaturas de ciudadano/as independientes.
Esta propuesta enfrenta uno de los bastiones más custodiados por la vieja partidocracia: el monopolio de las candidaturas. Las ciudadanas y ciudadanos independientes constituimos alrededor del setenta por ciento del padrón electoral. Actualmente, sólo cuando partidos abiertos y generosos -como en mi caso es el socialismo- abren el juego, podemos postular a cargos electivos. Esto debe cambiar.
* De los votos en blanco
. El voto en blanco ha sido una y otra vez la última chance del votante común para protestar por el nivel de la oferta de los partidos. Pero ante su irrelevancia en términos de cómputo o ponderación, la gente opta muchas veces por anular el voto. Sugerimos legislar que si en una elección los votos en blanco superan el 20% de los votantes, la elección debe repetirse con candidatos distintos.
Hay otras reformas que pueden impulsarse pero éstas son concretas, sencillas de implementar y con efectos importantes en orden a la transparencia de nuestro sistema político.