La Argentina contó con una moneda estable entre la creación del peso moneda nacional, en 1899. Fue uno de los tantos aportes que Roca le dio al país, respaldado por oro y que fue remplazado por el peso Ley en 1970 luego de 21 años de inflación con un canje de un peso ley por cien pesos moneda nacional.
El peso permitió ahorrar, monetizó la economía y facilitó el crédito a largo plazo para la producción y la construcción de viviendas. La clase media argentina es fruto de esa moneda estable.
Desde 1947 los períodos de inflación de un dígito han sido breves. En 1953/54, el de 1960/61, el de 1968/70 y desde 1991 a 2007. La memoria inflacionaria está en los argentinos que, además, soportamos quince años de inflación de tres dígitos y tres hiperinflaciones entre 1975 a 1991.
El refugio para los argentinos ha sido el dólar, la moneda global que, sin embargo, ha perdido poder adquisitivo, pues el poder de compra de un dólar de 1900 hoy requiere veinte dólares.
Los argentinos compran dólares para ahorrar, evitando que la inflación erosione sus ahorros.
No es un problema de patriotismo. Los brasileños no compran dólares por ser más patriotas sino porque la tasa de interés que reciben por sus depósitos en reales son superiores a la inflación.
Guillermo Laura con Ergasto Riva ha publicado el libro "La Moneda Virtual (Unidad de cuenta ontológicamente estable)", Fundación Metas Siglo XXI, Editorial Pluma Digital, 2012. El texto plantea la imposibilidad de las monedas -de todas ellas incluido el oro- para que puedan cumplir función de patrón estable durante un período prolongado y más en los de alto crecimiento económico.
El Reino Unido se manejó con el oro y la plata durante doscientos cincuenta años hasta 1800. Sin embargo la depreciación fue del 562% a pesar del valor intrínseco de esos metales. La volatilidad de la moneda la muestra la evolución del dólar que en cien años sólo tuvo tres años de estabilidad, 82 años de inflación y 15 de deflación.
Solamente Chile con la creación de la UF (Unidad de Fomento) en la presidencia de Eduardo Frei Montalvo, el 20 de enero de 1967, encontró una solución al problema. Se trata de una unidad de cuenta indexada tomando en cuenta la fluctuación del peso chileno y según la variación de su poder adquisitivo en relación al índice de precios al consumidor.
Chile tiene el 67% de sus depósitos indexados que se han valorizado en dólares el 461% entre 1973 y 2011; en ese lapso el dólar se desvalorizó el 427%. Por eso el país trasandino tiene el nivel de bancarización más alto de la región con el 79% sobre el PBI y bajó su inflación del 508% de 1973 al 3% de promedio en esta década y el 1,5% anual del año pasado, que contrasta con el 25% de nuestro país. Esto ha posibilitado el crédito para la vivienda a treinta años de plazo, una de las bases de la formación de una clase media en nuestro vecino.
El país requiere de una moneda estable que permita el ahorro y facilite el financiamiento a largo plazo con tasas pagables. El instrumento propuesto en el libro de Laura y Riva ayudará a desdolarizar nuestra economía y financiar las inversiones que, con urgencia, se necesitan, en un territorio donde tanto hay para hacer.
Merece destacarse que Guillermo Laura, abogado y economista, ha publicado numerosos libros con propuestas para resolver problemas concretos de los argentinos. Pero, algo poco común en un país de divagadores, ha demostrado cuando tuvo la oportunidad, capacidad para concretar esas propuestas pues siempre pensó en su ejecución y en los recursos para encararlas.
La red de autopistas de la ciudad de Buenos Aires fue lanzada en su libro "La Ciudad Arterial", red que no supieron completar los funcionarios que se sucedieron en varias décadas. El Ceamse, la autopista del Buen Ayre, la nueva Panamericana o Acceso norte de Buenos Aires, tienen su sello.
A nivel nacional, Guillermo Laura viene batallando por el plan de construcción de autopistas que una todas las capitales de provincia y con los países limítrofes, como un programa de reconstrucción ferroviaria, explicando cómo se financian y se pagan las obras.
