Las variables juegan porque se acerca la fecha de definiciones. Se conocerán los números finales de la cosecha, se sabrá cuánto se derivó a vinos y cuánto a mosto, cuál será el posible stock técnico y de allí surgirán los posibles valores para los caldos.
Todo ello enmarcado con algunas situaciones individuales, como algunos anuncios de despidos y suspensiones que si bien no generan un aspecto alarmista, también constituyen una señal a tener en cuenta.
“Las luces amarillas se encienden porque se acerca la fecha de liberación de los vinos, aún a pesar de que todos estamos ya advertidos”, dijo un bodeguero, quien agregó que “estamos hablando de cinco ó seis meses de despachos que no constituyen una situación gravísima, ya que en Europa suelen tener un año dentro de las bodegas. Lo que ocurre es que en nuestro país hablamos de situaciones preocupantes cuando se pasan los cuatro meses”.
De todos modos es una óptica que no coincide con la afirmación de los viñateros y bodegueros del Este, para quienes en esos cinco ó seis meses de despacho hay vinos de guarda, otros que están con menos grado y no pueden salir de bodegas, por lo que esos seis meses se reducen a cuatro.
El tema es establecer cómo “sacar” vinos a los efectos de reducir el stock. “Una de las soluciones podría centrarse en la exportación de vinos a granel, pero estos se encuentran en una situación complicada a nivel mundial en razón de que España ha tenido una cosecha récord, a lo que se suma una caída en el mercado interno como consecuencia de la crisis económica. Esos vinos que les sobran los van a derivar a la exportación”, se indicó, señalando la fuente informante que “otro tanto sucede con Chile, que tiene precios más competitivos que los nuestros en razón de que sus viñedos tienen mayor producción que los nuestros”.
Para los dirigentes consultados, la industria debe sentarse a conversar a los efectos de lograr, entre todos, cómo enfrentar los problemas. “Habíamos conseguido alcanzar los equilibrios con la derivación a vinos a mosto, política que dio resultados, pero ahora se manejaron mal las cifras y nos encontramos con que la gente prefirió elaborar vinos”, destacó uno de ellos, quien aseguró que ahora veremos cómo van a reaccionar los precios. “Por eso el gran peligro pasa por aquellos sectores que intentan, a través de la política, volver a recetas de décadas atrás y que en su momento no funcionaron”, destacó.
Ese esquema de derivar las uvas a vinos y no a mosto afectó a todas las zonas de la provincia y también a todas las variedades. A modo de ejemplo podemos señalar lo indicado por la Cámara de Comercio de Tupungato, que indica que como se pensaba que la cosecha sería baja, la gente prefirió elaborar vinos en lugar de vender la uva.
“Los pocos que vendieron la uva ya tienen sus cheques en las manos, mientras que los que elaboraron tendrán que esperar a que las bodegas les compren, por lo que deberán hacerlo hasta setiembre u octubre fecha en que podrán hacerse de algún efectivo y no sabemos a qué precio”, destaca.
En esa zona del Valle de Uco se trata de uvas varietales, pero el problema también alcanza a los productores de la zona Este, quienes concurrieron días pasados a la Legislatura con la intención de impulsar un anteproyecto para crear una comisión que fije valores mínimos para las uvas. El objetivo es loable, porque se busca que el productor no trabaje a pérdida y termine desapareciendo, pero el desafío es cómo implementar los mecanismos para modificar la actual situación.
Desde el resto de los sectores de la industria se señala que no sólo los productores no están bien, sino que el problema también alcanza a las bodegas. “Es por eso que tenemos que juntarnos y trabajar en la búsqueda de soluciones conjuntas”, dijeron, señalando que el mercado está muy duro y ello determina que los distintos eslabones estén perdiendo rentabilidad.
“No va a haber ninguna medida del pasado que nos saque de lo que está ocurriendo”, aclararon, para agregar que “no es bueno echarnos las culpas entre nosotros ni hacer demagogia por parte de algunos políticos”.
Entre las posibles salidas, se señala que podría resultar importante la implementación de la utilización de jugos naturales para la edulcoración de bebidas gaseosas.
“No tendrá un efecto inmediato, pero abriría expectativas respecto del futuro y todos sabemos que la vitivinicultura se mueve por expectativas”, indicó un dirigente, agregando que hay que buscar una reglamentación que no discrimine al sector vitivinícola en los márgenes que se fijan en las cadenas de comercialización, “porque mientras en las cervezas se aplica un 18 por ciento, en el vino el porcentaje que aplican supera el 45 por ciento”.
Destacaron las fuentes que esa situación ya es conocida por los legisladores, a quienes también les han planteado la necesidad de aplicación, por ley, de la eximición del impuesto a los espumantes. “Son medidas que tenemos que impulsar no sólo desde la industria sino también desde los gobiernos”, señalaron.