Independientemente de los problemas de mercado y del impacto negativo de políticas oficiales, los máximos referentes están preocupados por la sustentabilidad del negocio olivícola, y coinciden en que tiene que haber profundas transformaciones, considerando las debilidades propias. Desde el sector aceitero, el presidente de la FOA, Armando Mansur, enfatiza que "la matriz productiva de Mendoza tiene que cambiar, y la olivicultura es la primera que tiene que hacerlo, si quiere seguir estando".
Uno de los mayores problemas de la actividad hacia adentro se sitúa en el segmento de la producción primaria. Está dado por la imposibilidad de mecanizar la mayor parte de los cultivos (marco de plantación, plantas muy enmaderadas), lo que impacta de manera muy particular en la etapa de recolección, una labor cuyo costo se lleva el 50% del valor de la aceituna.
Horacio Isgró señala que, en situaciones de crisis, el más afectado siempre es el productor; y que, a raíz de los problemas de rentabilidad, se vienen erradicando muchas plantaciones tradicionales. Por eso advierte sobre el riesgo de desaparición de la actividad, si no se toman urgentes medidas de asistencia.
Coincide en que el Gobierno debería lanzar un plan de promoción de cultivos intensivos, con variedades que demandan los mercados y que se adapten a las zonas de producción.