5 de junio de 2014 - 00:00

Mirar con el corazón

No hace mucho escribí en Los Andes una nota sobre la violencia de la que es víctima el país. Ahora quisiera reflexionar sobre algo más placentero y es cómo se debe disponer el corazón para mejor mirar a los demás, empezando por la patria. Así ama la gente bien nacida a los seres queridos, a la esposa, a los hijos, a los familiares y amigos. Y si es un santo, hasta a los enemigos, según el precepto de Cristo. "Mirar con el corazón", en eso consiste el amor de amistad.

Tomás de Aquino lo llamaba "amor desinteresado". Esto incluye amar a los compatriotas aunque no sea fácil. Es cierto que los de esta tierra tenemos no pocos defectos, que no somos suficientemente "amables". Pero el deber ciudadano nos impone hacerlo. Si les requerimos la opinión a Platón, Sócrates o Aristóteles nos dirán lo mismo.

Debemos tener una particular consideración y afecto con los compatriotas. En aquella Grecia clásica (uno de los lugares más bellos que he conocido) se debía tener esa mirada de corazón con la patria. No por nada ser "expatriado" era de los peores castigos que se podían sufrir. ¿Podemos querer así a esta tierra y a su gente? Si se la mira bien, si se la mira con el corazón, veremos que a nuestro alrededor uno puede ver a mucha gente no sólo "amable" sino admirable.

Gente dedicada a obras gratuitas de bien, en ocasiones muy sacrificadas; gente que diariamente da de comer a niños pobres; profesionales, como los de Conin, que cuidan de la alimentación de niños carenciados; religiosos que trabajan en las villas; en fin, personas que hacen que uno crea que en el mundo hay más bien que mal. La actual situación de la Argentina no es propicia para que lo creamos y, sin embargo, si uno mira con el corazón, entre los entresijos y claroscuros, puede recuperar la esperanza. La escritora italiana Susanna Tamaro lo ha expresado bellamente y así lo consigné en Los Andes no hace mucho.

Se me ha hecho nuevamente presente su obra "Donde el corazón te lleve". Tamaro ha obtenido una repercusión editorial extraordinaria, traducida a varios idiomas y obtenido premios internacionales. Esto me hace volver a nuestra patria. Pocos momentos de su historia en que haya estado tan ultrajada. Respecto de lo que el gobierno llama "los diez años ganados" no es otra cosa que una mentira más. Los argentinos no parecen ser lúcidos respecto de este engaño.

Nos estamos habituando peligrosamente a él. Mirar con el corazón no supone estar ciegos. Supone ser "bene-volentes", supone querer bien, no ser ciegos. Como vivo cerca de una escuela, cada mañana oigo las voces de los niños que salen al recreo. Son una bendición. Son tan alegres que hacen que yo los oiga con el corazón. A propósito recuerdo el Canto a la Alegría de Soren Kieerkegaard, una de las cosas más bellas que se han escrito sobre el tema, algo alegre como el gorjeo de los chicos en el patio de la escuela.

Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Los Andes.

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