12 de septiembre de 2015 - 00:00

Miley Cyrus y Wayne Coyne

La juvenil cantante pop Miley Cyrus pateó una vez más el tablero para grabar un disco junto a la banda de rock alternativo The Flaming Lips: “Miley Cyrus and her dead petz”, un trabajo atípico en la carrera de ambos.

Sorprende pero es verdad. Miley Cyrus (22), estrella juvenil de la serie “Hannah Montana” de Disney devenida nueva niña malcriada del pop norteamericano, acaba de sacar un buen disco: se trata de “Miley Cyrus and her Dead Petz”, trabajo coescrito, producido y grabado en buena parte por el excéntrico Wayne Coyne (54), amante de lo absurdo y cantante de los Flaming Lips, grupo de rock surgido a mediados de los ochenta cuya imaginería psicodélica viene dando grandes álbumes desde su creación hasta estos días.

“Es una mezcla entre lo anterior de Miley, Portishead y Pink Floyd”, sonreía Coyne hace unos meses cuando le preguntaban acerca de la colaboración en la que estaban trabajando. Y si bien la comparación es excesiva, la idea ahí estaba: a las melodías accesibles y los beats afilados de los hits que pueden escucharse hoy por las radios, los Flaming Lips le sumaron arreglos espaciales, climas densos y texturas de sintes y guitarras que difícilmente se encuentren en las producciones actuales del pop más vendido.

Es que de los veintitrés temas del disco, doce fueron escritos y producidos por los Flaming Lips y considerados inicialmente para un disco de la banda. Además de ellos, otros productores y colaboradores que participaron en el disco fueron Dave Fridmann (Mercury Rev) y el inclasificable Ariel Pink, mientras que el resto fue producido por Will-Made It y Oren Yoel, quienes ya habían producido los hits del disco anterior de Miley.

No son novedosas pero sí infrecuentes las colaboraciones entre el pop más comercial y bandas o productores con una búsqueda que no necesariamente tiene como meta principal vender discos: está por ejemplo el caso de Nigel Godrich, quien, luego de revolucionar el mundo del rock en 1997 con su producción en “OK Computer” de Radiohead, trabajó con Pavement, Beck y Paul McCartney, sí, pero también con la estrella pop Natalie Imbruglia. Sin ir más lejos, en nuestras tierras fuimos testigos de la colaboración entre Gustavo Cerati y Shakira. Y queda entre las historias míticas del rock aquella junta entre Phil Spector (productor admirado por artistas de la talla de Brian Wilson, John

Lennon o Leonard Cohen) y Los Ramones: luego de que los rockeros se hartaran de los dictatoriales métodos de Spector y se quejaran de que estaban sonando demasiado pop, éste los obligó a punta de revolver a terminar el disco. Finalmente las últimas tomas del disco fueron realizadas por sesionistas y Los Ramones contaron hasta la última de sus entrevistas que aquel disco fue el peor de su carrera (aún cuando es considerado un clásico en su discografía, con gemas como “Rock & Roll Radio” o “Danny Says”).

Pero volviendo a la actualidad, el imprevisto lanzamiento de “Dead Petz” (que puede escucharse de manera gratuita en el sitio web de la cantante) fue anunciado por Miley el pasado 30 de agosto al finalizar la entrega de premios de MTV que ella misma condujo. Luego cerró la ceremonia con la presentación en vivo del primer corte, “Dooo it!”, que interpretó junto a un elenco de drag queens en sugerentes atuendos multicolor que bailaban coreografías con los Flaming Lips tocando de fondo.

Grabado fuera de contrato y sin apoyo monetario de su compañía discográfica RCA, “Dead Petz” es el quinto trabajo de Miley y el primero desde “Bangerz” (2013), el álbum con el que rompió con su imagen aniñada para convertirse en la extravagante provocadora pop que es en estos días. En ese sentido sigue (aunque con menos sutileza en sus modos, lo que es mucho decir) los pasos de Madonna, construyendo su carrera desde la provocación al tiempo que se rodea de productores de vanguardia que eleven la calidad de su música.

Esa fue la búsqueda en “Dead Petz”, pero con todo lo inusuales que canciones como “Fweaky” o “Milky milky milk” puedan llegar a ser para una estrella pop juvenil, la colaboración significa una movida menos arriesgada para Miley que para Coyne y los suyos, que ya han recibido más de una crítica por parte de fans que indignados se alejaron pegando un portazo.

Pero había pistas: Miley ya había sido invitada por los Flaming Lips para poner su voz a dos temas fundamentales en la reversión que la banda hizo del “Sgt. Pepper” de los Beatles, nada menos que “Lucy in the sky with diamonds” y “A day in the life”, todo a la par de una particular amistad que Coyne y Cyrus han afianzado en los últimos tiempos y que ambos se encargaron de hacer notar a través de fotos en sus redes sociales.

“Estuvimos metiéndonos en los mundos del otro”, contó recientemente Coyne en una entrevista, donde agregó: “Cuando no nos vemos nos mandamos mensajes de texto, a veces tres veces por día, a veces mil”. Miley, por su parte, declaró a la Rolling Stone: “Wayne es todo para mí. Estoy 100% enamorada de él y él de mí, pero no es nada de ningún modo sexual”.

Además de un tatuaje que ambos se hicieron recientemente, los dos comparten su gusto por la extravagancia, pero donde Cyrus provoca desde un desenfreno juvenil más cercano al de una rebeldía de colegiala, Coyne es más del tipo de dirigir y protagonizar una película clase B acerca de un Papá Noel verde en Marte (“Christmas on Mars”), sacar discos envueltos en calaveras comestibles de gelatina fosforescente o meterse dentro de una burbuja de plástico transparente y largarse en los recitales a rodar sobre su público.

Por otra parte, desde lo musical ya en 2002 los Flaming Lips habían acercado su mundo al del pop mainstream con una versión de la canción “Can’t get you outta my head” de Kylie Minogue, además de haber grabado recientemente canciones con cantantes invitadas como Erykah Badu o la novata Kesha. Miley, por su lado, había realizado versiones de temas de artistas y agrupaciones como Nirvana (“Smells like teen spirit”, por supuesto), Arctic Monkeys (“Why’d You Only Call Me When You’re High?”), Bob Dylan (“You’re gonna make me lonesome when you go”) o Lana del Rey (“Summertime sadness”, tema que, no está de más comentarlo, también versionó recientemente el mendocino Ludovico Zanettini, quien a través de su proyecto solista Puar grabó uno de los mejores discos del año: “El look de la pelea”).

En suma, si bien “Miley Cyrus and her dead petz” es un disco con el que de algún modo ganan todos (Miley algo de prestigio y los Flaming Lips algo de fama), canciones como “Dooo it!”, “Milky milky milk”, “Fweaky”, “Karen don’t be sad”, “Something about space dude” o “Evil is but a shadow” traen a escena algo cuanto menos diferente para una estrella juvenil y nos permiten disfrutar de un rato de buena música pop. Un rato que hace unos meses habría sido difícil imaginar.

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