1 de noviembre de 2015 - 00:00

Microcaracoles

Entre las especies recién descubiertas de caracoles, diez son tan pequeñas que pueden pasar por el ojo de una aguja.

Con menos de 2,5 centímetros de altura, puede ser difícil detectar a los microcaracoles a simple vista.

Pero András Hunyadi, húngaro aficionado a coleccionar conchas, estaba dispuesto al reto en una expedición reciente por Guangxi, región del sur de China.

Hunyadi se enfocó en suelo rico en piedra caliza, dado que los minúsculos moluscos usan el carbonato de calcio de esta piedra para hacer sus conchas. Juntó cinco muestras y las envió a su amigo Barna Páll Gergely, experto en el árbol genealógico de los caracoles terrestres.

Cerniendo la tierra en busca de especímenes diminutos, Páll Gergely hizo un enorme descubrimiento: siete especies nuevas de microcaracoles que resultaban ser los caracoles terrestres más chicos que se hayan descubierto. “Tan pronto como lo vi, supe que estaba frente a una especie nueva. Independientemente de lo que fueran, nada por el estilo se había informado proveniente de China”, dice Páll Gergelym, cuyo estudio fue publicado en la revista ZooKeys.

Las especies recién descubiertas son tan pequeñas que 10 de ellas pueden entrar por el ojo de una aguja. La más chica, con una “increíble” concha de apenas 0,86 milímetros de longitud, se llama angustopila dominikae, en honor a la esposa de Páll Gergely: Dominika.

Una piedra y un sitio duro
Comparados con los caracoles más grandes, los científicos saben mucho menos sobre los microcaracoles, pese a que son bastante comunes en todo el mundo.

Los microcaracoles se encuentran más frecuentemente en el océano, especialmente en grietas de arrecifes tropicales de coral, pero también viven en la tierra entre piedras y cuevas, donde comen algas y hongos.

Ni siquiera Páll Gergely conocía mucho sobre microcaracoles cuando su amigo le dio las muestras de suelo. “Tuve que empezar de cero”, dice. Por tanto, empezó a buscar en revistas de investigación, así como a consultar con colegas científicos y visitar museos para estudiar sus especímenes.

Para ojos inexpertos, las conchas de las siete especies nuevas parecen casi iguales. No obstante, para un experto como Páll Gergely, las conchas son muy distintas, con varias alturas, anchos, número de vueltas en el remolino del caparazón, forma de la boca de la concha y hasta número, forma y tamaño de los dientes del caracol, que ayudan a proteger su suave cuerpo de los depredadores.

Y dado que los microcaracoles no pueden moverse muy lejos, los científicos saben que dos conchas de aspecto idéntico que no hayan sido encontradas cerca una de otra probablemente son especies diferentes. “Habitan áreas muy chicas, como una sola montaña de piedra caliza”, dice Páll Gergely.

Eike Neubert, experto en caracoles del Museo de Historia Natural de Bern, Suiza, señala que el estudio es bueno y concienzudo.

Neubert destaca que los científicos no encontraron ningún caracol vivo, y que el descubrimiento se hizo exclusivamente sobre la base de las conchas, lo que es una práctica común. Con todo, considera que para aprender más sobre estos caracoles, los científicos deberían respaldar su hallazgo con especímenes vivos, y Páll Gergely está de acuerdo.

Para Neubert, el descubrimiento de siete especies nuevas es importante, aunque no inesperado. “¡Hay tanta vida en una dimensión que la gente ordinaria no ve!”, expresó.

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