La Mendoza soñada por todos y todas

Más inclusión social real, más educación, más salud, más viviendas... ¿Quién puede no estar de acuerdo con los objetivos que ayer Francisco Pérez esbozó para su gobierno? Esa Mendoza es la que venimos pidiendo todos (y todas) desde hace años, a él y a sus antecesores. El problema es qué se hace para lograrlo.

El Gobernador eligió ayer apartarse de la tediosa enumeración de obras mínimas que suelen tener los discursos ante la Asamblea Legislativa y preparó un texto más conceptual, político si se quiere. Buscó una vez más definirse y definir a su gestión, ubicándose en las filas del progresismo en las que gusta incluirse el kirchnerismo, con consignas que suenan bien.

Fue en esa parte de su larga alocución cuando más sólido se escuchó, pero también pareció ir levantando temperatura a medida que avanzaba, como si estuviera respondiendo a cada una de las críticas que escuchó o leyó en los últimos tiempos. La furia interna de Pérez estaba allí, queriendo escapar, y esto se traducía en mayor velocidad y énfasis en la lectura.

Habló de la experiencia piloto en “El Pozo”, tal vez la principal acción social integral de su gestión, aunque por ahora acotada a una comunidad. Ponderó la lucha contra el trabajo infantil, que está lejos de ser ganada. Y, apenas a la pasada, hizo referencia a la política educativa, sin mencionar la decisión de exigir menos para no excluir a quienes se porten mal o falten mucho.

Sí admitió que en Mendoza la pobreza es un problema a solucionar, cuando el Indec dice lo contrario. Aunque, previsiblemente, nunca cuestionó las cifras oficiales. En definitiva, él es un “soldado de Cristina”.

Por eso, cuando se detuvo en el caso Vale cargó las culpas sobre la empresa, sin siquiera insinuar que la inflación, ésa que carcome los bolsillos de los trabajadores mes a mes, también espanta a los inversores.

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