De manera general, el argentino representativo confía más en la capacidad del Estado de gastar bien que en la sagacidad del sector privado. Consideramos progresista a esa manera de pensar. ¿Es así?
De manera general, el argentino representativo confía más en la capacidad del Estado de gastar bien que en la sagacidad del sector privado. Consideramos progresista a esa manera de pensar. ¿Es así?
El gasto en Educación ha alcanzado niveles récord y, aun con cierto rango de desacuerdo, aceptamos que hoy gastamos algo más que en el pasado: desde 6% del PIB en 2009 a 6,3% en 2011. Los países de Europa gastan un promedio de 5% de su PIB, con un rango que va desde 3% hasta 10%.
Entre 2003 y 2010, el total de alumnos en el sistema educativo pasó de 9.359.548 a 9.870.509. Ese crecimiento no se manifestó en la escuela de gestión estatal (su matrícula aumentó en algo más de 66 mil estudiantes) sino en los colegios de gestión privada que recibieron 444.920 estudiantes más en 2010 comparado con 2003. La matrícula total se incrementó en medio millón, pero de ese total 87% se volcó a escuelas privadas.
Como ese hecho demandaba alguna explicación después de tanto alarde de inversión pública, un analista del sistema educativo ofreció una plausible: “Es común que los países que tienen crecimiento económico experimenten una migración hacia la escuela privada”.
¿Por qué las familias eligen escuelas privadas apenas mejora su situación? El comentarista parece asumir un razonamiento de este tipo: cuando nos va bien sustituimos ciertos bienes por otros que nos parecen mejores.
El hallazgo es desconcertante en varios aspectos: ¿si gastamos más en educación pública, por qué la gente elige educación privada? ¿Qué tiene de distintivo que la vuelve más atractiva? ¿Podemos quedarnos con los brazos cruzados?
En primer lugar, gastar más no es progresista. Es bueno, naturalmente, para quienes se benefician directamente de ese mayor gasto. Pero no implica que aseguremos una mejor educación. Obtener buena educación es progresista.
En segundo lugar, ¿por qué los padres eligen escuelas de gestión privada? Las evidencias no son concluyentes, pero los padres parecen elegirlas pensando que son escuelas más ordenadas y previsibles. Es decir, escuelas donde habrá clases de manera habitual.
¿Podemos cruzarnos de brazos? No, no podemos. Primero, gastamos más en escuelas que hacen peor el trabajo de retener los niños, lograr que aprendan y socializarlos efectivamente. Segundo, la educación pública es un punto de referencia para el resto del sistema educativo. Si ellas empeoran, la ecología del sistema empeora. Dejar las cosas como están es al mismo tiempo injusto e ineficiente.
¿Cómo podemos hacer para que las escuelas públicas vuelvan a ser las que esperamos que elijan todos y no solo aquellos padres que no pueden pagar?
Necesitamos rehacer el contrato social educativo. No alcanza con hablar de inclusión o calidad, es necesario establecer metas que vuelvan esas promesas un objetivo alcanzable para nuestras escuelas en la vida real.
Ese nuevo contrato educativo debe aceptar que los actores de la vida escolar tienen muchas cosas para decir pero, al mismo tiempo, que nuestro sistema educativo está pobremente preparado para incluir institucionalmente esas voces.
Necesitamos dotar a la escuela de un marco organizativo donde cada quien sepa qué se espera de cada cual. Un director debe poder formar su equipo, la escuela comprometerse con metas y los buenos docentes saber que serán reconocidos.
Si mejoramos el funcionamiento de nuestras escuelas públicas aumentará la rentabilidad de la inversión que hacemos en ellas. Eso es progresista. De ese modo, obligaremos a todo el mundo a mejorar. No veo que nadie tenga nada que perder y, en cambio, veo que son muchos los que pueden beneficiarse de ese cambio.