La futura esposa del príncipe Harry de Inglaterra, la actriz estadounidense Meghan Markle, aportará aire fresco a la familia real británica, pero ambos tendrán que hacer un esfuerzo de adaptación. Sobre todo Markle, que deberá dejar de lado su activo y sexy Instagram para adaptarse a la vida discreta y guardar grandes secretos de la Casa Real.
La reina Isabel II encabezó las felicitaciones esta semana cuando se anunció que su nieto iba a casarse con la actriz estadounidense de 36 años de edad, feminista, mestiza y divorciada.
Los comentaristas saludaron el enlace como una señal de que la monarquía está a la altura de una Gran Bretaña cada vez más multinacional, étnicamente diverso, estimando que ella supone un soplo de aire fresco para una institución envejecida.
Pero muchos recordaron que la madre de Harry, Diana, fue festejada en términos similares cuando se casó con el heredero al trono, el príncipe Carlos, y esa relación no terminó bien.
“¿Podría Meghan acabar igualmente aplastada o se le dará oxígeno para florecer? Es un examen que la institución no puede permitirse suspender”, escribió un comentarista en el Daily Telegraph.
El mismo cronista sugirió que si Carlos acaba subiendo al trono debería contar con su nuera “como una arma valiosa para abogar por una monarquía del siglo XXI. Que difícil es ahora acusarles de vivir fuera de la realidad”.
Markle ha dicho que está lista para el “siguiente capítulo” después de renunciar a su trabajo en la serie de televisión estadounidense “Suits” para casarse con Harry y mudarse al Reino Unido.
“Creo que está dando un paso muy valiente”, dijo Penny Junor, biógrafa real.
“Está renunciando a la cantidad fantástica de trabajo hecho en todos estos años. No tengo ni idea de si encontrará la vida en la realeza restrictiva, aburrida o repetitiva, porque puede serlo”, estimó Junor.
“Espero que no se sienta cercada y enjaulada”, añadió.
Pero Markle es muy diferente a Diana: es mayor, se casó ya una vez, ha tenido una carrera profesional y viajó por el mundo como representante de la Agencia de las Mujeres de la ONU.
Markle renunciará a su rol en la ONU, pero probablemente continuará con las actividades humanitarias, en línea con la atención que la familia real presta a las obras de caridad.
Su interés por la igualdad de géneros la llevó a veces a terrenos políticos, como cuando describió al presidente estadounidense Donald Trump como “misógino”, antes de que fuera elegido.
En este sentido, tendrá que ser más cuidadosa ahora que es parte de la familia real, a la que sus propios miembros suelen referirse como “La Firma”.
“Si te unes a La Firma, tienes que atenerte a sus reglas. Ahí es donde Diana empezó a ir un poco mal”, dijo Junor.
“Está bien que tenga principios firmes, pero expresarlos públicamente no está exento de riesgos”, escribió un comentarista en el tabloide The Sun.
“Podría encontrarse con el rechazo del público, y potencialmente incluso el de los políticos, si entra en terrenos políticos delicados”, agregó.
La monarquía también ha cambiado desde los días de Diana y su cuñada Sara Ferguson, que también tuvo dificultades cuando se casó con el príncipe Andrés y acabó también divorciándose.
¿Princesa o duquesa?
Ahora que se sabe que habrá una boda real, las conjeturas sobre el título que le será otorgado a Meghan Markle cuando se case con el príncipe Harry comienzan a surgir.
¿Se convertirá en princesa la actriz estadounidense? La respuesta es: más o menos.
Los futuros títulos nobiliarios de Markle dependen de aquellos que le otorgue la reina Isabel II a ella y a Harry en mayo cuando se casen.
Markle no será conocida formalmente como princesa Meghan porque no proviene de una familia real. Pero se convertirá en su alteza real princesa de Gales cuando se case con Harry.
Se conjetura que la reina convertirá a Enrique en duque, como a su hermano Guillermo y a Markle duquesa cuando se casen en el castillo de Windsor.