La polilla deposita los huevos sobre las uvas. Cuando nace la nueva generación -en la forma de gusano-, penetra en la baya y consume parte de la pulpa. Ese es el daño directo.
La polilla deposita los huevos sobre las uvas. Cuando nace la nueva generación -en la forma de gusano-, penetra en la baya y consume parte de la pulpa. Ese es el daño directo.
Pero lo más peligroso es que todas las heridas provocadas en las bayas son puerta de entrada a la podredumbre, la que puede transmitirse a otras bayas sanas y provocar daños muy importantes.
El Ing. Espadas comenta que en Murcia en algunos años de condiciones climáticas adversas y en propiedades donde se hicieron mal los tratamientos, o no fueron realizados, han perdido hasta el 80% de los racimos. Pero aclara que lo “normal” son daños de entre un 5% y un 10% en el caso de vides para vinificar, mientras que “en uvas de mesa la tolerancia es cero”.