Regresar a Mendoza es como volver a casa. Con la felicidad y ansiedad que lo invade, Matías Alejandro Picciano se prepara para un momento muy especial en su vida, tocar por primera vez en el lugar que lo vio crecer.
Regresar a Mendoza es como volver a casa. Con la felicidad y ansiedad que lo invade, Matías Alejandro Picciano se prepara para un momento muy especial en su vida, tocar por primera vez en el lugar que lo vio crecer.
No es mendocino de casualidad, pero toda su infancia hasta los 14 años la vivió entre las calles de esta ciudad del oeste. Con la cordillera de fondo, el joven de 19 años desde pequeño sintió admiración y pasión por el tango y hoy es el bandoneonista del conjunto Mariel Martínez y la porteña tango trío, integrado por la cantante Mariel Martínez, su padre Alejandro Picciano y el pianista Federico Peuvrel, quienes desarrollan su carrera en Madrid.
Extrovertido, inquieto y con un ángel particular, el mismo que distingue a los artistas, Matías dio sus primeros pasos en la música junto a su padre, quien es el actual guitarrista de la banda. La viola, el piano hasta llegar al bandoneón fueron parte de su enseñanza para volcarse de lleno al género que le despierta admiración, el tango.
“Siempre estudié música, mi papá tocaba la guitarra, y comenzó a acompañando a Mariel cuando era chico, entonces ahí ya tenía la puerta al tengo. Ellos estaban en España y yo me quería ir con ellos. Además en Mendoza estudié guitarra con Nazareno Altamirano, que es tanguero a morir, y desde chico uno tiene siempre influencias de otras músicas, pero él me llevo por ese camino. A su vez empecé a bailar tango”, cuenta Matías sobre sus primeros pasos en la música ciudadana que terminó por darle forma cuando se mudó a los 14 años a Buenos Aires.
Allí, empapado por la atmósfera nostálgica y mágica del tango, por consejo de su papá comenzó a estudiar bandoneón y desde ese momento no lo abandonó. Años de estudio y un talento innato fue la puerta para que finalmente tocara de manera profesional.
-¿Cuándo te fuiste a España para tocar con Mariel y tu papá?
-Me fui a España cuando cumplí 18 a vivir con mi papá. El bandoneón lo tuve a los 16 y como siempre los veía a ellos, yo quería entrar en la banda. Cuando llegué, me empecé a meter en el grupo, y cuando mi papá me dio el primer tema para tocarlo yo lo saqué con una emoción, y mucha velocidad. Mi ensamble se dio fácil y natural en el grupo... somos una familia.
-Tenés intrínseco una facilidad para la música. Dentro del tango ¿que artistas seguís?
-El tango es muy amplio, y como todo cuando más sabes, te das cuenta que sabes menos. Hay cosas que no me gustan. Pero en cuanto autores me gustan todos, el que no me gusta es el cantor Alberto Castillo. Y como bandoneonista también, mi preferido es Leopoldo Federico, es un monstruo de otro planeta.
Dueño de una gran personalidad y carisma, su visión y gustos artísticos pueden resultar extraños para el resto de los jóvenes de su edad. Mientras otros chicos descubren el rock o se dejan llevar por las bandas de moda, Matías pasa sus días escuchando a Francisco Canaro, Miguel Caló o Aníbal Troilo.
Pero lejos de los complejos, él sigue su instinto y le hace frente a todo. Desde que conforma la banda tuvo la oportunidad de presentarse en teatros de toda Europa, Rusia y Buenos Aires. Y sin tapujos demostró con orgullo y el pecho inflado de satisfacción, el trabajo comprometido del conjunto y el frenesí que en él despierta el 2x4.
-¿Cómo fue para vos actuar en España?
-Es tremendo. Lo que nos identifica, ¡y me saco la camiseta!, que allá los grupos de tango no existen. Siempre hay músicos que se juntan y se ponen a tocar los mismos tangos de siempre con partituras. Es como tocar música clásica. Y nosotros no tenemos partituras, sabemos todo entre todos. Se genera una confianza y destreza en el escenario que el público se da cuenta. Cuando terminamos de tocar, el público nos felicita, y yo no se qué decir, me pongo colorado (ríe).
-¿Sos un poco personaje entre los chicos de tu edad?
-Para los de acá siempre fui un poco loquito. Igual yo les ponía todas las puertas para que conocieran el tango y muchos caían. Las mujeres siempre caen en el tango (ríe pícaro). No me siento bicho raro, a lo mejor los demás son raros y yo no (ríe a carcajadas).
-¿Seguís bailando?
-No bailo tanto como antes. En Madrid es otro punto de vista, la movida del tango es más reducida. Salgo con dos o tres profesores de tango que siempre mueven a los bailarines, entonces si vas a un evento de tango gratis en Madrid, se llena.
-¿Te seguís formando?
-Ya con mi papá aprendo bastante de música, lo del bandoneón sale con los ensayos y la práctica.
-¿Qué expectativas más allá del grupo tenés para tu carrera?
-Para mí lo más lindo sería componer. Que salgan tangos como antes, con compositores que son unos monstruos, y los hacían como nada. Es una genialidad, eso sería lo ideal.
La ficha
Mariel Martínez con la porteña tango trío.
Con: Mariel Martínez (voz), Alejandro Picciano (guitarra), Matías Picciano (bandoneón) y Federico Peuvrel (piano).
Día y hora: hoy a las 21.30.
Lugar: en el Espacio Cultural Julio Le Parc (Mitre y Godoy Cruz, Guaymallén).
Entrada: $20, en boletería del espacio y el Ministerio de Cultura.