Mirando hacia atrás, es mucho lo que se ha mejorado en los últimos 10 años de la actividad caprina en diferentes niveles en Mendoza. Igualmente todavía tenemos mucho para avanzar, crecer y consolidar de manera que los cambios que se vayan obteniendo sean duraderos y permanentes.
Así todavía existen materias pendientes. A mi entender, debemos trabajar mucho más en capacitación integral del productor y sobre todo de los jóvenes rurales que son quienes continuarán con esta actividad tan noble que hace patria, da sustento y origina verdadera riqueza en los lugares más recónditos de nuestro territorio provincial. Si ellos no continúan el trabajo de sus padres, probablemente pasarán a engrosar los índices de desocupación y difícilmente podamos gozar en el futuro de genuinos productos del campo.
En los últimos años ha crecido el nivel organizacional de los pequeños productores ganaderos, fomentando uniones vecinales, asociaciones y consolidando cooperativas, etcétera. Es importante apoyarlas y mantenerlas en el tiempo de manera que logren continuidad y permanencia.
Otro tema crucial y foco de nuestro trabajo actual es la mejora en la comercialización de carnes y productos lácteos de gran valor alimenticio, como también de los cueros, los que hasta hace muy poco se perdían en el campo por falta de valor. Día a día se hace cada vez más necesario que el productor se involucre y participe en las estrategias y decisiones de su producto frente al consumidor.
Productores y técnicos del sector debemos aunar esfuerzos y creatividad en el cuidado y mantención de los recursos forrajeros, base y sustento principal del sistema de producción, de manera de lograr la tan ansiada sustentabilidad productiva y ambiental. No hay que olvidar que el 95% de nuestro sistema productivo caprino se asienta en campos que sólo viven del agua de lluvia.