La derrota del Cruzado bajo la lupa: el dolor de ya no ser...

Primera Nacional. Deportivo Maipú quedó a las puertas del ascenso. Cayó por la mínima diferencia ante Deportivo Riestra, que jugará la próxima temporada en la máxima categoría. Pésimo arbitraje de Herrera.

¡Histórico! Riestra venció a Maipú, logró el ascenso y jugará la Liga Profesional en 2024. (Facundo Luque / La Voz)
¡Histórico! Riestra venció a Maipú, logró el ascenso y jugará la Liga Profesional en 2024. (Facundo Luque / La Voz)

Nada para reprocharse. Lo dejo todo. Esta vez, cómo en tantas anteriores, no apareció el Deportivo Maipú de los milagros. No pudo ser. El Cruzado no pudo revertir la historia como en otras tantas tardes lo hizo y terminó perdiendo la final frente a Deportivo Riestra, que logró el ascenso a la Liga Profesional 2024.

Fue tan solo un gol la diferencia. Y lo anotó Gustavo Fernández, a los 15 minutos del complemento. De allí en más el Botellero fue al frente. Lo peleó y no encontró resultados. Y terminó sufriendo ante un rival que hizo a la perfección su trabajo, anulando las pocas intenciones que tuvo el Cruzado. De a ratos padeció los errores propios, en otros fueron las virtudes del rival y también los arbitrajes. Sin embargo, que no suene a excusas. El partido más importante de su rica historia futbolera se le escurrió como agua entre los dedos. Y no hubo forma de cambiar la historia.

¡Histórico! Riestra venció a Maipú, logró el ascenso y jugará la Liga Profesional en 2024. (Facundo Luque / La Voz)
¡Histórico! Riestra venció a Maipú, logró el ascenso y jugará la Liga Profesional en 2024. (Facundo Luque / La Voz)

Este 2023 quedará estampado en la memoria colectiva del fútbol mendocino, porque por primera vez en su historia tuvo a dos equipos de la provincia en finales directas por el ascenso a la máxima categoría. Uno lo consiguió. Mientras, Deportivo Maipú quedó a las puertas de un logro que hubiera sido histórico. Le sobraron merecimientos al Cruzado. Tal como a Independiente Rivadavia. Sin embargo, será tiempo de barajar y dar de nuevo.

Esta locura llamada fútbol consiguió una vez más lo impensado: más de 10 mil almas cruzadas invadiendo la provincia de Córdoba.

Segunda final por el ascenso entre Deportivo Maipú y Deportivo Riestra en cancha de Instituto de Córdoba.  (Facundo Luque / La Voz)
Segunda final por el ascenso entre Deportivo Maipú y Deportivo Riestra en cancha de Instituto de Córdoba. (Facundo Luque / La Voz)

Fue una final que tuvo de todo: emociones, angustias, polémicas por doquier y un Deportivo Maipú que peleó hasta el segundo final. Sobró coraje, pero no fue suficiente.

Esta vez no fue suficiente la desfachatez del Mágico González. La esencia pura de potrero llegó en cuentagotas y se vieron apenas algunos destellos.

El la calurosa tarde cordobesa, el elenco mendocino no consiguió su mejor versión y lo terminó pagando con una derrota que duele más que cualquier otra.

Maipú vs. Riestra, la gran final del Reducido de la Primera Nacional. / Gentileza: Prensa CDM.
Maipú vs. Riestra, la gran final del Reducido de la Primera Nacional. / Gentileza: Prensa CDM.

Fue tan solo un instante. El balón caprichoso rumbo al fondo del arco, en cámara lenta, el festejo de Fernández que iniciaba el delirio blanquinegro y un Juan Pablo Cozzani vencido, con la mirada intentando evitar lo inevitable.

Fue un largo camino para el Botellero. Con el de ayer, sumó 40 partidos en la temporada, donde el equipo mendocino representó el fiel paladar del hincha: pelota al piso, juego asociado y siempre al frente, como mandan las leyes no escritas de este hermoso deporte.

El recorrido en la categoría inició en 2020, con Luciano Theiler como capitán de un barco que recuperó su lugar en el segundo escalón del fútbol nacional, tras 29 años. Desde entonces pasaron otros entrenadores. Sin embargo, este presente tiene nombre y apellido: Luis García. El responsable absoluto de una evolución que merecía otro final.

“Siempre quise dirigir en la Primera Nacional; siempre he tenido el sueño. Vengo aprender pero también vengo a soñar”, decía el DT. Así, bajo esa consigna, fue tomando forma una historia que quedará entre las más importantes de la entidad de calle Vergara.

Sin embargo, esta vez no hubo lágrimas de emoción. Todo fue tristeza y desazón. Hubo abrazos, claro. De consuelo. Sinceros. De esos que empiezan a curar heridas e invitan a recuperar el temple, la esperanza y el deseo de volver a intentarlo. Allí quizás radique la clave de este plantel: la valentía de querer ser.

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