Martín Benito. Entrevista a un joven emprendedor mendocino

ClubHouse te invita a conocer la historia de este joven economista y empresario, cuya labor es generadora de un impacto social positivo.

Martín Benito. Entrevista a un joven emprendedor mendocino

Es economista y empresario. Hace cinco años fundó Biosano, con la intención de poner su derrotero como economista en un proyecto que generara un impacto social positivo. Lo logró: su empresa elabora productos 100% biodegradables. Por esta labor acaba de ser distinguido como Joven Empresario Mendocino 2016, por la Federación Económica de Mendoza (FEM); galardón que vuelve a indicarle que va "por buen camino". Así lo expresa en esta nota, en donde, además, nos deja conocer su derrotero y la forma en que entiende el emprendedurismo.

Martín Benito (33) es de los tipos que no se da por vencido fácilmente. Dice, es "un cabeza dura". Lo fue el día en que un profesor de la facultad de Ciencias Económicas de la UNCuyo derribó de un plumazo sus intenciones de ser economista. Desoyendo el consejo, cursó la licenciatura en Economía en la Universidad Nacional de Cuyo y se recibió.

Con la misma terquedad aplicó a una beca y despegó hacia Italia para realizar sus estudios de posgrado en Negocios Digitales y materializar su principal anhelo: asumir un puesto gerencial en una empresa. Lo logró, el muy obstinado. "Pero siempre digo que ese fue uno de mis primeros fracasos", acota, y el comentario conjura una carcajada.

Prestando oídos a las inquietudes que lo agitaban (¿cómo aportar algo?), Martín renunció a su cargo y volvió a Mendoza. Aquí, testarudo en resignificar su perfil personal, comenzó a incursionar en el emprendedurismo, en donde descubrió que “con pequeñas acciones, una empresa puede generar un gran impacto social”.

Cinco años atrás fundó Biosano, su empresa, junto a sus socios Cristian Marlia y Matías Villafañe, ambos estudiantes avanzados de Ingeniería Química,con la intención de elaborar productos 100% biodegradables que fueran aplicados en la industria del petróleo. Por esta labor acaba de ser distinguido como Joven Empresario Mendocino 2016, por la Federación Económica de Mendoza (FEM) y la Cámara de Jóvenes Empresarios y Emprendedores de Mendoza.

Nosotros lo entrevistaremos en su oficina ubicada en la calle San Lorenzo, de Ciudad. Nos sentaremos alrededor de una mesa, "la mesa grande de trabajo", para desandar, en fragmentos, su recorrido personal y profesional; y también para esbozar conceptos referidos al emprendedurismo. Martín será claro en conceptos, una virtud que asociaremos a su rol docente –es profesor de la cátedra de Emprendedurismo que se dicta en su facultad.

- ¿Te perfilabas desde la infancia? Digo, ¿te preocupaba la ecología, por ejemplo?

- De chico no era consciente de la ecología, del impacto, y de que uno podía generar algo pero con sí lo fui viendo con el correr de los años. Recuerdo una anécdota interesante relacionada con mi perfil profesional: cuando estaba en el secundario, le comenté a un profesor de la facultad que quería estudiar Economía y me dijo: "No, nene, nunca te vas a recibir de economista". Sin embargo, por cabeza dura, y porque entonces algo tenía en claro, estudié igual y logré recibirme.

Esto es parte del emprendedurismo; porque podrán decirte "esto no podés hacerlo" pero si estás convencido, las cosas surgen. Obviamente que eso significa mucho trabajo y a la vez que hay que tener focalizado hacia dónde ir.

- ¿Y por qué aquel profesor consideró que no tenías aptitudes para la economía?

- Era un amigo de mis padres y sabía que yo venía del Colegio Martín Zapata y que tenía un perfil más bien social. Cuando ingresé a la facultad, me di cuenta de que no sólo era el titular de una de las materias más difíciles sino, además, uno de los profesores más temidos. Pero eso, al final, no fue un problema.

- Vaya paradoja porque, desde la concepción aristotélica, la economía es una ciencia social.

- Claro, con avances matemáticos, la economía pretende describir aspectos sociales. Pero la licenciatura tiene mucho de matemático y muy poco de social.

Martín Benito es licenciado en Economía de la UNCuyo y tiene un posgrado en Negocios Digitales (Politécnico Victorino, Italia).

En 2012 fundó Biosano, junto a Cristian Marlia (estudiante avanzado de Ingeniería Química y Técnico superior en Procesos, Técnico Químico Industrial, Técnico en petróleos) y Matías Villafañe (estudiante avanzado de Ingeniería Química, Técnico Químico Universitario y ayudante Becario de la Cátedra de Fenómenos de Transporte).

Entre las distinciones recibidas se destacan el premio Naves (2015) que entrega la IAE, escuela de negocios de la Universidad Austral, que la señaló como la "empresa naciente más importante del país"; el premio a Mejor plan de negocios Argentina 2016, en un concurso de la JCI Argentina -red mundial de jóvenes ciudadanos activos- y el premio Joven Empresario Mendocino 2016, que entrega, anualmente, por la Federación Económica de Mendoza y la Cámara de Jóvenes Empresarios y Emprendedores de Mendoza.

- El emprendedurismo, en general, y Biosano, en particular, tiene un fuerte componente social. ¿Cómo llegás o por qué elegiste este territorio de acción profesional ?

- Venía de trabajar en una multinacional, en un proyecto de alcance mundial y, sinceramente, noté demasiada frialdad; era un lugar en el cual sentía que no estaba generando nada. Por este motivo decidí volver a Mendoza, me replanteé qué quería para mi vida y comencé a incursionar en el emprendedurismo, que era un espacio desde el cual sí podía aportar. A partir de ahí comencé a conocer casos de gente que no sólo estaba generando un emprendimiento con fines de lucro sino que, además, generaban beneficios sociales. Con pequeñas acciones, una empresa puede generar un gran impacto.

Dentro de las ideas que Martín comenzó a barajar junto a sus socios, surgió Biosano. "Más allá de que sabíamos que podía ser una oportunidad de negocios, nos interesó por el impacto social que podíamos generar a partir de la elaboración de un producto", explica Martín.

El primer paso fue acercarse al Departamento de Ingeniería Química de la Universidad Tecnológica Nacional, Regional Mendoza. Allí realizaron los primeros testeos, y luego llegó el período de validaciones técnicas en laboratorio y en campo –una instancia fundamental que es alcanzada por contados emprendimientos. "Fuimos a un yacimiento para comprobar si nuestro producto funcionaba y si su rendimiento era mejor que los productos que actualmente se utilizan", detalla. La prueba en campo, significó un punto de inflexión para la empresa: no solo porque obtuvo su primer cliente sino también por la valoración social que adquirió tras cumplir la hazaña de trascender el ámbito de los 'papers'. "A partir de ese momento dejamos de ser tres chicos con una idea loca para convertirnos en tres emprendedores que generábamos tracción y que funcionaba en la industria".

Poco tiempo después, Biosano se asoció con un grupo empresario. Martín explica con claridad y ritmo pausado: "La industria del petróleo es capital intensivo; son volúmenes muy grandes. Para graficar: se requieren grandes capitales para una orden de compra. Para ello cerramos un acuerdo de inversión con un grupo inversor mendocino que además de entregarnos el capital necesario para la compra de insumos y la producción nos está brindando una experiencia empresarial muy importante".

Hubo un momento en la historia de la empresa, sin embargo, en que el economista y sus socios pensaron en poner su energía y experiencia en otro modelo de negocios: "una peluquería", especifica él.

-¿Una peluquería?, preguntamos y otra vez reímos.

-Sí, hubo una época en la que se dio la particularidad de que todos los lunes nos despertábamos con una mala noticia, algo que nos generaba pérdidas económicas. Fue entonces cuando pensamos en cambiar el modelo de negocios: poner una peluquería, en la que solo trabajáramos de martes a sábados. Así sortearíamos los lunes (risas).

-¿Un emprendedor es o se hace?

-Soy de los que cree que uno no nace emprendedor sino que hay comportamientos que uno puede ir aprendiendo. Lo más importante es tener constancia; no bajar los brazos. Cuando emprendés un proyecto son más las puertas cerradas y las negativas que encontrás, que las satisfacciones. Hay que estar preparados para los palos en el camino. Creo que la clave para salir adelante está en poner empeño y demostrar que lo que uno hace está bueno.

"SOY DE LOS QUE CREE QUE UNO NO NACE EMPRENDEDOR SINO QUE HAY COMPORTAMIENTOS QUE UNO PUEDE IR APRENDIENDO. LO MÁS IMPORTANTE ES TENER CONSTANCIA; NO BAJAR LOS BRAZOS"

- Desde tu experiencia, ¿de qué hablamos cuando hablamos de emprendedurismo en Mendoza? ¿Se expande?

- Cada vez se tiene mayor conciencia del impacto que se puede generar. El Ministerio de Economía de la provincia toma al sector como parte importante; las universidades también. Tanto desde los organismos públicos como privados se está generando un ecosistema que permite que los emprendimientos no fracasen. Es fundamental, para el éxito de un emprendimiento, tener asesoramiento y acompañamiento en los estadios iniciales. Se está trabajando bien y a la vez haciendo buenas cosas.

- ¿Hay proyectos similares a Biosano?

- Hay proyectos en estadios mucho más avanzados que nuestra empresa tales como Energe (calefones solares), Xinca (ecoshoes), Eventioz (o Eventbrite, organización de eventos y venta de tickets online). De hecho, hay un concepto empresarial que es “Empresas B” que apunta a relevar cuáles son las mejores firmas para el mundo. Las mismas deben tener un alto componente social, ambiental y a la vez tener rentabilidad. Hay muchas empresas que comienzan a formarse con estos criterios como base, es decir con un pensamiento más abierto y no una búsqueda insaciable de rentabilidad.

Editora de entrevista: licenciada Mariela Encina Lanús / Fotografía: Luis Guiñazú / Producción y Contenidos: revista ClubHouse, mayo 2017.

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