Pareciera un contrasentido. La naturaleza aportó los aspectos positivos, con una cosecha acotada que no generará sobre stocks, lo que podría influir sobre los precios, mientras la calidad es superlativa para los vinos de media y alta gama. Sin embargo, pese a esa situación, el runrún de los cafés demuestra que hay malestar en todos los sectores de la industria, desde los productores hasta los bodegueros, especialmente los chicos y medianos que están corriendo el riesgo de salir del mercado.
Ello está generando también una fuerte discusión y mientras hay algunos que quieren salir a romper la relación con el gobierno, otros intentan poner paños fríos en la intención de encontrar soluciones a través del diálogo. Aunque también a estos últimos se les están limando las esperanzas.
"La industria vitivinícola hizo bien los deberes", sintetizó un bodeguero importante, destacando que "comenzamos mejorando la calidad para después salir a ganar mercados. Los números son más que evidentes. Entre 2003 y 2008 el crecimiento de las exportaciones de vinos fraccionados fue del 20% anual. En 2009 y 2010 el aumento se redujo al 10%por año; en 2011 cayó un 3% y en 2012 hubo un 4% de caída, todo como consecuencia de la pérdida de competitividad, por el aumento de los costos internos y porque el aumento en el precio del dólar fue muy inferior a la inflación.
"De esta manera estamos perdiendo góndolas en los mercados internacionales y resultará muy difícil recuperarlas", dijo. Agregó entonces que el sector que se ha visto más castigado fue el que genera mayor valor agregado, pero aclaró luego que ahora comienza a verse afectado también el a granel, con lo que la ecuación respecto de las exportaciones es complicada.
Respecto de este último esquema, el de los vinos a granel, el bodeguero señaló que a los problemas de falta de competitividad generados por el dólar desfasado, los porcentajes de retenciones por exportaciones o las demoras en la devolución del IVA por parte del Gobierno nacional, deben sumarse otros aspectos como es el hecho de que los viñedos mendocinos producen entre 120 y 150 quintales por hectárea y deben competir con los chilenos que cuentan con una producción de 300 quintales por hectárea o con los vinos españoles, que han reducido sus precios como consecuencia de los problemas económicos que afectan a ese país y a los subsidios que, aún con los inconvenientes, siguen percibiendo.
En relación al mercado interno tampoco fue optimista. "Nos congelan los precios en las góndolas y en los próximos seis meses vamos a jugar a que no tenemos inflación. Pero andá a decirles a los proveedores que no te aumenten o a los obreros de viñas y bodegas que no cobren el 25% que acordamos en paritarias. Las bodegas chicas y medianas han dejado de exportar por problemas de competitividad y derivaron sus vinos al mercado interno que también está complicado".
Aseguró entonces que "en su momento pusimos las fichas en exportar todo, desde uva en fresco pasando por las pasas, el mosto, el vino a granel y el embotellado. Pero resulta que nos cambiaron las reglas de juego y las perspectivas no son para nada favorables. Si no hicieron nada para mejorar las exportaciones de carnes, ¿qué podemos esperar nosotros los del vino?", se preguntó.
La gente del Este también está inquieta y así lo ha hecho saber a través de dos documentos en los últimos días. En el primero asegura que la caída en las exportaciones de los vinos a granel responde también a la falta de existencias suficientes de vino y en el caso del mosto porque nos encontramos en el momento de elaboración del producto. Pero ha salido a criticar la forma en que se distribuye el incentivo a las exportaciones para evadir la obligación de derivar uvas a mosto.
"De todos modos -aclaró un dirigente del sector- se está dando una contradicción. No hay problemas de stocks, ya que estamos muy acotados; el mercado interno está estabilizado, donde ha influido la caída en el consumo de la cerveza que aumentó sus precios y las posibilidades de exportación de graneles y mosto es importante. Pero el problema es la inflación, que da vuelta la ecuación y nos hace perder competitividad". Aseguró que resultará muy difícil que la situación cambie porque "no sólo no nos dan soluciones, sino que ni siquiera nos responden cuando pedimos alguna audiencia con un funcionario nacional".
Las cooperativas vitivinícolas coinciden con los aspectos planteados, mientras los productores del Valle de Uco y del Sur reclaman soluciones, aún a sabiendas de que resultará muy difícil obtenerlas. "Nos ofrecen precios por las uvas más bajos que los del año pasado o, de lo contrario, que elaboremos vinos por cuenta de terceros y nosotros no sabemos cómo actuar en ese esquema, ya que siempre nos movimos con el mercado de uvas", dicen, indicando que están comenzando a correr riesgos las fuentes de trabajo.
Frente a ese esquema, hay sectores que señalan que es necesario priorizar el diálogo porque un enfrentamiento en las relaciones con el Gobierno nacional "resultaría negativo".
"Si hubiera venido la mesa de enlace, a pesar de que tiene un contenido político y una visión de la Pampa Húmeda, muchos se habrían prendido", dijo un dirigente, señalando entonces que "hay una discusión fuerte en los sectores y esperemos que todo se encarrile por los canales correctos, porque de lo contrario la industria va a seguir perdiendo. Además, muchos tratan de contener a su propia tropa endureciendo el discurso. No hay un futuro caótico, pero existe una sensación térmica, muy ligada a la exportación que está buscando un discurso opositor. Será más fácil llegar a soluciones a través de medidas especiales que a un cambio en la política económica nacional, por más que el discurso opositor sea más simpático", afirma.
Todos, inclusive los más molestos, coinciden en señalar que las posibles soluciones no parten del Gobierno provincial, sino que son resorte del Ministerio de Economía de la Nación. "El Gobierno local hace todo lo posible, pero a los funcionarios mendocinos tampoco los escuchan", dicen, agregando que en la discusión nacional Mendoza está quedando más sola en razón de que San Juan tiene prácticamente solucionado sus problemas por la gran derivación de uvas a mosto.
A 15 días de la finalización de de la cosecha y a 45 de la liberación de los vinos nuevos, el humor en el seno de la industria vitivinícola no es el mejor. Todos piden modificaciones en la política nacional pero también hay unanimidad en señalar que difícilmente surjan respuestas positivas.