22 de noviembre de 2013 - 22:54

El malbec: viticultura del siglo XXI

El autor hace un recorrido concreto por la población genética de la cepa emblema. Considera que es necesario dar un paso adelante en el reconocimiento de diversos terruños en nuestros vinos.

Con la reconversión de los años 90 introducimos la tecnología de riego, los portainjertos americanos y el material clonal disponible que nos ha permitido tener excelentes viñedos y mejor aún en tierras o terruños en el pedemonte imposibles de cultivar con los sistemas tradicionales de riego por gravedad.

El beneficio del uso de los portainjertos y del material clonal, muy evidente en variedades como chardonnay, sauvignon blanc, pinot noir, cabernet franc, merlot e incluso cabernet sauvignon, no lo fue para malbec. Si bien Pierre Galet menciona ya en su tratado de 1988 más de 12 clones seleccionados de esta variedad, cuando importamos los reconocidos como más cualitativos, como por ejemplo el clon 46, no se comportaron como tal.

En nuestro clima soleado, templado y más seco, todos estos clones han demostrado una productividad muy importante que ha hecho que los productores los reconozcan por su sinónimo de Cot para diferenciarlos de los malbec locales, menos productivos en general pero de mucha mejor calidad enológica.

La población de malbec local no sólo es grande en superficie, sino también vasta es su variabilidad. Sería entonces más correcto hablar de una población genética. Los productores locales sabemos que existen selecciones masales reconocidas por su calidad. Así se reconocen algunas pertenecientes a empresas, lugares, como la de Perdriel o Vistalba, entre otras. Algunas empresas desarrollaron su propia selección, llegando incluso a obtener “clones”.

Aquí también pudimos separar algunos fenotipos reconocidos antiguamente en Francia como aquellos de pecíolo rojo o “queue rouge”. Si bien en el malbec se observa dimorfismo foliar con hojas más lobadas y enteras en la misma planta, también podemos reconocer como en pinot noir que las plantas de hojas más lobadas y más decumbentes son más cualitativas que las de hojas enteras y porte erecto.

Si existe un lugar para llevar adelante una selección clonal de esta variedad ese debe ser Mendoza, pues cuenta con la población más grande y por ende la riqueza y variabilidad genética necesaria y más rica. De esta forma, y desde hace unos años, el INTA ha llevado adelante un trabajo de selección clonal y sanitaria. Como resultado se han obtenido cuatro clones que se han entregado a unos ocho viveros para su propagación.

La selección requiere una etapa de prospección, en la que se realiza una observación a campo de los individuos que se destacan por características singulares y no presentan síntomas de enfermedades. Una etapa de selección sanitaria, basada en la detección de virus (Test de Elisa) y una tercera etapa de selección agronómica, en la que se elige en base a la productividad, calidad de la producción, cantidad de azúcar, intensidad colorante, características organolépticas como aromas, concentración o cuerpo, etc. Todos fueron comparados con el clon francés INRA 598.

Dos clones se destacan por sus aromas y son de productividad media a alta. Mb12 INTA y Mb09 INTA y dos por su intensidad de color y matiz violeta Mb18 INTA y Mb19 INTA. Estos son los clones llamados “etiqueta azul” por el vivero local Mercier. Este también tiene su selección propia y por el momento un solo clon a la venta bajo la denominación Malbec 713.

El futuro

Si bien ya contamos con los primeros clones seleccionados, quienes se dedican a ello saben que esta es una tarea que debe continuar, pues se irán consiguiendo individuos aún más interesantes que requieran su selección o los atributos buscados irán cambiando. Otros cultivares también han sido y son objeto de selección como syrah, torrontés riojano, bonarda, tempranillo, etc. El trabajo de selección vegetal no sólo fue muy importante sino que con el paso del tiempo nos vamos dando cuenta que lo es más aún.

El mantenimiento de las colecciones ampelográficas se hace más importante, pues el mantenimiento de muchas de ellas es nuestra responsabilidad y hoy sabemos lo que significa contar con esa riqueza de genes. Muchas variedades criollas han desaparecido o casi y deberíamos recuperarlas, tal vez no para su cultivo, pero sí como fuente de variabilidad genética.

El terruño

El vino es ciertamente la bebida más ligada a su origen. El terruño del que proviene tiene tal influencia, marcando su impronta de tal manera que resulta imposible abstraerse de él.

Para referirme al terruño haré uso de algo que escribimos cuando realizamos los fundamentos para la creación de la Denominación de Origen de Luján de Cuyo.

El hecho de que la interacción entre suelo, clima y planta, junto a factores humanos ligados a la producción, den como resultado un vino determinado es, sin dudas, conocido desde hace varios siglos. Es así como en 1600 Olivier des Serres escribió: “El aire, la tierra y la planta son el fundamento del viñedo. De su conjunción depende el buen vino de larga guarda”. Asimismo, más adelante dice: “El clima y el lugar dan el gusto y la fuerza al vino según sus propiedades. Por lo tanto, una misma planta de vid, puesta en diversos sitios, producirá tantos vinos diferentes como emplazamientos le sean dados”.

Un siglo y medio más tarde nació la Denominación de Origen de Porto. Más precisamente el 10 de setiembre de 1756, cuando se creó la Compañía General de Agricultura de los Viñedos del Alto Douro, la que estaba encargada de mantener la disciplina de la producción y el comercio.

En 1958 se llevó a cabo en Lisboa un acuerdo concerniente a la protección de las Denominaciones de Origen y su registro internacional.

En ese acuerdo se definió la Denominación de Origen como: “Se entiende por Denominación de Origen, la denominación geográfica de un país, de una región o de una localidad, sirviendo para designar un producto que le es originario y cuya calidad o caracteres son debidos exclusiva o esencialmente al medio geográfico comprendiendo los factores naturales y los factores humanos”.

Ya en 1947 la Organización Internacional de la Viña y el Vino había realizado una definición que si bien es semejante a la anterior, introduce el concepto de que un vino o aguardiente sólo puede acceder a la Denominación de Origen si es consagrado por los usos y de renombre constatado.

Si bien pudimos sostener y demostrar en aquel momento que Luján de Cuyo era reconocido por sus vinos de malbec, cierto sin dudas en nuestro país, creo nos adelantamos un poco, pues en aquel momento aún no lo era internacionalmente.

Esta larga introducción tiene por objeto poner en valor el terruño y también fundamentar mi objetivo de comenzar a comunicar y valorizar nuestros terruños con las Indicaciones Geográficas.

Si bien contamos con estudios climáticos y de suelos de muchas regiones vitícolas del país, será importante actualizarlas y unificar los criterios y elementos de estudio. Desde Vinos de Argentina nos hemos propuesto realizar un examen pormenorizado que incluya todas las regiones, y hemos comenzado con las primeras etapas.

Argentina ha comenzado a reconocerse por sus vinos y dentro de ellos el malbec es nuestra insignia. Nuevos cepajes comienzan a ser reconocidos y ahora debemos hacer conocer nuestros terruños. Este es el gran desafío que tenemos.

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