Desde la llegada del despertar árabe, Estados Unidos ha estado buscando formas de conectarse con los jóvenes árabes que encabezaron las revoluciones; 60% del mundo árabe es menor de 25 años.
Desde la llegada del despertar árabe, Estados Unidos ha estado buscando formas de conectarse con los jóvenes árabes que encabezaron las revoluciones; 60% del mundo árabe es menor de 25 años.
Si de mí dependiera, pondría a Arne Duncan, el secretario de Educación, a cargo de la política estadounidense en el mundo árabe-musulmán. Debido a que necesitamos eliminar gradualmente el negocio de la Guerra Fría de venta de armas allá para mantener a “caudillos” de nuestra parte y en el poder, y necesitamos meternos al negocio de patrocinar una “carrera a la cima” en el mundo árabe-musulmán que, más bien, pueda contribuir a darles poder a instituciones y personas fuertes, quienes voluntariamente querrían estar de nuestro lado.
Vean las verdaderas tendencias en la región. En Irak y Afganistán, con tristeza, la autocracia no ha sido reemplazada con democracia, sino con “cleptocracia electiva”. Cleptocracia electiva es lo que obtienes cuando reemplazas a una autocracia con un gobierno electo antes de que haya instituciones que rindan cuentas y transparencia, mientras gigantescas pilas de dinero te hacen señas; en Irak, gracias a las exportaciones de petróleo, y en Afganistán gracias a la ayuda exterior.
En el ínterin, en Túnez, Yemen, Egipto, Irak y Libia hemos visto el colapso de los “Estados del mujabarat” -mujabarat es la palabra en árabe para los servicios de seguridad interna- pero aún no el ascenso de democracias efectivas, con sus propios órganos de seguridad gobernados por el estado de derecho. Como vimos en Libia, esta brecha está creando oportunidades para yihadistas.
Según lo expresó el ex analista de la CIA Bruce Riedel en un reciente ensayo en el The Daily Beast: “Los viejos estados policiales, conocidos como estados mujabarat en árabe, eran dictaduras autoritarias que gobernaban a su pueblo arbitrariamente y mal.
Pero eran buenos para combatir el terrorismo. Estos nuevos gobiernos están intentando hacer algo que el mundo árabe nunca antes ha hecho: crear estructuras en las que se aplique el estado de derecho y la policía secreta sea responsable ante funcionarios electos. Eso es pedir mucho, particularmente cuando los terroristas están intentando crear caos”.
Al mismo tiempo, la guerra civil entre musulmanes sunitas, encabezados por los sauditas, y musulmanes chiitas, encabezados por Irán, está ardiendo con tanta intensidad como siempre y yace al centro de la guerra civil en Siria.
Sumado a esto, tenemos también una lucha dentro del Islam sunita entre salafistas puritanos y activistas más tradicionales de la Hermandad Musulmana. Y después está la lucha entre todos estos partidos islamistas -los cuales argumentan que el “Islam es la respuesta” para el desarrollo- y fuerzas más seculares de la corriente popular, que pudieran constituir la mayoría en la mayor parte de las sociedades de Oriente Medio pero están desorganizadas y divididas.
¿Cómo impacta Estados Unidos en una región con tantos conflictos y agendas entrecruzados? Empecemos por dejar en claro que los nuevos gobiernos árabes tienen la libertad de elegir cualquier senda que deseen, pero nosotros solo apoyaremos a aquellos que coincidan en que los países que prosperan actualmente: 1) educan a su pueblo hasta las normas más modernas; 2) le dan poder a sus mujeres; 3) acogen el pluralismo religioso; 4) tienen múltiples partidos, celebran elecciones con regularidad y una prensa libre; 5) mantienen los compromisos de sus tratados; y 6) controlan a sus extremistas violentos con fuerzas de seguridad gobernadas por el estado de derecho.
Esa es, creemos, “la respuesta”, y nuestra carrera a la cima financiará escuelas y programas que promuevan esos principios.
Pero, cuando le hablemos a la Hermandad Musulmana en Egipto o al nuevo gobierno en Libia, no podemos permitir que se acerquen a nosotros y digan: “Necesitamos dinero, pero justo ahora nuestra política no está en buen momento para que nosotros hagamos algunas cosas. Denos un pase”. Creímos en esa línea de sus dictadores durante 50 años. No terminó bien. Necesitamos ceñirnos a nuestros principios.
Esta va a ser una larga lucha por muchos frentes. Y requiere de un gran cambio en el pensamiento del mundo árabe musulmán, argumenta Husain Haqqani, ex embajador paquistaní ante EEUU, yendo de “nosotros contra ellos a nosotros contra nuestros propios problemas”. Y de “somos débiles y pobres porque fuimos colonizados” a “fuimos colonizados porque éramos débiles y pobres”.
Ahora se pueden oír voces que expresan esos puntos, destaca Haqqani, y pienso que nosotros los fomentaremos de la mejor forma siendo muy claros con respecto a lo que defendemos.
Oriente Medio solamente te pone una sonrisa en la cara cuando el cambio empieza con ellos, no con nosotros. Sólo entonces se sostiene solo, y solamente en ese momento nuestra ayuda puede amplificarlo realmente.