2 de noviembre de 2014 - 00:00

Lucas Emanuel Gómez: “No estoy bautizado pero me siento un Atleta de Cristo”

Desde Honduras, donde triunfa con la camiseta del Motagua tras un exitoso paso por el fútbol de Costa Rica, el delantero ex Lepra confiesa que acercarse a Dios, tras una seria lesión, lo hizo crecer como jugador y como individuo. En primera persona, su hi

El GPS de los mensajes que llegan desde su teléfono marca uno de los puntos neurálgicos de Tegucigalpa, capital de Honduras y una urbe de las más sofisticadas de Centroamérica que se define por su mezcla de edificios coloniales, construcciones modernas y ministerios del Gobierno esparcidos a lo largo de su montañosa geografía.

“Acá estoy con Sebastián Portigliati (NdR: arquero con un paso por San Martín en la temporada 2012-2013), compañero mío en Motagua. Él vive en el mismo edificio y estamos todos los días juntos. Nos reunimos a tomar mate porque es difícil estar lejos”, cuenta desde su departamento de la cosmopolita ‘Tegus’, Lucas Gómez, un futbolista mendocino que a los 27 años, y gracias a su credencial de goleador, encontró su lugar en el mundo muy cerca de las templadas aguas del Mar Caribe.

-La yerba mate ¿se la llevan de Mendoza?

-No, por suerte acá hay un supermercado que vende y directamente la compramos acá.

-Se te pegó el acento centroamericano un poco…

-Sí, hace rato que estoy acá. Así que un poco entre la familia y los compañeros se va pegando un poco.

-¿Tuvo algo que ver Diego Vázquez en tu llegada a Motagua?

-Sí, Diego me contactó a través de mi representante y me dijo que estaba la posibilidad de venir a Motagua. Yo por ahí manejaba otras opciones pero al final decidimos con mi familia venirnos para Honduras.

-¿Qué otras opciones manejabas?

-Estaba en Municipal de Guatemala, tenía para renovar en Costa Rica con la Universidad, donde me había ido muy bien, y también había equipos de Costa Rica, pero ninguno de los de renombre.

-¿Motagua sería el Boca de Honduras?

-Sí, algo así. Es impresionante la magnitud que tiene el club en el país y en Centroamérica. No es lo mismo hacer un gol en el Motagua que en otro equipo. Tanto lo bueno como lo malo, trasciende más que en cualquier otro equipo.

-Vienen de ganar el clásico, ¿no?

-Sí, ganamos el clásico contra Olimpo, que era una cuenta pendiente que tenía este grupo. Por suerte lo ganamos y quedamos primeros. Ahora hay que mantenerlo.

-¿Qué cambió de aquel joven que debutó en la Lepra a éste de hoy?

-La verdad es que maduré mucho como jugador y persona. Hubo cosas que pasaron en mi vida, personales y futbolísticas, que me hicieron dar el valor real a las cosas que hoy tengo, como mi familia, el trabajo, el ser feliz donde sea que esté y pensar que si estoy aquí es por un propósito que Dios tiene para mí. La verdad es que hoy disfruto mucho.

Tal vez cuando era más joven me equivoqué, pensaba que el fútbol era sólo ir a entrenarme y jugar. De grande te das cuenta de que el descanso y la alimentación son clave para rendir al cien por ciento.

-¿Cuánto te costó darte cuenta de eso?

-Fue rapidito. Después del segundo año en Costa Rica, que salimos campeones, justo conocí a mi esposa y eso me ayudó mucho. Además, tuvimos un hijo, Thiago, y eso me cambió en todo sentido. Tener una vida más familiar, más tranquila, pasar más tiempo en casa y disfrutar el tiempo con ellos y con amigos con la tranquilidad del hogar.

-¿En qué momento hiciste el clic?

-Cuando me rompí el tendón de Aquiles en Costa Rica (NdR: en 2009 jugando en el Brujas FC). Fue duro porque uno no espera las lesiones y menos de esa gravedad. Sentí que me había pasado por no estar haciendo las cosas bien. A partir de ahí, conocí al Señor, me acerqué a Dios y desde ese momento todo lo que tengo ha sido gracias a él.

-¿Sos Atleta de Cristo?

-Se puede decir que sí. No me he bautizado pero me siento un Atleta de Cristo, que todo se lo debo a él, que los goles se los dedico a él primero que a nadie y eso me da la fuerza necesaria para estar lejos de casa, la fortuna de formar la familia que tengo y de saber que soy un privilegiado de pertenecer a esta profesión y poder vivir de esto.

-¿Antes no creías en Dios?

-Sí, creía, pero no lo conocía. Pensaba que lo conocía en realidad, pero cuando lo conocí de verdad, cambió mi vida.

-¿De qué manera lo conociste?

-Por un hermano del fútbol que jugó conmigo en Alumni de Villa María. Fernando Brandán se llama, es salteño y hoy está jugando en Potosí de Bolivia. Me acercó a él, yo lo acepté en mi corazón y ahí cambio todo.

-¿Cómo es la vida de Honduras comparada con Costa Rica?

-Costa Rica es un país muy hermoso y tranquilo. Uno puede salir a la calle sin ningún problema. Por supuesto que hay inconvenientes como en todos los  países, pero para mí Costa Rica es lo más tranquilo de Centroamérica.

Lo que cambia con Honduras es el tema de la seguridad. Por ahí nosotros estamos en un lugar alejado de las zonas inseguras, pero igual hay que tener el cuidado necesario a la hora de salir a la calle porque estamos en Motagua, que aquí es un equipo grande, uno es una figura pública y hay que tener cuidado porque te reconocen en todos lados.

-¿La inseguridad es similar a la de Guatemala?

-El tema de acá es que las maras son las que están dominando el tema inseguridad. Como te digo, gracias a Dios no me pasó nada y no vi nada. Pero si uno agarra un diario se amarga. Aquí en Tegucigalpa tal vez no, pero en San Pedro Sula la inseguridad se siente más: matan a alguien todos los días.

-En Costa Rica ¿dónde viviste?

-Viví siempre en San José, que es la capital.

-Comparando otros aspectos, ¿en qué se parecen y en cuáles se diferencian San José, de Tegucigalpa?

-La estructura y los lugares son muy parecidos, al igual que la gastronomía y el trato de la gente. Lo único que cambia, me parece, es el tema de la inseguridad.

Pero ahora en Costa Rica están pasando cosas que antes no pasaban, entonces creo que es la sociedad que en Centroamérica está dando paso a la violencia, que están dejando que entre mucho narcotraficante, gente que hace el mal.

-En cuanto al fútbol, ¿también son similares?

-En la liga de Costa Rica hay dos equipos más, son doce. Aquí en Honduras son diez equipos. En Costa Rica el fútbol quizá sea un poco más técnico y menos físico. Aquí es un poco más físico por la contextura física de los jugadores y el juego en sí.

-¿Dónde son más futboleros?

-Siento que acá en Honduras la gente es más futbolera que en Costa Rica. El domingo pasado jugamos el clásico Motagua-Olimpia a estadio lleno. Es muy lindo y así lo vive la gente. Motagua hace cuatro años que no sale campeón y entonces la gente se alejó mucho, pero ahora como nos está yendo bien se están acercando otra vez.

-Económicamente ¿dónde estabas mejor?

-Por estabilidad y por todo aquí en Honduras nunca nos faltó nada. Gracias a Dios aquí no nos fallaron, siempre tratan de cumplir a fin de mes y eso es fundamental para uno preocuparse solamente en jugar. He tenido etapas en Argentina y en Costa Rica en la que estaba dos o tres meses sin cobrar, y cuando tenés familia se complica.

-¿Se cobra en dólares?

-Sí, uno arregla el contrato en dólares, pero acá tienen una moneda que es la lempira. Si querés la cambiás a dólares o si no, la dejás en lempiras.

-¿Es más barato allí el dólar que aquí?


-Sí, aquí es más barato. Uno sabe que para ir a Argentina no hay que llevar muchos dólares para estar tranquilo y pasar unas buenas vacaciones.
-Sí, totalmente. Es más barato acá. Incluso es más económico que Costa Rica. La comida, la carne, el arroz son mucho más baratos que en Argentina y Costa Rica.

-¿Se consigue asado ahí?

-Justo vivo a doscientos metros de una carnicería argentina que se llama “El Novillo Alegre”, pero todavía no hemos comprado porque no tenemos parrilla, je. Vamos a tener que conseguir una urgente para meter un asadito; a ver si conseguimos unos cortes…

-Está complicado para conseguir parrilla…

-Sí, ya estoy viendo que vamos a tener que sacar la parrilla del horno, poner un par de ladrillos y tirar ahí la carne, je.

-¿En Costa Rica comiste asado?

-Sí, el último año en Universidad de Costa Rica estuve con un técnico argentino (José Antonio Giacone). El loco todos los jueves o cada dos semanas conseguía la carne y hacía el asado. Un maestro.

-Motagua tiene camiseta azul como la Lepra…

-Sí, tenemos camiseta azul como la Lepra.

La conversación es tan nítida, limpia y clara que del otro lado del teléfono se siente un televisor a puro grito de ¡gol! “¿Qué partido estamos viendo? Con Seba (Portigliati) estamos viendo Planeta Gol porque acá tenemos TyC Sports. Entonces, aprovechamos y vemos todo el día fútbol argentino”, cuenta.

-¿Seguís mucho al fútbol argentino?

-Sí, cuando se puede se sigue. Tengo una aplicación en el teléfono que me larga los resultados de todas las ligas y paso atento a ver si alguno de los ex compañeros mete goles y cómo les está yendo a los equipos. Leemos los diarios y estamos muy al tanto de todo.

-¿Jugás con la 11?

-En Costa Rica jugué con la 20 y con la 11. La elegí porque mi primer hijo, Lautaro, nació un 11 y me identifico con ese número.

-Y ahora estás en la dulce espera otra vez…

-Sí, viene en camino Antonella, que si Dios quiere va a nacer en Costa Rica. Por eso mi señora viajó para allá.

-¿Para qué día tienen fecha?

-Para finales de noviembre o principios de diciembre. Con un médico amigo estamos planificando el día del parto así yo puedo viajar. Ya lo hablé con Diego Vázquez y el profe, que también es argentino. Aparte, Costa Rica está a una hora de Honduras, así que sería algo rápido.

-¿No venís para Mendoza entonces?

-No. Estamos viendo la posibilidad de que viaje mi papá con Lautaro para acá. Nosotros tenemos poco tiempo de vacaciones y el otro torneo empieza seguido. Si llegamos a la final sería el 12 de diciembre. Nos dan unos días y los extranjeros tenemos que volver el 2 de enero. Si no, hay que volver antes para hacer una mini pretemporada.

-¿Hace mucho que no venís?

-Y… ya hace un año y dos meses. La verdad que ya me hace falta.

-¿Y qué extrañás además de tu hijo?

-Mi hijo, mis viejos y también mis sobrinos. Pero hoy con las facilidades que hay con Internet, trato de hablar todos los días con ellos. Igual, no es lo mismo. Uno extraña demasiado a la familia.

-¿Cómo conociste a tu señora?

-La conocí porque era hermana de un compañero mío en Costa Rica. Un día la invité a salir, empezamos a salir bien, estuvimos tres meses saliendo como amigos, hasta que nos pusimos de novios. Fue todo muy rápido, se mudó conmigo y decidimos formar una familia. Y la verdad es que soy muy feliz con ella.

Lucas tiene la residencia en Costa Rica. Cuenta que dentro de dos años, en 2016, cuando se venza su cédula de residencia podrá nacionalizarse como ciudadano tico.

-Si te proponen jugar en la Selección de Costa Rica, ¿qué decís?

-¡Sabés cómo juego! Si me lo llegan a ofrecer voy de una, je.

-¿En algún momento hubo algún sondeo?

-No, porque volví el año pasado y fue el mejor torneo que tuve. Hice 16 goles, salí goleador y me nombraron el mejor extranjero de la liga.

-¿Y tú idea en el futuro cuál es?

-Firmé por dos años acá. Mi idea es cumplir el contrato. Si no, tratar de andar lo mejor posible y cambiar de destino para seguir creciendo y poder asegurar un futuro a mi familia.

Después, Dios dirá dónde me va lleva. Mientras tanto estoy cómodo y contento aquí en Honduras. M e está yendo bien y mi idea es poner a este equipo en la final, que hace mucho que no lo logra.

-¿Tenés pensado volver a la Argentina?

-Siempre pienso. Me tira mucho Independiente Rivadavia porque soy hincha de toda la vida al igual que mi familia. La otra vez me hablaron de que podía volver, de que la idea era repatriar a algunos jugadores que habían estado en Independiente.

Me ilusioné tanto que le dije a mi mujer: ‘Prepará las valijas que nos vamos', je. Hay que tener paciencia. Sé que en algún momento se va a dar. Sería muy lindo.

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