Lucas Akoskin supo desde chico que quería ser actor. Para eso estudió, se preparó y tuvo alguna oportunidad tanto el televisión como en el cine (“La Furia”, “Gasoleros”, “Campeones de la vida”), pero siempre interpretando papeles menores.
Lucas Akoskin supo desde chico que quería ser actor. Para eso estudió, se preparó y tuvo alguna oportunidad tanto el televisión como en el cine (“La Furia”, “Gasoleros”, “Campeones de la vida”), pero siempre interpretando papeles menores.
Lejos de tirar la toalla decidió irse a probar suerte a Estados Unidos. Allí tuvo su gran oportunidad, y no sólo como actor sino también como productor. Hoy en día tiene su propia compañía, BN Films, con la que lleva adelante varios proyectos tanto en cine como en televisión. Akoskin vino de visita a la Argentina para avanzar en la producción de un par de largometrajes y habló con Los Andes en exclusiva.
-Tu carrera la comenzaste en Argentina, ¿cuántas cosas hiciste antes de irte?
-Hice muy pocas cosas, a pesar de que lo busqué. Estudié mucho tiempo teatro, desde muy chico. Crecí en esa industria y muchísimos de mis amigos trabajaban en televisión y cine. Estuve muy expuesto a todo eso.
Lo seguí de cerca haciendo teatro, tratando de meterme en un ámbito bastante cerrado. Hice personajes muy chicos, en series cada tanto, pero nunca realmente con la chance de poderme haber metido de lleno.
-¿Cómo fue que decidiste probar suerte afuera?
Fue una decisión propia. A mí me pasó algo un poco raro, que fue un año antes de que caiga toda la economía acá. Había ido a Nueva York con mi familia por primera vez y me voló la cabeza. Es una ciudad que tenía culturalmente todo lo que un niño de 18 años en ese momento podía soñar.
Fui a ver la escuela de Stella Adler, que fue la maestra de Marlon Brando; todas las obras de teatro de Broadway, me puse a caminar por las calles que transitaron Robert De Niro, Woody Allen… Era como un sueño. Volví a la Argentina y seguí luchando tratando de meterme en algo más grande.
Finalmente la Argentina no me echó, sino que me dio la oportunidad de que vaya a buscar a otro lado lo que no estaba encontrando acá. Me fui justo antes de la caída de Fernando de la Rúa, solo y con los dos brazos atrás.
-¿Qué hiciste cuando llegaste allá?
-Primero me conseguí un programa de intercambio. Una familia me alojaba en nueva Jersey y me daba casa, comida, auto, un pequeño salario, me pagaban los estudios de Literatura para que aprenda hablar bien en inglés, y a cambio les cuidaba a los hijos.
Hice eso durante un año, mientras todos los fines de semana me iba a Nueva York, paseaba un par de horas en la escuela de teatro, conocía gente, hacía contactos, trabajaba en la visa que después iba a obtener para mudarme ahí permanente.
Al cabo de ese año había juntado algo de plata, aprendido bien el idioma, me habían aceptado en la escuela de teatro de Stella Adler, tenía la visa, estaba finalmente preparado. Me mudé a Nueva york y empecé toda mi odisea.
-¿Cómo te convertiste en productor?
-Lo hice por una necesidad de querer actuar. Desarrollé un personaje que pertenecía a la noche, a un rubro que conocía mucho porque yo producía eventos y fiestas para generar ingresos. Conocía mucho de este personaje que era el “Doorman” (el portero de las discos). Escribí sobre él porque me encantaba hacerlo, me parecía muy fascinante la vida de esos tipos y todo lo que generaban.
El productor nació a raíz de la necesidad del actor de querer actuar sin que nadie lo llame. Escribí eso, junté a un amigo que filmaba, otro que dirigía, otro que hacía el sonido. Filmamos un clip para mostrárselo a una amiga, que era una de las productoras de Saturday Night Live.
Antes de eso se lo mostré a dos productores a los cuales respetaba mucho, con mucha trayectoria, para que me dijeran qué les parecía. Les encantó, me dijeron que no se lo mostrara a ella, que vuelva a mi casa, escribiera un poco más para que filmemos la película. Hice eso y la hicimos. Se llamó “The Doorman” (2007).
-Hiciste de productor sin saberlo…
-La produje sin darme cuenta. Pedí todos los favores que tenía que pedir, llamé a toda la gente que conocía, conseguí todo lo que tenía que conseguir (actores, dinero, plata) y lo hice sin intención de estar produciendo. Fue por el hambre de decir que si esta película no la levantaba yo, nadie lo hacía.
Después de terminarla, a los meses estaba en los cines de Estados Unidos. Eso fue cuando tenía 20 o 21 años. Así empecé y me di cuenta de que no había nada imposible.
-¿Y cómo te recibieron allá siendo argentino? ¿Eras "exótico" o no le dieron importancia?
-Hay un factor “exótico” extranjero, pero que se pierde relativamente rápido. En Nueva York hay muchísima gente que viene de distintas partes del mundo constantemente, por lo cual están expuestos a eso. Igualmente, la industria es un poco cerrada a los acentos, a los extranjeros, como en todos lados. Eso siempre existió y existe, y les pasa a muchísimos actores más conocidos que yo.
-Después de tu primera experiencia allá, ¿cómo seguiste?
-Venía el invierno en la ciudad, estaba podrido de pasar tanto frío -en Nueva York es muy intenso-, y me dije que tenía que inventar algo para escaparme. Conocí a uno de los directivos de Terra, el portal más grande de América Latina en Estados Unidos, y les presenté un proyecto para filmar en todo Latinoamérica, que englobaba varios países en los que ellos tenían mucha presencia.
Dijeron que sí, aceptaron y ahí me fui durante cuatro meses viajando por toda Latinoamérica. Estando en México conocí a Guillermo Arriaga, que después se convirtió en un gran amigo con el cual hicimos una película más adelante. Después fueron surgiendo varias cosas como productor, tratando de meter cuando podía al actor, que es mi pasión y es lo que hago.
En los últimos años me mudé a Los Ángeles, creé la productora BN Films, que gracias a ella entraron otra categoría de películas. Mis responsabilidades, así como mi compromiso con la compañía, también aumentaron. Ahora estoy trabajando en un par de proyectos para el año que viene en los cuales actúo, así que ya va a volver el actor.
-¿Qué sentís cuando volvés?
-Los primeros años habían como sentimientos encontrados, donde sentía que me hubiese gustado hacer más cosas acá. Por otro lado agradezco mucho que haya sucedido así, sino no hubiese tenido la oportunidad que hoy tengo.
En general, trato de ver la vida del lado positivo, de ver las oportunidades y de agradecer lo que sí tengo. Estoy agradecido, sin resentimientos, sin enojos, sin rencores, sin nada. De hecho vine a la Argentina en este momento para encarar nuevos proyectos acá.
-¿Cómo surgió este proyecto en Argentina?
Esta es mi primera película acá, que se llama “El Pueblo tiene quien le Escriba”. Con Leonardo Bechini, que la escribió y la va a dirigir, venimos trabajándola hace nueve años. Es una idea suya, que me la contó, me fascinó y desde entonces estamos tratando de llevarla a cabo. También hay otro proyecto, llamado “La Mujer Infinita”, que tal vez no quede con ese título, que estoy armando con Lucía Puenzo.
Es sobre la vida de la fotógrafa italiana Tina Modotti. Decidí ayudarla porque me encantó, se lo acerqué a Lucía y también le gustó porque ella es fanática de Modotti.
¿Cuáles son tus expectativas con estos proyectos?
La Argentina es un país que amo, le tengo mucho cariño. Mi familia y mis amigos están acá. Mi esposa es chilena y cuando venimos acá, también después viajamos a Chile. Con los años nos gustaría tener una presencia, en cuanto a creatividad, en lo que se pueda.
-¿Qué te depara el futuro?
-Vuelvo a Los Ángeles, veo a mi familia y enseguida continúo con mis responsabilidades en la compañía. Me tengo que juntar con los directores con los cuales estamos armando las películas del año que viene.
Tengo que hacer campaña para los Emmy (NdR. “Nightingale”, producida por Akoskin, quedó nominada para Mejor Película para televisión), a planear el lanzamiento de “Captive” (2015) que es en septiembre, y en algunas semanas tengo que ir a Serbia para el rodaje de la película de Emir Kusturica, “On the Milky Road” (2016). Y con eso creo que estamos.