15 de julio de 2019 - 19:07

Así descubrieron los aberrantes crímenes de los Leonelli, asesinos seriales de Mendoza

Se trata de los hermanos Leonelli. Todos los detalles de una historia tremenda.

"Pocas veces, el ambiente tranquilo de las ciudades del interior se ha sentido tan violentamente agitado por la noticia sensacional de un crimen monstruoso, como en estos días la ciudad de Mendoza". De este modo la revista "Caras y Caretas" inició una crónica sobre los hermanos Leonelli, dando a conocer al país a los primeros asesinos seriales de nuestra provincia.

El 20 de diciembre de 1916 los vecinos de una casa situada en la calle Urquiza -casi llegando a Salta-, escucharon escalofriantes gritos provenientes de su interior. Inmediatamente, dieron aviso a la policía. Los agentes llegaron pero al ingresar no pudieron socorrer a la víctima.

Los hermanos Marcos Mauricio y José Mauricio Leonelli acababan de dar muerte al prestamista Tufick Ladekani, con el fin de robarle algunos pesos. Lo habían citado allí planificando todo de antemano. Todo se vino abajo para los delincuentes al dar un golpe poco certero. Tufick sobrevivió y pidió auxilio alarmando al vecindario.

La situación fue realmente desesperante. Mientras dos vecinos y la policía acudían al lugar del los verdugos ultimaban a la víctima estrangulándola con un alambre y arrojándola luego al sótano. Diario Los Andes dio detalles del crimen al día siguiente, incluyendo la autopsia  que realizó el Dr. Villare. Ladekani presentaba siete heridas profundas con rotura de cráneo y signos de estrangulación. Con las manos en la masa, fueron detenidos de inmediato, pero el horror recién comenzaba a develarse.

En la caballeriza de la casa –alquilada por los Leonelli- se encontró el cadáver del vasco Julián Azcona. Este inmigrante vendía cigarrillos por la calle. Había desaparecido misteriosamente de la ciudad hacía algún tiempo y el vehículo que usaba se encontró frente al hogar de los hermanos homicidas. También hallaron allí los restos del corredor hipotecario Juan Dávila, a quienes debían un crédito.

Al conocerse la noticia, los mendocinos acudieron en masa a la sede central de la policía y fue necesario resguardar a los asesinos de un linchamiento. Se los encarceló. Uno de ellos resultó sentenciado a muerte. Sin embargo no fue ejecutado por presión de los mismos habitantes de la provincia. Si bien era parte de nuestra legislación la pena de muerte causaba un gran rechazo.

Hacia 1923 ambos fueron enviados al penal de Ushuaia, conocido como la “Cárcel del Fin del Mundo”. Ese mismo año se trasladó también al famoso Petiso Orejudo con quien seguramente compartieron espacios. Marcos Mauricio logró la libertad años más tarde, pero José Mauricio murió en la cárcel dado que era el más implicado en los crímenes.

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