La primera cualidad de “Los invertidos” es el rigor e inteligencia de su puesta y dispositivo, dirigidos por Guillermo Troncoso, y de sus interpretaciones: Celeste Álvarez, Víctor Arrojo, Federico Castro, Diana Wol (sólidos), Alvaro Benavente, Agustín Díaz, Marcelo Díaz, Fernando Echenique, Fabricio Mattioli (correctos). Exequiel Lesta (el más inexperto del grupo).
La obra de José González Castillo, estrenada en 1914, generó un escándalo en la conservadora sociedad argentina de principios del XX. No era para menos: allí se habla de homosexualidad y la doble moral. Hoy, este grupo dirigido por Troncoso, hace que la puesta cobre la vigencia de los buenos textos dramáticos, pero también de los que saben cómo atrapar audiencias del tercer milenio. “Los invertidos”, que se presenta todos los jueves de mayo en la Nave Cultural, es -como lo entendía el inmenso Peter Brook-, un teatro que encuentra la forma indagando en los contenidos: alienta una ‘verdad sagrada’ que está allí para ser derramada ante el público; es un teatro que -gracias a la disciplina, la técnica, el rigor y el oficio- no se queda planeando en la belleza visual para hipnotizar audiencias, sino que la encuentra en su propio planteo dramático: en su “estar en la escena”, en los cuerpos que dicen (de verdad, dicen); un teatro tan verdadero que sabe cómo esconder todo artificio.