"Los amantes pasajeros”: encapsulados en el tiempo

La nueva película de Almodóvar "Los amantes pasajeros", en la que vuelve a trabajar Cecilia Roth, se estrena hoy y pretende ser un retorno a la estética kitsch y el desprejuicio de sus inicios. El director retoma el tono desbocado de sus primeras película

Pasaron más de 30 años desde el estreno del “Laberinto de pasiones” (1982), “Entre tinieblas” (1983) o “La ley del deseo” (1986), por nombrar algunos títulos emblemáticos del Almodóvar de los 80, joven, irreverente y todavía no encandilado por las luces de Hollywood, que desafiaba al mundo con sus comedias “destapadas”, de colorido kitsch, música de boleros, sexualidad abierta y un universo estrafalario de travestis, transexuales, drogadictos, traficantes e histerias varias. Entonces, esas comedias desinhibidas eran sinónimo de escándalo y aplaudidas por una juventud ávida de libertad y de cambios.

Pero el mundo de hoy no es el mismo. Y Almodóvar tampoco. En tanto que los años 2000 inauguraban la era de la pornografía y el consumo de sustancias como algo habitual y que prácticamente nadie ocultaba, la transgresión almodovariana dejó de serlo y el realizador debió comenzar a adaptarse a nuevas modalidades de expresión que lo llevaron hacia títulos oscuros y deseperanzados como “Kika” (1993), “Carne trémula” (1997) o “Todo sobre mi madre” (1999), este último una desatinada parodia narcisista, superficial y conservadora, que le valió un Oscar de Hollywood e inició el romance del director con el público estadounidense.

Su película anterior a la que se estrena hoy, “La piel que habito” (2011), fue quizá el paroxismo de esta desazón: a la negrura absoluta del tema le sumó la total ausencia de humor.

Ahora, con “Los amantes pasajeros”, el director ha optado por pegar un salto hacia atrás y retomar el tono desbocado de sus primeras películas en una especie de nostálgica celebración de los tiempos idos que siempre parece estar de moda.

Todo en un avión

“Los amantes pasajeros”, que se estrena hoy entre nosotros, vuelve al universo desquiciado que parecía signar los primeros títulos de Almodóvar pero con una diferencia sustancial: la idea ya no es transgredir nada ni asustar a nadie sino, simplemente, reírse de un mundo cada vez más caótico y deshumanizado que parece estar navegando sin rumbo hacia su irremediable final.

Lo mismo que los pasajeros de ese avión, que viaja de Madrid a México, y al que un desperfecto pondrá en una grave situación de riesgo.

La idea de que el avión puede estrellarse en cualquier momento hace que cada uno de los pasajeros se enfrente a sus propios miedos y busque exorcizar la angustia frente a una muerte que se avizora inminente. Es así que irán dejando aflorar, poco a poco, sus fantasías y secretos más íntimos para convertirlos en las distintas -y delirantes- historias del film.

Los pasajeros están interpretados por habituales colaboradores del director: un trío de azafatos homosexuales (Javier Cámara, Carlos Areces y Raúl Arévalo), una vidente virgen que quiere dejar de serlo (Lola Dueñas), una “madame” sadomasoquista (la argentina Cecilia Roth, que vuelve a trabajar con Almodóvar luego de “Todo sobre mi madre” y el cameo en “Hable con ella”), el comandante del avión (Antonio de la Torre) que es casado y tiene dos hijos pero vive una relación secreta con un novio alcohólico, el copiloto del avión que vuelve locas a las mujeres (Hugo Silva), un empresario corrupto que está huyendo de España con una fortuna (José Luis Torrijo), una pareja de recién casados que viaja de luna de miel a Cancún (Miguel Ángel Silvestre y Laya Martí), un actor en decadencia que sufre el paso del tiempo (Ricardo Galán), entre otros. A ellos se suman las breves apariciones iniciales de Penélope Cruz y Antonio Banderas como dos empleados del servicio terrestre del aeropuerto quienes, tras una inesperada noticia, cometen el error fatal que será el detonante de la película.

La realidad supera la ficción

Como el mismo Almodóvar reconoció, la trama de “Los amantes pasajeros” intenta ser algo más que una liviana comedia pasatista y todo lo que ocurre en ese avión parece referir a la profunda crisis actual que vive la sociedad española.

Los pasajeros de clase turista, la mayoría, viven drogados o anestesiados y no reaccionan ante nada. Los pasajeros de primera clase intentan mantener sus privilegios a toda costa, aún sabiendo que el avión puede estrellarse. El poder estaría representado por los pilotos, quienes sólo piensan en huir y salvarse como puedan.

“Hoy la realidad escandaliza mucho más que el cine -ha dicho Almodóvar-. Y no sólo la realidad social sino todos sus aspectos, que nos superan hoy más que en ninguna otra época y a una velocidad mayor a la que ha tenido en todo el siglo 20 entero”.

Quizá por eso la idea de volver a buscar el tono festivo y celebratorio de sus inicios, para rendir tributo a una época en la que él mismo reconoce haber disfrutado muchísimo y donde aún se podía reír espontáneamente sin dejar entrever la mueca sombría de la desesperanza.

LAS MAS LEIDAS