2 de enero de 2013 - 00:13

Un año lleno de cepos, recesión y contradicciones

Llegó a su fin 2012 y los números provisorios muestran un peligroso estancamiento de la economía con una tasa de inflación sostenida y una paridad cambiaria atrasada artificialmente por el Gobierno, como ancla anti inflacionaria, política en la que, como es palpable, ha fracasado con todo éxito.

Los números nos muestran una retracción de la industria, impactada por el sector automotriz, que se vio perjudicado por la recesión en Brasil y la caída de los acuerdos con México. Pero esto sólo puso al desnudo la situación del resto de la industria, que atraviesa un problema serio desde hace más tres años, pero era tapado por el éxito de la fabricación de autos.

El atraso del tipo de cambio hizo perder competitividad a las exportaciones y el cepo a las importaciones los complicó más al registrar continuos faltantes de insumos críticos que paralizaban los ritmos de fábrica y las hacía improductivas. Pero aunque parezca paradójico, la combinación de cepo cambiario y a las importaciones, lo único que hizo fue estimular a estas últimas, fenómeno similar al registrado en el turismo.

En realidad, el gobierno se llenó de contradicciones, producto de una mezcla de ideologismos y voluntarismo, repitiendo errores del pasado. El primer gran defecto fue generar inflación para mantener subsidios a las tarifas de servicios públicos, lo que ha generado una paradoja, como es que los aumentos salariales concedidos son devorados por la inflación, a pesar de que el Indec sigue mintiendo con índices a los que no les cree ni el mismo gobierno.

Una clara muestra es que se aceleró el ritmo devaluatorio del dólar oficial. Mientras los años anteriores se manejó con tasas del 8%, en los dos últimos meses de 2012, el ritmo de devaluación se ubicó en una tasa anualizada del 20%.

A pesar de que la excusa es no permitir que se agrande la brecha con el paralelo, la realidad es que reconocen un atraso considerable que quieren achicar, aunque no compensarán la tasa de inflación.

En el Presupuesto aprobado para 2013 se fijó una meta cambiaria de $ 5,10, la cual será superada ampliamente de mantenerse el actual ritmo del dólar y, según los especialistas, el tipo de cambio oficial podría terminar en 2013 entre $ 5,85 y $ 6. No obstante, algunos especulan con la posibilidad de un desdoblamiento del mercado cambiario con posterioridad a las elecciones de octubre.

En este caso, ven la posibilidad de la aplicación de tipos de cambio múltiples (campo, industria, turismo), otra estrategia que ya ha fracasado en el pasado.

La realidad es que hoy Argentina enfrenta un problema de escasez de divisas en un tiempo en el que sobra plata barata en todo el mundo y esto es sólo por las consecuencias de las políticas aplicadas. Si no hubieran desalentado la producción de petróleo y gas, hoy no habrá que gastar 10.000 millones de dólares anuales en importarlos.

Si Argentina no hubiera generado limitaciones a las exportaciones de granos, carnes y lácteos, hoy podrían ingresar unos U$S 20.000 millones adicionales del sector agrícola primario. Si la inflación no hubiera atacado la competitividad del tipo de cambio, podrían ingresar otros U$S 5.000 millones de exportaciones provenientes de las economías regionales. Entre lo que se gasta de más y lo que no ingresa, Argentina hoy podría disponer de unos 25.000 millones de dólares adicionales.

Pero el problema de fondo sigue siendo la inflación y no se advierte en el Gobierno una decisión política tendiente a ponerle freno, más allá de algunos aumentos de tarifas por disminución de subsidios. Las estimaciones privadas ubican la tasa inflacionaria cerca del 25% pero no por la política cambiaria sino por efecto del estancamiento de la economía, que en los últimos meses ha dejado de crear empleo.

A pesar de la crisis global, el nuestro fue el país de menor crecimiento y de mayor inflación en la región. Con estas contradicciones, lo único que les queda es inventar enemigos para distraer la atención.

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