La decisión presidencial de aliarse con los intendentes de todo el país, a través de una notable ayuda financiera para sus municipios, sorprendió al justicialismo mendocino en los preparativos de un debate fuerte sobre la conveniencia o no de desdoblar las elecciones. El peronismo local está obligado a repensar al respecto.
La ayuda nacional que llegará por distintas vías, pero fundamentalmente a través de una resolución de la Presidencia que fija asistencia financiera para las comunas dejando de lado toda eventual gestión de los gobiernos provinciales, tiene, por un lado, la finalidad de anticiparse a posibles conflictos sociales que sorprendan o desborden a los intendentes municipales, como ocurrió en algunos de los saqueos que se produjeron a fines de diciembre.
Pero también se busca, con reparto de fondos, asegurar la mayor y directa sintonía política posible entre los jefes territoriales y la Casa Rosada, obviando así a gobernadores que puedan llegar a plantear disidencias con el poder central. No es el caso de Francisco Pérez pero sí de otros políticos provinciales con mayores apetencias, como Daniel Scioli o José Manuel de la Sota, por citar a quienes desde el justicialismo han blanqueado sus pretensiones presidenciales para 2015.
El temor a perder liderazgo. A nivel nacional, el kirchnerismo buscará no resignarse hasta último momento con respecto al liderazgo de Cristina Fernández y su eventual continuidad en la presidencia más allá de 2015. La aparición en escena del diputado Recalde volvió a confirmar que la estrategia de reforma de la Constitución para nada está archivada, más allá de la desmentida rotunda que hizo luego el presidente del bloque de diputados del Frente para la Victoria, Agustín Rossi, al que pertenece Recalde (ver entrevista en la página 4).
Sin embargo, el propio Rossi genera dudas con sus apreciaciones cuando sostiene que "sin dudas, en 2015 seguirá vigente (la conducción política de la Presidenta) porque los liderazgos populares, cuando los decide la sociedad, tienen un nivel de intensidad, densidad y permanencia que supera las cuestiones meramente institucionales. En 2015 el peronismo, el kirchnerismo, se va a mover hacia donde Cristina Fernández de Kirchner indique que se debe mover. El que quiera construir un liderazgo alternativo al de la Presidenta sencillamente se equivoca". Una afirmación que lleva a preguntarse si realmente es cierto, como dice Rossi, que no se habla del proyecto reformista en los círculos de poder kirchnerista.
Por toda esta necesidad que tiene el oficialismo de fortalecer la imagen de la Presidenta es que se suma la orden de no desdoblar elecciones que llegó desde la Casa Rosada a los gobernadores adictos.
La posición de Mendoza. Aquella resolución que habilita un reparto discrecional de recursos a los municipios establece un salto muy definido a los mandatarios provinciales, justicialistas o no. A Francisco Pérez en la práctica no lo saltan porque es uno de los más confiables mandatarios que sigue teniendo la Casa Rosada. Es por eso que el propio Pérez, a través de su gobierno, sirvió de nexo en el plan que maneja el ministerio de Julio De Vido, con unos 500 millones de pesos para invertir en obra pública, otro de los planes que se ponen en marcha para reforzar el aparato electoral pensando en octubre.
Como señalábamos, lo que se busca desde la Nación es crear una estructura propia que responda sí o sí al gobierno nacional. Es muy difícil, a diferencia de lo que ocurre con los gobernadores, que un intendente exprese su voluntad de lanzarse a competir con Cristina Fernández.
Aceptar lo que llegue y fortalecerse aquí. El justicialismo provincial busca mantener una buena relación con los sectores militantes del kirchnerismo en Mendoza. En el PJ no quieren que desde Buenos Aires se los juzgue por falta de compromiso político con la Presidenta y el proyecto que ella encabeza. Por otra parte, en virtud de las necesidades electorales que surgen este año, pretenden los "caciques" que esa fidelidad se traduzca en una garantizada libertad para discutir y manejar todo lo relacionado con las candidaturas a nivel local.
"En estos momentos el justicialismo mendocino es amigo del kirchnerismo nacional y la cosa viene de consenso", sentenció en confianza un allegado al poder provincial ratificando la vigencia de aquella tendencia.
Más allá de las diferencias que han venido mostrando en enero desde sus respectivas líneas internas, ahora los "caciques" del peronismo mendocino aceptaron gustosos los recursos de De Vido, seguramente se van a anotar en la Jefatura de Gabinete de la Nación para aferrarse al socorro financiero que ofrecen desde allá y estuvieron presentes en el convite que montó Alicia Kirchner en Mar del Plata. Hubo en la reunión presencias mendocinas tanto de los Azules como de La Corriente y del "tercer sector".
Después de tantos recursos prometidos, ¿cómo decir que no a una reunión convocada por la hermana del ex presidente Kirchner para hablar de las estrategias en el año electoral que ha comenzado?
El radicalismo y sus problemas. Trascendió que Víctor Fayad habría comentado a Roberto Iglesias que no tiene más ganas de insistir con los planteos en disidencia dentro del radicalismo conducido por Cornejo y lo habría invitado a que juntos se alejen de la estructura partidaria para hacer "rancho aparte". Se trataría de una aventura política encabezada por el intendente capitalino y el ex gobernador.
De ser cierta la versión, el justicialismo entraría a observar con mucha expectativa esta nueva etapa de la crisis del radicalismo. Si Fayad e Iglesias llegaran a encabezar la constitución de una nueva agrupación partidaria filo radical, éste podría postularse a la diputación nacional directamente en las elecciones generales de octubre evitando tener que confrontar con la lista que seguramente encabezará Cobos en las primarias de agosto.
En un escenario preelectoral parejo como el que se registra en Mendoza, un quiebre concreto dentro de la UCR vuelve a alentar esperanzas en el oficialismo, que recuerda gratamente aquella fórmula que encabezó Iglesias en 2007 y que permitió a Jaque ser gobernador y también la aparición del demócrata Rosales como candidato en 2011 para debilitar a un radicalismo con muchas posibilidades, en esa oportunidad como principal competidor y nada menos que con Iglesias en la pulseada.
Por un lado, Cobos por sí solo tracciona electoralmente y asegura un buen caudal de votos para el radicalismo. Mientras tanto, en el oficialismo la fuerza se concentra en los 12 intendentes y su poder territorial. La cuota para desnivelar la tienen las estructuras partidarias, los comúnmente denominados "aparatos", basados en el aporte de cada militante. Ahí está planteado el desafío, en especial de parte del PJ.
La otra incógnita que se genera a partir de un eventual quiebre formal en el radicalismo es qué postura adoptarán finalmente los tres intendentes radicales del Este (Abed, Mansur y Pinto), encolumnados con el presidente partidario Cornejo durante toda la pelea por la pretendida reforma constitucional local y en el abordaje del Presupuesto 2013, pero ahora con mucho mejores relaciones con Pérez y su gobierno.
Queda una gran duda. Fayad, que siempre hizo alarde de su pertenencia a la UCR y que no abandonó la tradicional lista 3 y la boleta y los colores partidarios en cada elección que afrontó, más allá de su clara cercanía al kirchnerismo. ¿Habrá llegado a tal hartazgo, como dicen, con Cornejo y sus aliados como para pegar un portazo y pensar en competir por afuera del radicalismo?