Muchas veces, a través de esta columna, hemos insistido en la importancia de hacer conocer a los estudiantes, ya nativos, ya extranjeros, nóminas de términos que son homófonos, es decir, que suenan prácticamente de la misma forma, pero que se escriben de modo diferente pues no son homógrafos y, por lo tanto, esa diferencia en su escritura conlleva diferencias a nivel de significado. A esto no se le concede importancia cuando se escribe en las redes sociales o cuando, a través del celular, se manda un guasap o un mensaje de texto.
Hoy me voy a detener en un grupo de vocablos que reúnen esas características y que son confundidos por gran parte de usuarios del español: me estoy refiriendo a ‘valla’, ‘vaya’, ‘baya’ y ‘balla’, de sonidos similares, pero de grafías distintas y, por ende, de valores significativos también diferentes. En estos términos, se han conjugado dos dificultades ortográficas: la coexistencia de ‘b’ y ‘v’, por una parte, y, por otra, el yeísmo imperante en nuestro país, por la igual pronunciación de “y” y “ll”.
Veamos una por una: ‘valla’ tiene raigambre latina pues formaba el plural neutro de “vallum’, con el significado de “estacada, trinchera”. La consulta en el Diccionario integral del español de la Argentina nos da como primer valor “estructura de madera o metal que marca un límite y cierra el paso a un lugar”. Escribimos, por ejemplo, “Una valla endeble separa un terreno de otro”. También se denomina ‘valla’ al obstáculo que debe ser saltado por los participantes en las competiciones hípicas o atléticas: “Lo descalificaron porque rozó la valla”. En el arco, la ‘valla’ es el arco formado por dos palos verticales y uno horizontal, por donde debe entrar la pelota para que se marque un gol: “Cuando el balón traspuso la valla, el público estalló en aplausos”. Con fines publicitarios, se habla de ‘valla’ para designar la cartelera situada en calles y carreteras: “La pequeña iba leyendo las marcas de los artículos publicitados en las vallas”. En sentido figurado, hablamos de ‘valla’ para aludir a un obstáculo o impedimento material o moral: “No le ponga vallas a mi proyecto”. Se forman las locuciones verbales ‘romper la valla’ y ‘saltar la valla’ para significar que se desea emprender la ejecución de algo difícil o prescindir de las consideraciones y respetos debidos: “Con soberbia, va saltando vallas y así logra sus objetivos”.
En relación con ‘valla’, se da el sustantivo ‘vallado’, que nombra el cerco que se levanta y se forma con tierra apisonada, o con bardas y estacas, para defender un sitio e impedir la entrada en él: “Un vallado más resistente ha impedido a los manifestantes ocupar el predio”. También, el verbo ‘vallar’ que, lógicamente, significa “poner vallas”: “Los obreros están vallando la entrada”. Existe, además, el adjetivo ‘vallar’ que califica todo lo que pertenece a una valla y que no es demasiado utilizado cotidianamente: “Han instalado un sistema vallar”.
Para el homófono ‘vaya’ debo remitirme, en primer lugar, al presente de subjuntivo de ‘ir’, tanto en la primera como en la tercera personas: “Ojalá yo vaya alguna vez a ese sitio” y “Pueda ser que no vaya a revelar la verdad”. También puede aparecer como imperativo: “Vaya a traer lo que le he pedido”. Un error generalizado cuando se escribe esta forma verbal ‘vaya’ consiste en omitir la preposición ‘a’, que debe ir siempre a continuación y que no puede obviarse dado que el verbo ‘ir’, del cual proviene, indica dirección: “No vaya a quedarse callado”; “Aunque vaya a un sitio con calefacción, lleve igualmente abrigo”. Pero, además, hay un sustantivo femenino ‘vaya’, no demasiado conocido ni usado, que alude a la “burla o mofa que se hace de alguien”: “Le dieron una vaya tremenda”. Otro uso de ‘vaya’ es el que posee como interjección que expresa satisfacción, pero también decepción o disgusto: “¡Vaya! ¡Qué buenas notas has obtenido!”; “¡Vaya, se suspende la función teatral por mal tiempo!”; otras veces, la interjección ‘vaya’ aparece seguida de la preposición ‘con’ y de un grupo nominal: en ese caso, marca una actitud favorable o desfavorable del que habla, o un matiz irónico respecto de lo expresado en el grupo nominal: “¡Vaya con tu hermano!” y “¡Vaya con la queja tan estúpida que publicó en el diario!”; esta palabra ‘vaya’, originada en una forma verbal, puede adquirir el valor de un adjetivo exclamativo, equivalente a “qué”, si pondera la cualidad, o a “cuánto”, si resalta la cantidad o número de algo: “¡Vaya zapatos que te compraste!” y “¡Vaya sueldo el que gana!”.
Si hablo de ‘baya’, puedo aludir a un sustantivo que nombra una fruta carnosa, con semillas rodeadas de pulpa: “Baya de color azulado”. Pero, también, ‘baya’ es el femenino del adjetivo ‘bayo’, cuyo valor significativo es nombrar algo “de color blanco amarillento”, sobre todo para describir el pelo de un caballo: “Resaltaba en la oscuridad la yegua baya”. También, puede usarse como sustantivo, con ese valor: “Un bayo ganó la carrera”.
Finalmente, el menos conocido de este cuarteto de términos homófonos es ‘balla’, forma conjugada del verbo ‘ballar’, hoy desusado y equivalente a ‘bailar’, o sea, moverse al ritmo de la música; esta forma se encuentra, en la actualidad, desaconsejada.
Esto mismo que hemos desglosado con sus explicaciones correspondientes podríamos realizarlo con ‘hoya’ (“concavidad en la tierra”) y ‘olla’ (“cacerola”); ‘poyo’ (“banco de piedra”) y ‘pollo’ (“cría de gallo o gallina”); ‘rallado’ (de ‘rallar’, “desmenuzar algo”) y ‘rayado’ (de ‘rayar’, “hacer rayas o líneas sobre una superficie”); ‘boya’ (“cuerpo flotante sujeto al fondo del mar, río o lago”) y ‘bolla’ (de ‘bollar’ o “abollar algo de un golpe”).