11 de diciembre de 2014 - 00:00

Ladrón de casinos en la Bundesliga

Suleyman Koc fue preso a consecuencia de participar en diversos atracos. Ahora, juega en el Paderborn, una de las revelaciones de la máxima categoría de Alemania.

Gritan todos su largo desahogo. Ellos están vestidos casi igual. De negro y de azul. El Benteler Arena -que antes se llamaba Paragon y también Ennergieteam- es ahora un escenario de asombro. En ese estadio, con capacidad para 15.300 espectadores, el equipo local, el Paderborn, se anima a todo: en un fútbol dominado por el Bayern Munich y otros grandes frecuentemente asociados a empresas enormes, este club recién ascendido a la Bundesliga se asoma como una revelación. Allí, en el estadio breve, acontece una campaña valiosa. La mitad de la tabla es un motivo para el aplauso. Sus hinchas lucen felices. Como si la maldición de días no tan lejanos se comenzara a deshacer. Es tiempo de alegría bajo el cielo de la Westfalia. O, al menos, eso es lo que parece.

Es sábado en ese estadio se juega la fecha 14 de la Bundesliga. Y en el inicio de la jugada previa al gol del empate ante el Friburgo, Suleyman Koc participa. La toca y su pase es preciso como casi siempre. Un rato después, Elías Kachunga  -joven nacido en la República Democrática del Congo- definió y estableció el resultado final. Pero en el pase de Koc sucede otra cosa: es el retrato de una segunda oportunidad. Él, nacido en rincones no tan visibles de Berlín, es una historia de reconstrucción. Mientras soñaba ser un futbolista profesional participaba de una banda que -entre otras cosas- robaba casinos.

Lo dijo sin vueltas, sin inhibiciones, sin tanta culpa, en la revista FIFA Weekly, en días no tan lejanos: “Yo manejaba el auto en los atracos”. Le dieron por su participación en robos casi cuatro años de prisión. Dijo que nunca la pasó peor que en esos días de oscuridades y cautiverio. “Me rescató el fútbol. Seré un eterno agradecido”, contó cada vez que se lo preguntaron en este largo recorrido de personaje curioso, de perfecto outsider.

En los días de cautiverio Koc lo pasó mal. Muy mal. Se lo contó al periodista Nicola Berger: “En abril de 2011 me detuvieron. Tras confesar, fui condenado a tres años y nueve meses. Viví en una celda de siete metros cuadros. No me podía ni mover en 23 de las 24 horas del día. Durante un tiempo tuve suerte: uno de los custodios se apiadó de mí y me dejó salir al campo de césped artificial. Fue un gesto muy amable que me permitió salir de ese encierro que sentía que me mataba”.

Cuando estaba preso, en 2012, envió varias cartas a sus compañeros del Badelsberg, el club en el que jugaba mientras después de los entrenamientos participaba de las tropelías que lo condenaron. Lo bancaron, como se dice en los barrios de este lado del mundo y como también sucede en los espacios postergados de Berlín. En ese momento, nació la segunda oportunidad. Jugó bien este mediocampista capaz de pisar las dos áreas sin dificultades y de llegar al gol. Este año llegó su gran chance: lo contrató el Paderborn para jugar la Bundesliga. Y de repente, un día, estuvo frente a la historia misma: enfrentó al Bayern de Pep Guardiola, equipo exitoso, equipo capaz de construir historia a cada paso. "Ahora mis padres volverán a estar orgullosos", comentó -sonriente- por esos días.

Un club "manchado"

De algún modo, llegó a un lugar que también sabe de volver de algunos infiernos. Hasta este regreso reciente a la Bundesliga, el Paderborn era más conocido por un escándalo que por su protagonismo deportivo. En agosto de 2004, en un partido de la Copa de Alemania, el equipo venció 4-2 al Hamburgo, tras un bochornoso arbitraje de un tal Robert Hoyzer, que incluyó dos penales y una expulsión que mucho se parecieron a un papelón. Unos meses después se comprobó que mafias del juego clandestino    -instaladas en Croacia- habían arreglado aquel partido en nombre de su beneficio. Fue la primera certeza que desnudó uno de las grandes vergüenzas de la historia del fútbol alemán, en la antesala de la Copa del Mundo 2006.

De aquel episodio el Paderborn salió manchado. Aunque no se comprobó que -más allá del beneficio del triunfo sorpresivo- la institución estuviera involucrada. Ahora, la contratación de Koc también tiene otro significado. Es un espejo de un tiempo nuevo en el fútbol alemán: son días de segundas oportunidades.

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