El fenómeno al que estamos asistiendo estos días en Mendoza, por su extensión en el tiempo, por su extensión en el territorio y por cómo cruza a todos los sectores sociales y etarios creo, no tiene precedentes.
El fenómeno al que estamos asistiendo estos días en Mendoza, por su extensión en el tiempo, por su extensión en el territorio y por cómo cruza a todos los sectores sociales y etarios creo, no tiene precedentes.
Se trata de un corte muy duro con la representación política recientemente consagrada por una inobjetable elección. El primer gran cuestionamiento es seguro para el Gobernador, quien luego del más holgado triunfo electoral en este período democrático, se ve desautorizado en la primera medida tomada, la cual, bueno es aclararlo, se correspondía con un claro compromiso electoral tomado en la campaña.
De ninguna manera queda exento de esta pérdida de representatividad el Justicialismo, que inequívocamente con la manifestación expresa de sus representantes formales, apoyó la ley hoy cuestionada.
Una clarísima mayoría de representación política (entre ambos más del 80% de los votos) recientemente consagrada toma una decisión de política económica/ambiental/social de trascendencia y es rechazada por esa movilización que lleva a que unos y otros (oficialismo y oposición) hablen ahora de un diálogo y consenso necesario para poder avanzar en implementar esa decisión que ya claramente habían tomado, obviamente sin ese diálogo y consenso social que, hoy reconocen, es necesario buscar.
Siempre es bueno reconocer errores y cambiar, pero ojo, se equivocaron todos y nada más ni nada menos que el Gobernador recientemente electo y la oposición más importante cuantitativamente, en un tema de esta trascendencia y que viene conflictuando y ocupando la opinión ciudadana desde hace mas de 10 años.
Lejos de mi ánimo en estas breves líneas intentar echar luz sobre el tema de fondo, tan complejo y controvertido, pero sí advertir a unos y a otros (oficialismo y oposición PJ) de lo lejos que están del sentir ciudadano, del hombre común, de todos los días que, como ha demostrado y están demostrando en esta oportunidad, al menos aquellos que se han manifestado y no son pocos, aunque cierto, no todos, no están dispuestos a que se siga sin escucharlos.
La representación que da el voto no hay duda es importante, pero hay que revalidarla cada día, porque basta un desacierto trascendente para que el que te votó, al otro día te repudie, y con razón.
Hay una distancia entre los políticos y el pueblo o la gente, o el ciudadano de a pie que asusta.
Otro ejemplo palpable y escandaloso, la excepción a los jueces, embajadores y funcionarios políticos de alto rango que el Congreso de la Nación consagró exceptuándolos del congelamiento de la actualización jubilatoria aplicado a varios millones de jubilados.
La gente se cansa de lo mismo, de perder siempre y esa sensación, casi certeza, que sus representantes, oficialismo y oposición (los políticos) vivimos en otro mundo, no escuchamos, sólo peleamos entre nosotros en una persistente supuesta confrontación que nunca resuelve con acierto casi nada. Estamos aún a tiempo, ¡hay que reaccionar!
Tomémoslo como una oportunidad, sabiendo que no se puede seguir haciendo lo mismo y esperar resultados diferentes.