5 de abril de 2019 - 00:00

La política exterior del presidente Macri, una adaptación al mundo - Por R. Vacarezza

La política exterior del presidente Macri marca una “ruptura” con la política del gobierno anterior por los objetivos perseguidos, la “visión del mundo” y los “estilos”.

La “nueva reinserción en el mundo” parte de una condición de política interna, definida arbitrariamente, como “normalidad” (un país normal).  Ese estado de cosas comprendería: seguridad jurídica, previsibilidad, estabilidad, institucionalidad, etc., etc.

Condición que contrastaría con la “anormalidad” anterior y que nos enfrentó al mundo.

Es decir, somos parte del mundo porque somos normales. Fundamental es la “visión del mundo” de la que se parte, para la identificación de los objetivos y los modos de alcanzarlos.

No se lo percibe “amenazante”, sino como un ámbito de oportunidades y desafíos, y que permite márgenes de maniobra.

Al orden internacional no se lo “contesta” y ni se pretende cambiarlo.

¿Cuál es ese mundo?

Principalmente es el mercado mundial.

No obstante, el contexto externo resulta altamente condicionante de la política económica interna (por el modelo de crecimiento económico), como han demostrados estos últimos tiempos (índice país, acuerdo con FMI, juicios en el Ciadi, guerra comercial, turbulencias políticas, etc.).

Por ello, también adquiere especial relevancia en el manejo de la política exterior el Ministerio de Hacienda (Dujovne como otro canciller).  La política exterior en general se presenta aperturista, pragmática, utilitaria, no ideologizada, con objetivos limitados y que se despliega principalmente en la  política económica internacional.

En el ámbito regional se abandonaron alianzas ideológicas y posiciones de la anterior administración y se está reformulando los esquemas de integración (Mercosur, Prosur) y reorientándose hacia el Pacífico (acuerdo de libre comercio con Chile, inversiones chinas, etc.).

Observamos en los últimos tiempos un activismo diplomático importante en la “crisis venezolana” a través de la OEA y el Grupo de Lima, gracias a una “sintonía política” con otros gobiernos regionales.  Un éxito concreto es la realización del G-20 en el país, por la magnitud e importancia del evento (aunque no se traduzca en inversiones) y está por verse si se logra el ingreso a la OCDE, la gran apuesta del gobierno.

Esta última es una organización exclusiva, para economías desarrolladas, que nos obligaría a cumplir determinados “standares internacionales”, jurídicos, técnicos, medio ambientales, de propiedad intelectual, etc. El proceso de ingreso está en marcha.

Continúan los reclamos legítimos sobre las Islas Malvinas; pero se ha evitado “malvinizar” la sociedad (es decir el uso político partidario del tema), como así también las labores científicas y de presencia en la Antártida.

- Se han logrado acuerdos comerciales puntuales con los Estados Unidos en el marco de la “guerra arancelaria mundial” (limones, acero y aluminio, etc.) pero de alcances muy limitados y se han asegurado las inversiones chinas.

Los “estilos” son diferentes. No se sobreactúa, el discurso es más aséptico, más calmado, se es diplomáticamente correcto.  La conducción de Cancillería parece estar más abocada al análisis y la planificación de la política exterior. Se abandonaron las grandes gestas…    la autonomía nacional, un orden económico internacional más justo, el antiimperialismo, etc.

El éxito o fracaso de la política lo dirá el tiempo (o las interpretaciones), aunque es justo decir, que no han llegado ni las inversiones ni el crecimiento económico esperado.

O mejor dicho, si la “normalidad” es condición suficiente para el crecimiento económico.

En síntesis, para el presidente Macri, en política exterior no hay “revolución” posible y se debe lidiar con lo que se tiene y lo que hay.

LAS MAS LEIDAS