6 de diciembre de 2015 - 00:00

La perversidad de Cristina

Las actitudes mostradas por la Presidenta a lo largo de sus gobiernos, incrementadas en los últimos días, son analizadas por el autor como el puro deseo de hacer el mal por el mal mismo.

A esta altura hay que decirlo con todas las letras. Hay que apelar más a la psicología que a las ciencias políticas para analizar el comportamiento obsesivo y perverso de Cristina. No hay que asustarse con las palabras.

Según la Real Academia, “perverso” es algo o alguien sumamente malo que causa daño intencionalmente. Y que en muchas ocasiones no logra ningún beneficio con su acción. Es hacer el mal por el mal mismo. Y es exactamente el comportamiento que la presidenta de la Nación viene manteniendo en los últimos años y que en los últimos días ha multiplicado en su ferocidad.

Mauricio Macri es muy respetuoso y prudente y dijo que “Cristina no quiere colaborar y prefiere irse por la puerta chica”, pero el Pepe Mujica fue más contundente. Hasta un amigo como el ex presidente uruguayo la llamó “araña mala” o “vieja terca”. ¿Se acuerda? ¿Se imaginan los calificativos que está recibiendo ahora con su comportamiento cruel sin ningún tipo de beneficio?

Lo decimos de una vez: Cristina hace el mal sin mirar a quien. Y no espera ningún beneficio con eso. Solo calmar su sed de venganza y de odio por algo que nunca imaginó: volver al llano dentro de cuatro días, después de casi tres décadas de ejercer el poder y de abusar del Estado como si fuera de su propiedad.

En las últimas horas podemos registrar información dura que argumente esta opinión.

Cristina y su hijo Máximo fomentan, o por lo menos no frenan, que dos grupos de los más fanáticos ocupen las dos plazas en el día en que asume el presidente electo Mauricio Macri. Entre los comandantes Andrés “El Cuervo” Larroque y Hebe de Bonafini se dividieron la Plaza de Mayo y la de los Dos Congresos. Una provocación que anticipa situaciones violentas porque muchos argentinos entre los 13 millones que votaron a Macri quieren ir a celebrar con sus familias y sus banderas.

Cristina, como si esto fuera poco, ensucia la cancha con un capricho de Estado y quiere que Macri jure como presidente y que asuma el mando todo en el mismo lugar: en el Congreso de la Nación. Se niega a colocarle la banda y darle el bastón de mando en la Casa Rosada, en donde corresponde porque ese es el lugar donde ejercen los presidentes.

Ella, hasta último momento, quiere que se cumpla hasta su antojo más insignificante al pie de la letra. Ya se hizo aplaudir y adorar un millón de veces. Pero no le alcanza. Cien veces por día hay que decirle que es la más linda, la más inteligente y la más revolucionaria, que Evita es un poroto al lado de ella.

Así decía Hugo Moyano cuando la abandonó. Y todavía quiere más masajes de ego en las galerías del Congreso y los patios militantes. Emilio Monzó, inminente presidente de la Cámara de Diputados, fue a fondo: dijo que Cristina puede dejar la banda y el bastón a la Corte Suprema y sanseacabó. El tema es que una vez que Macri jure ante la Asamblea Legislativa será ya el nuevo jefe del Estado y la máxima autoridad.

Macri no quiere confrontar. Gambetea todas las mojadas de oreja porque sabe que hay una inmensa mayoría del pueblo que está harta de tantas peleas. Pero tampoco puede poner todo el tiempo la otra mejilla. También tiene que demostrar firmeza y que es quien manda a partir de la ceremonia del juramento.

Encima, el provocador profesional de Aníbal Fernández, el multiderrotado en la provincia y en Quilmes, se hace el canchero y dice que el bastón no se lo puede llevar a Barrio Parque a Macri. Como si Cristina viviera en la Villa 21 y no tuviera los 64 millones que tiene de patrimonio. No se puede estar todo el tiempo escupiendo en la cara del adversario político. Es como si Macri dijera que pronto lo va a visitar a Aníbal en la cárcel.

Pero hay más perversiones para este boletín. ¿De qué otra forma se puede calificar un decretazo inédito en la historia argentina que subió el gasto en 13 mil millones de dólares de un plumazo a 220 horas de irse a su casa? Esa cifra equivale a la producción automotriz de una década. ¿Qué me cuenta? Un delirio, ¿no le parece? Ese es el déficit público más alto desde 1982. Quiere más descontrol, más que la fiesta y los platos rotos los pague Macri. Es de una irresponsabilidad manifiesta. Lo que dice el diccionario: perversidad.

Encima, en su último discurso volvió a acusar a los medios de ser los responsables de todos los males, incluso de su derrota electoral. Sin que se le cayera la cara de vergüenza dijo que “hay una estrategia comunicacional para mantener en la ignorancia a la mayoría de los argentinos”. Tremendo insulto a gran parte del pueblo, al que llama ignorante.

Eso como primer comentario. Pero además, los considera ignorantes ahora que perdió la elección. Pero en el 2011, cuando ganó con el 54%, el pueblo era inteligente y brillante. Y de última, también es un fracaso de sus intentos de domesticar a los medios y hacerlos arrodillar por dinero. Gasta la friolera de 13 millones de pesos por día en propaganda oficial, 4.200 millones en lo que va del año y 21 mil millones desde que llegaron al poder, y no pudieron quedarse una eternidad como era su objetivo.

Todo apunta al mismo rumbo. El de hacer el mal sin mirar a quien. Por eso le digo la patrona del mal de la calle Balcarce. ¿Se va a llevar la banda y el bastón a su casa? Se cansó de sembrar ñoquis y quintacolumnistas en el Estado para que cobren el sueldo para militar para ella y para boicotear al nuevo gobierno. Pero después de las PASO, designaron 2.500 personas más, desde choferes hasta embajadores. Son tan dañinos como creativos.

Por eso Santiago Kovadloff define bien que el de Macri será un gobierno de posguerra que deberá reconstruir la República desde las ruinas a las que fue reducida.

Hay un país mirando con temor y angustia. La democracia es convivencia. Pero Cristina sigue tirando cachetazos hasta el último minuto. Tal vez se calme cuando empiece a desfilar por los tribunales a tratar de explicar lo inexplicable de su fortuna. Tal vez recién en ese momento baje a la tierra y comprenda que vuelve a ser una ciudadana común y silvestre y que el presidente se llama Mauricio Macri. ¿Se enteró doctora?

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