22 de noviembre de 2014 - 00:00

La paradoja de la economía del conocimiento

La educación universitaria significa aprender que  algo que previamente  era visto como “x”, ahora lo vemos como  “y”;  es el ingreso a la “extrañeza”, a la “novedad”; a la revisión y abandono de los “estereotipos”, a la capacidad de argumentar verbalmente y por escrito, con todo el poder de la lógica, la retórica, las construcciones intelectuales basadas en supuestos teóricos y en información compleja. Es un encuentro o iniciación a formas y estructuras simbólicas que gatillan el despertar de la imaginación de los alumnos.

A lo anterior se agrega la necesidad de tener capacidades no solamente para actuar en “lo conocido” sino también en lo “aún no es o está siendo”, y también en lo complejo. Esto supone que las simplificaciones de los procesos de formación (reducción de los sistemas categoriales de análisis requeridos por las disciplinas) o el instrumentalismo, son ecuaciones muy riesgosas y los efectos se han empezado a notar. Egresados con dificultades en el manejo de taxonomías conceptuales, interpretación de los contextos, entre otras.

Se ha perdido de vista que todos los alumnos requieren tener acceso al conocimiento teórico, de modo que puedan navegar los límites entre el conocimiento teórico y el conocimiento cotidiano, y entre las diferentes clases de conocimiento teórico.

Su dominio permite tener conversaciones sobre la sociedad y cómo ésta debería ser. Es por ello que el conocimiento teórico es socialmente poderoso. Todos los currículos deberían estructurarse de modo que todos los alumnos tengan acceso a este tipo de conocimiento. Esto es fundamental dada la creciente complejidad del conocimiento como consecuencia de los cambios en la sociedad, en el trabajo y en la tecnología.

Los alumnos requieren tener acceso a los sistemas de significado disciplinarios como condición para usar el conocimiento en aplicaciones específicas contextualmente. Por ejemplo, los alumnos necesitan tener acceso a las matemáticas como una condición para comprender y aplicar fórmulas particulares y usarlas en diferentes contextos.

No obstante, lo que se observa es que los alumnos tienen acceso al conocimiento en sus formas particularizadas, pero no acceden a los medios para relacionarlas a las estructuras y sistemas generales y sus principios.

Se observa que se ha sacrificado la complejidad y la profundidad de los conocimientos en favor de fórmulas como “contenidos mínimos”, “estandarización de competencias”, “autenticidad del aprendizaje”. El instrumentalismo ha llevado a desmantelar cuestiones fundamentales al momento de aprender las disciplinas del conocimiento. Se han aplanado los sistemas categoriales, las taxonomías propias de cada disciplina para hacerlas más instrumentales o formalizarlas en competencias genéricas. Esto les ha restado su complejidad que es la que nos hacen poderosos intelectual y socialmente, si las aprendemos.

Como consecuencia se ha generado una reducción de las experiencias de aprendizaje de las estructuras profundas del conocimiento producidas por la investigación y la elaboración de los científicos y académicos de las universidades. Esto dificulta la capacidad de los alumnos para distinguir entre contextos mediante la identificación de comunalidades y diferencias, o identificación de las características de los contextos.

En muchos casos el conocimiento teórico se ha disgregado y se han organizado "bits" aislados de conocimiento. Podemos señalar que un foco sobre un contenido específico para un contexto específico significa que el significado de ese contenido se agota por el contexto.
Se tiende a ignorar la complejidad de lo que significa crear "capacidad", que necesariamente va más allá del nivel de experiencia en relación lo contextual, lo que no significa ignorar tal experiencia. La "capacidad" implica la posibilidad de responder apropiadamente ante lo que "está sucediendo" o "aún no sucede", al mismo tiempo de lo que sucedió.

La enseñanza y el aprendizaje significan involucrar lo real y lo actual y no solamente lo empírico, porque es la única manera de generar aprendizaje y acciones en una variedad de contextos y construir la capacidad para enfrentar el futuro. Por ejemplo, el uso y la aplicación del conocimiento matemático para entender un objeto, requiere una comprensión de la naturaleza del conocimiento matemático mismo, cómo se construye y cómo se usa.

Es por ello que se hace necesario examinar la validez actual de las estandarizaciones y formalizaciones que se han instalado al momento de pensar el aprendizaje y la enseñanza universitaria. Se tiene que revisar el argumento o los argumentos que se usaron para instalarlas, las premisas que llevaron a la conclusión que el camino para la formación universitaria, se tenía que basar en un modelo de competencias.

Ya se observan críticas internacionales importantes, y sabemos que el “mapa” que se ha construido al formar profesionales universitarios está quedando muy distanciado de lo que es el “territorio”, mapa que supone saber actuar en lo conocido, en lo que está siendo, en lo por conocer, en lo complejo e incluso en lo caótico. Y para ello se necesita el conocimiento profundo, los sistemas categoriales complejos y no el mero instrumentalismo.

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