29 de julio de 2015 - 00:00

La inaceptable ley mordaza de España… y Maduro

La libertad de prensa, si no se la protege debidamente, corre peligro en todo el mundo por la tentación de los gobernantes de librarse de todo tipo de control. En esta crónica se habla de lo que está por ocurrir en España y lo que ya ocurre desde hace tie

Llaman poderosamente la atención las declaraciones de Nicolás Maduro, en el sentido de denunciar ante las Naciones Unidas la inaceptable ley mordaza que recientemente se ha aprobado en España. Esto nos hace recordar la cita bíblica: “No juzguéis y no seréis juzgados, y con la misma vara que midáis seréis medidos...”.

¿Qué prohíbe la nueva Ley aprobada en España, que tanto molesta al Sr. Maduro, más propia de tiempos de Franco que del siglo XXI?
En primer lugar está encaminada a minar el uso de Internet, vehículo número uno de información en el mundo, como soporte para difundir informacio- nes. Sólo con este punto es inaceptable, pues ataca el Principio 19 de la Declaración de Derechos Humanos que inviste a los ciudadanos con el derecho a informar y ser informados.

Además, esconde muy bien el fundamento de la censura y lo hace en forma ambigua, sin hablar claramente de ella pero dejándola a interpretaciones muy abiertas que demuestran el siniestro que conlleva.

La prohibición de tomar y publicar imágenes de la policía excediéndose en sus funciones, con la excusa de que puede poner en peligro la seguridad de los agentes; el difundir a través de cualquier medio de comunicación imágenes de personas que estén incursas en procesos judiciales, en aras de proteger su honor; convocar, participar o difundir a través de las redes sociales, acciones de protesta frente a los parlamentos; son algunos de los muchos ejemplos de prohibiciones que se contemplan en la nueva ley de seguridad ciudadana española.

Parecería que los legisladores están aprendiendo de Ecuador para imponer sanciones administrativas, que no requieren la intervención judicial.

Los libertarios deben oponerse. En la historia quedan marcados los ataques que impiden al hombre expresarse o pensar.

Ésa fue mi interpretación aquella fatídica noche del 27 de mayo de 2007 cuando, junto a un grupo de periodistas, fui testigo de la clausura de RCTV, el canal más exitoso de la televisión venezolana, que fue cerrado en forma abrupta e ilegal sin respetar leyes y puso candado a un medio que tenía 53 años en el aire. Esa noche, el ruido de la censura calló el grito de los que clamaban libertad.

Desde que Chávez clausuró RCTV son innumerables los atentados a la libertad de expresión en ese país, además del boicot que el gobierno hizo y sigue haciendo, contra los defensores de las libertades. Durante 2008 la SIP decidió realizar en Venezuela su asamblea de medio año y me tocó ir diez veces a ese país buscando un sitio para desarrollarla, ya que tan pronto lo creíamos conseguido la presión estatal y las amenazas obligaban a sus dueños o gerentes a echar el pie para atrás.

Venezuela es un ejemplo de dónde no se respeta la libertad de expresión y de dónde ser periodista es un peligro contra la integridad física. El gobierno de Maduro censura todo lo que no le gusta y amordaza a periodistas y prensa llevando hasta a la cárcel a quienes se le opongan.

Por eso me alegré al leer que finalmente Nicolás Maduro entendió que la censura es mala. Es aplaudible que el jefe de Estado de Venezuela recuerde a los españoles que no está prohibido protestar y es buena su propuesta de atacar una ley de tipo fascista y que lleve sus protestas a donde más pueda. También él debe permitir que se le mida con la misma vara con la que mide a los demás.

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