4 de octubre de 2015 - 00:00

La estimulación cerebral en niños, esperanzas y preocupación

La escuela Fairley House en Londres ofrece la posibilidad de estimulación eléctrica a niños con problemas de aprendizaje. Si bien los resultados han sido alentadores, algunos investigadores dudan de las posibles consecuencias del tratamiento.

Jack pasaba apuros en la escuela regular. Con un diagnóstico de dislexia y su equivalente en matemáticas, discalculia, así como del padecimiento motriz dispraxia, Jack (un nombre ficticio) a menudo se portaba mal y hacía de payaso de la clase.

Por tanto, sus padres se sintieron aliviados cuando le ofrecieron un lugar en Fairley House en Londres, la cual se especializa en ayudar a niños con dificultades de aprendizaje. Fairley posiblemente también sea la primera escuela del mundo en ofrecer a sus pupilos la oportunidad de someterse a estimulación cerebral eléctrica.

La estimulación se realizó como parte de un experimento en el cual 12 niños de entre ocho y 10 años de edad, incluyendo a Jack, usaron una gorra equipada con electrodos mientras jugaban un videojuego.

Roi Cohen Kadosh, neurocientífico de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, quien encabezó el estudio piloto en 2013, forma parte de un puñado de investigadores en todo el mundo que están averiguando si áreas pequeñas y específicas del cerebro de un niño pueden estimularse de manera segura para superar las dificultades de aprendizaje.

"Sería grandioso poder entender cómo aplicar a los niños dosis efectivas de estimulación cerebral, para que podamos adelantarnos a los padecimientos del desarrollo antes de que realmente empiecen a retrasar a los niños en su aprendizaje", dice el psicólogo Nick Davis, de la Universidad de Swansea, Reino Unido.

La idea de usar imanes y corrientes eléctricas para tratar padecimientos psiquiátricos o de aprendizaje -o solo para mejorar la cognición- ha generado una ráfaga de entusiasmo en los últimos 10 años. Se piensa que la técnica funciona activando circuitos neurales o facilitando que se activen las neuronas.

La investigación sigue estando en pañales, pero al menos 10.000 adultos han experimentado dicha estimulación, y parece segura, al menos a corto plazo. Una versión de la tecnología, llamada estimulación magnética transcraneana (TMS, por su sigla en inglés), ha sido aprobada por la Agencia de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) para tratar migrañas y depresión en adultos.

Sin embargo, está creciendo el interés por saber si dichas tecnologías pudieran tener aún mayores beneficios en los niños. Particularmente prometedora es la estimulación transcraneal de corriente directa (TDCS, por su sigla en inglés), una prima más barata y más portátil de la TMS.

Los investigadores dicen que es probable que los efectos de la estimulación penetren más profundamente en los niños porque su cráneo es más delgado que el de los adultos, y que podría tener más impacto en cerebros que todavía están en crecimiento. No obstante, los mismos factores que intensifican los beneficios potenciales también son causa de preocupación.

"Es como cuando se construye una casa: si uno piensa que las cosas van mal, es mucho más fácil arreglar las cosas al principio y no después, pero también es mucho más fácil arruinarlas", dice Cohen Kadosh.  "No sabemos cómo interactúa la estimulación eléctrica con el cerebro en desarrollo".

A Cohen Kadosh también le preocupa el abuso de la tecnología. Aunque los equipos recetados para tratamientos médicos deben cumplir con ciertos estándares de seguridad, actualmente no hay ninguna ley en Europa ni en Estados Unidos que regule el uso de las TDCS en personas que simplemente esperan mejorar su cognición, y hay empresas que actualmente venden diademas para TDCS por internet.

Así que los padres, por ejemplo, pudieran sentirse tentados a intentar estimular las habilidades cognitivas de sus hijos fuera de las condiciones controladas de un laboratorio. Sin embargo, después de sopesar los pros y los contras, Cohen Kadosh decidió acercarse a Fairley House para hacer una prueba. También tuvo que conseguir la aprobación ética, y la obtuvo.

"Nos preocupaba mucho la aplicación de la estimulación cerebral, porque como escuela no sabíamos nada al respecto, pero nos garantizaron su seguridad y principios éticos", dice Jenny Lim, una terapeuta ocupacional que trabaja con niños en la escuela.

Intensificador del aprendizaje
El estudio da seguimiento a uno en el cual Cohen Kadosh demostró que una variante de la TDCS llamada estimulación transcraneal con ruido aleatorio (TRNS, por su sigla en inglés) podía estimular la habilidad matemática en los adultos.

En el estudio de Fairley House, su equipo ofreció a 12 niños con dificultades de aprendizaje matemático nueve sesiones de entrenamiento de 20 minutos. La mitad de los voluntarios recibió TRNS, enfocada en el área del cerebro responsable de procesos como la planificación y el razonamiento abstracto; la otra mitad usó una gorra para TRNS pero no recibió ninguna estimulación.

Se piensa que la TRNS opera modulando las señales cerebrales durante el aprendizaje: en este caso, los niños movían el cuerpo de un lado a otro para dirigir una pelota en una pantalla y depositarla en cierto punto sobre la línea numérica, y la dificultad aumentaba conforme progresaban.

Los niños que recibieron estimulación mostraron mayor progreso en su desempeño que los niños del grupo de control -llegando al nivel 17 en promedio, en comparación con el nivel 14-, así como mejoras significativas en las calificaciones de exámenes de matemáticas generales.

Cohen Kadosh presentó el análisis durante la reunión de la Asociación Británica de Psicofarmacología celebrada a finales de julio en Bristol, y ha propuesto los resultados para su publicación. Ahora tiene planeado ir más lejos en esta línea de investigación.

Pero el neurocientífico Vincent Walsh, del Instituto de Neurociencia Cognitiva de la Universidad del Colegio de Londres, piensa que los estudios de estimulación cerebral en niños son prematuros. Los beneficios observados en adultos jóvenes no siempre se ven en personas mayores, dice, y muchos resultados de la estimulación eléctrica aún deben ser replicados. "Simplemente no hay una base científica sólida para extender a los niños un trabajo tan deficiente", afirma.

Davis, en contraste, piensa que dichos experimentos están justificados, pero le preocupa la tendencia a usar las técnicas fuera de estudios formales. Estima que al menos 1.000 niños en todo el mundo han recibido algún tipo de estimulación cerebral como parte de estudios clínicos, y espera más en el futuro. Enfatiza la importancia de publicar los resultados de cualquier investigación que se haga con niños.

"Urgiría a todos los científicos a compartir sus resultados cuando se dé estimulación cerebral a niños y jóvenes, para permitir que otros científicos aprendan de pruebas 'fallidas' y adapten los protocolos en caso de ser necesario".

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