16 de noviembre de 2014 - 00:00

La esperanza de los que no quieren irse

Si el Gobierno nacional pudiera continuarse tras la figura de Daniel Scioli, luego habrá que ver quién manda, si Cristina Fernández o el eventual nuevo presidente, sabedor de que la doctrina peronista dice que es preferible un mal conductor que dos conduc

Dentro del peronismo oficialista se vigoriza una teoría que está devolviendo a ese sector los entusiasmos perdidos a raíz del ejercicio hegemónico del poder que ha hecho el kirchnerismo duro en los últimos 11 años.

Todo se construye alrededor de Daniel Scioli, en cuya candidatura presidencial desembocaría finalmente el apoyo de Cristina Fernández, más por necesidad que por convicción. Ninguno de los otros aspirantes cercanos a la Presidenta mide tanto en las encuestas ni se perfila como capaz de atraer a segmentos moderados de la sociedad que quieren cambios, pero no muchos.

No es lo único atractivo que le ofrece Scioli. Cerca de la mandataria están convencidos de que la lealtad del gobernador bonaerense garantizaría, a ella y a su familia, una razonable protección contra las innumerables denuncias que se acumularán al final de su gestión. Esas mismas fuentes confirman que en lo estrictamente político Scioli ya le ha ofrecido todo a Cristina con tal de llegar a presidente.

¿Qué es ofrecer todo? Hasta los operadores de Scioli lo admiten: que ella ponga el vicepresidente, arme las listas de diputados y senadores nacionales, y las listas legislativas provinciales de los candidatos a gobernador que apoyen.

A futuro

Hasta ahora, el único obstáculo a ese plan fue puesto por los intendentes sciolistas del conurbano bonaerense: se resisten a que sus listas de concejales estén pobladas por jóvenes de La Cámpora, porque temen perder su poder territorial. Amigos de Daniel cuentan que en la intimidad alguien le preguntó si con todas esas concesiones no se convertiría en un presidente-títere. "Esperá que tenga la banda puesta y vas a ver", respondió con seguridad.

Una de las virtudes que los peronistas se reconocen es reunificarse siempre alrededor de un nuevo poder, sea propio para usufructuarlo, o ajeno para jaquearlo. Ahora creen que una vez que Scioli esté en la presidencia, habrá alineamiento y que los sectores duros del kirchnerismo deberán adaptarse o quedarán afuera.

La teoría despliega el supuesto de que se agudizarán las diferencias entre ambos sectores y finalmente Scioli, -más peronista, con mejores modales y con la chequera en la mano-, encabezará un gobierno justicialista inscripto en la modernidad. Hasta aquí los entusiasmos pero aparecen a la vez puntos oscuros y uno de ellos es cuál será el rol de Cristina a partir de diciembre del año próximo.

El armado de las listas electorales podría ubicarla como primera candidata a diputada por provincia de Buenos Aires, para traccionar votos. Otra idea es que vaya en las boletas como parlamentaria al Mercosur, pero esta opción no otorga fueros ante la Justicia argentina, algo que muchos consideran imprescindible para el futuro de la Presidenta. Pero cualquiera sea su lugar, por la cantidad de legisladores kirchneristas que conllevaría un triunfo de Scioli en esas condiciones, ella se convertiría en la jefa de las mayorías parlamentarias.

Con este esquema, tanto el peronismo oficialista como los kirchneristas puros creen que ganarán en primera vuelta con poco más del 40 por ciento de los votos y que ni Sergio Massa ni Mauricio Macri llegarán al 30 por ciento, condición para que no haya balotaje.

Los demonios

Nuevos acontecimientos que se producirán en los próximos días -cautelares, acciones  de amparo por intervenciones, apelaciones, etc- devolverán a la Justicia al centro de la escena como enemiga del Gobierno. Cristina está indignada y decidida a dar todas las batallas hasta el último día de su mandato. En los pasillos de Tribunales sostienen que para ella "la Corte Suprema es el infierno y su presidente, Ricardo Lorenzetti, es el diablo".

El último episodio que la enfureció fue el fallo de la Corte Suprema que restableció la cautelar que prolonga el litigio entre la AFIP y el diario La Nación, Perfil y un conjunto de publicaciones del interior por una deuda impositiva.

Al parecer, antes de conocerse el fallo de la Corte Suprema, el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, habría planteado a la Presidenta que exigirles el pago a esos diarios sería discriminatorio. La respuesta habría sido contundente: "Antes de favorecerlos con una firma, me corto la mano". Como dato político, Echegaray habría hecho la gestión a pedido de Scioli, con quien mantiene excelentes relaciones porque aspira a quedarse en la AFIP si Daniel resulta presidente.

Lo cierto es que a los pocos días apareció el fallo de la Corte Suprema. Cristina montó en cólera y ordenó al jefe de Gabinete decir que era "una afrenta al funcionamiento de las instituciones republicanas y democráticas". Pequeñas delicias de la vida institucional de la Argentina.

Por Carlos Sacchetto - [email protected] - Corresponsalía Buenos Aires

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