20 de febrero de 2018 - 00:00

La envidia: ¿Tiene algo bueno?

Muchos se preguntan si tal sentimiento responde sólo a algo malo y nocivo, o si existen factores que lo reivindiquen con algo positivo.

"Todos tenemos luz y oscuridad adentro. Lo importante es la parte a la que obedecemos... Eso es lo que somos". Esa frase es de una de las películas de la saga de Harry Potter, que uno de los personajes, Sirius Black (interpretado por Gary Oldman) deja sembrada en el espectador (entro otros tantos filmes). Una alusión conveniente para ver que aun para un sentimiento tan mezquino y corrosivo como la envidia, lo importante es qué se hace cuando aparece. La clave: si lo materializamos en admiración hacia el otro, o en algo destructivo.

Como explica el psicólogo Daniel Venturini, "la envidia como tal es una característica propia de la especie humana. Lo importante es conceptualizarla, ya que en definitiva muchos pensamientos sobre ella tienen que ver con teorías psicológicas. De hecho para mí la 'envidia sana' no existe, ya que en realidad si es sana, entonces se trata de admiración".

Ésta última connota algo positivo que nos puede generar la suerte, logro, o alegría de otra persona... Algo muy opuesto si hablamos de “envidia” en el sentido estricto de la palabra.

"La envidia en cambio es una emoción negativa, que genera un cierto resentimiento hacia un otro, por tener o ser capaz de hacer algo que yo no tengo, poseo o no puedo realizar. En el fondo la envidia tiene una fuerte connotación destructiva, en donde la idea es destruir al otro sujeto o lo que tiene, porque yo no puedo tenerlo", ejemplifica Venturini.

En ocasiones, la envidia es algo que se convierte en insano para el que la siente. Para otras personas, sin embargo, es un motivador.

Pero lejos de creer que se trate sólo de un sentimiento de algunas "malas personas", lo cierto es que es moneda común en una sociedad moderna que se mira a sí misma, competitiva y voraz. Un caldo de cultivo ideal para exacerbar a la envidia en estado puro, y su proliferación.

Según el profesional, “en esta sociedad de corte individualista y hedonista pareciera que la identidad, y el ‘ser alguien’, está vinculado sólo al éxito.

Entonces aquellos que lo logran son envidiados por tener algo que muchos otros no pueden alcanzar, sintiéndose éstos últimos, menoscabados por no ser parte de la supuesta 'franja exitosa'. Entonces la peor manera de 'resguardar' esa identidad subestimada por parte de quienes no parecieran contar con el guiño del éxito, es destruir al que sí lo tiene".

¿Ellas son más envidiosas que ellos?

¿Pueden las mujeres a ser más competitivas en determinadas áreas entre ellas (al igual que los hombres)? Puede ser, pero esto no las hace más o menos envidiosas que ellos, ya que como bien argumentó Venturini "la envidia es inherente al ser humano".

Entonces, si la envidia es una característica humana... ¿cómo transformar esa primera pulsión en algo constructivo para estimularnos a potenciar lo propio?

Según profundiza Venturini, “uno es lo que lleva a sus actos, no lo primero que piensa. La envidia es una variable no una condición de ‘todo o nada’.

Pueden existir diferentes grados de envidia, ya que una cosa es desear destruir al otro, y otra tiene que ver con aquello que sienten levemente algunas personas, pero que deciden tomar del lado del desafío. Es decir en lugar de 'destruir', optan por 'construir' desde ellos metas propias y de esfuerzo personal. Todo dependerá de las características constitutivas de la personalidad de cada sujeto. Las personas con baja autoestima, inseguras, o con un gran resentimiento social y personal (experiencias vividas en las primeras etapas de desarrollo) son más falibles de caer en un grado de envidia grande hacia los demás".

El desafío es poder transformar ese primer sentimiento, en algo positivo por nosotros y el resto”, concluye el especialista.

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