Según el ministerio belga de Justicia, el proceso de entrega de una persona objeto de una orden europea de busca y captura puede tardar hasta 100 días.
El ministerio publicó un comunicado en el que detalla las diferentes etapas del proceso que, recuerda, "se lleva a cabo con contactos directos entre las autoridades judiciales".
Cuando el juez de instrucción se haya pronunciado, la Cámara del Consejo, un órgano judicial que se encarga de establecer si hay suficientes indicios contra una persona para llevarla a juicio, debe tomar una decisión sobre la ejecución de la orden europea de detención.
Al final del procedimiento, si alguno de los acusados rechaza la decisión del juez, puede presentar un recurso ante la justicia, que debe resolverse en un plazo de 15 días.
Según la directiva de la Unión Europea, la decisión final debe tomarse en un plazo de 60 días, 90 días en "circunstancias excepcionales", precisó el ministerio de Justicia en el comunicado.
Si se toma la decisión de ejecutar la orden europea de detención, la persona debe ser extraditada al Estado que la emitió en un plazo de 10 días.
El abogado de Puigdemont, Paul Bakaert, podría alegar la necesidad de obtener un juicio equitativo para su cliente, aunque para ello tendría que demostrar que existe un riesgo real de que se vulneren sus derechos fundamentales en España, explicó el abogado belga Marc Neve.
"La idea fundamental con la orden de arresto europea es que uno confía en los derechos fundamentales del país que la emite. España no es una nación que practique la tortura", aseguró Maxime Chomé, abogado en Bruselas.
Lista única
Mientras tanto, el destituido dirigente pidió una lista única independentista para las elecciones catalanas del 21 de diciembre, una idea que encuentra resistencia en sus antiguos socios.
"Es el momento de que todos los demócratas se unan. Por Cataluña, por la libertad de los presos políticos y la República", escribió Puigdemont en Twitter, al día siguiente de afirmar que estaba dispuesto a ser candidato en los comicios.
Como la detención y proceso de extradición puede durar bastante, el hombre que partió al exterior vivirá aparentemente la campaña electoral desde Bélgica, donde se encuentra.
Su mensaje acaba con un enlace a un manifiesto reclamando esa lista única que habían firmado 47.000 personas en pocas horas, y que afirma que los comicios "son una oportunidad para derrotar al unionismo".
Puigdemont, que se presenta desde Bélgica como el presidente catalán legítimo en el exilio, pertenece al PDeCAT (Partido Democrático Europeo de Cataluña), que ha gobernado Cataluña bajo el nombre de CiU (Convergencia y Unión) durante gran parte de la era democrática moderna, pero al que las encuestas sitúan como cuarto o quinto partido en los comicios del 21 de diciembre.
PDeCAT formó junto a ERC (Izquierda Republicana de Cataluña) la coalición independentista Junts pel Sí (Unidos por el Sí), que gobernó Cataluña desde 2015 hasta la destitución del gobierno.
ERC es favorita en los sondeos para ganar las elecciones, y su líder, Oriol Junqueras, vicepresidente catalán destituido y en prisión provisional, pidió el viernes en un artículo que los partidos independentistas concurran por separado.
"Que cada partido se esfuerce en lograr el mejor resultado posible y que la unidad de acción y una estrategia compartida sea aquello que nos une, con respeto a todas las sensibilidades", escribió Junqueras en el diario catalán Ara.
Un "exilio" que confunde a seguidores
Destituido por el gobierno español y reclamado por la justicia, Carles Puigdemont se presenta ahora en Bruselas como el presidente catalán en el exilio, suscitando entre los catalanes desconcierto y tanta división como la independencia.
Unos creen que su ida a Bélgica cuando la justicia estrechaba el cerco en torno al gobierno independentista catalán fue improvisada y otros que responde a una estrategia astuta.
En Barcelona, los analistas políticos reconocen su perplejidad, como Joan Botella: "Puigdemont sorprendió muchísimo con su fuga a Bélgica y su comportamiento imprevisible".
En apenas una semana, Cataluña vivió una proclamación de independencia sin ningún efecto, su tutela inmediata por el gobierno español de Mariano Rajoy, el viaje de su presidente destituido y el encarcelamiento de los miembros de su gobierno que no acompañaron a Puigdemont a Bélgica.
En un vídeo, Botella, ex periodista de 54 años, hizo un llamamiento a los catalanes, afirmando que les esperaba una "represión larga y feroz" y que debían resistir "sin violencia".
Objeto de una orden europea de busca y captura desde el viernes, corre el riesgo de seguir el mismo camino que sus consejeros por "sedición, rebelión y malversación", acusado por la fiscalía de haber alentado "un movimiento de insurrección activa" para alcanzar la independencia.
El presidente destituido dio marcha atrás a una vieja promesa y se mostró dispuesto a ser candidato por su partido, el PDeCAT, en las elecciones regionales del 21 de diciembre, convocadas por el gobierno de Rajoy.
De momento, puede usar "el altavoz que supone estar en la capital" de la Unión Europea, en sus propias palabras, para cuestionar lo que él considera encarcelamientos "políticos", aunque en el partido de Rajoy le acusan simplemente de "cobardía".
“Se fue sin pagar las gambas”
El hombre de cabello espeso y oscuro al estilo Beatles es ahora la cara de un independentismo catalán heterogéneo, con elementos conservadores y de extrema izquierda, que logró 47,7% de los votos en las elecciones regionales de 2015.
En enero de 2016, era alcalde de Gerona (98.000 habitantes) y diputado catalán cuando fue llamado por sorpresa a presidir el gobierno regional como figura aceptada por todos los sectores secesionistas y a materializar el mandato de hacer realidad la independencia.
En su propio campo, los más moderados le pidieron que frenara el proceso para evitar la colisión con el gobierno central.
Y el 26 de octubre muchos creían que iba a convocar elecciones regionales, pero tras horas de incertidumbre, renunció a ello argumentando que no había recibido suficientes garantías de Rajoy de que así renunciaría a intervenir la administración catalana.
Luego, aceptó que su partido participara en las elecciones del 21 de diciembre... convocadas por Rajoy.
"Siempre se arrepentirá de no haber convocado a las urnas" él mismo, estimó entonces el periodista Enric Juliana en un artículo en el diario barcelonés La Vanguardia, sosteniendo que "no soportó que le llamasen traidor en Twitter".
En efecto, estaba sometido a todo tipo de presiones en su campo, que no tenía más que una frágil mayoría parlamentaria.
Luego llegó la proclamación de la independencia, el 27 de octubre, y la sorpresa de que no ocurriera nada, como si no hubiera plan para el primer día.
Él argumentó que había elegido "la estrategia de la no confrontación" para evitar la violencia cuando el gobierno central asumiera el control del territorio. Pero, generó confusión.