5 de agosto de 2018 - 00:00

La democracia como límite - Por Néstor Sampirisi

Están desde los que ya advierten explosiones sociales en los sensibles diciembres argentinos, hasta los que no se cansan de predecir el 2001

La palabra dictadura anda suelta. Y se la dice con total liviandad y por cualquier motivo. Todo comenzó en el minuto cero de la gestión de Mauricio Macri de la mano del kirchnerismo con aquel grito de guerra "Macri, basura, vos sos la dictadura" coreado a viva voz, escrito en las redes sociales, dicho con la única justificación de una distorsionada interpretación de la realidad.

El gesto clave lo hizo la ex presidente, Cristina Fernández de Kirchner, al no entregarle los atributos del cargo a Macri. Detrás campeaba una lectura política muy curiosa: Macri había ganado el balotaje por escaso margen y, lo más grave desde este punto de vista, quienes lo votaron no son el pueblo porque, ya se sabe, lo votó la oligarquía.

Pero lo que salía de la boca de militantes y dirigentes que fogonean desde el principio lo que se ha dado en llamar "el club del helicóptero" ahora pasó a mayores. Ya no son "loquitos marginales" como muchos consideran a Hebe de Bonafini o Luis D'Elía, por caso, quienes la esgrimen.

En los últimos días la palabra dictadura estuvo en la pluma o la palabra de personas con representatividad y peso político y social.

Esta semana, Roberto Baradel, que representa a parte de los docentes bonaerenses, acusó a la gobernadora María Eugenia Vidal de apretar y extorsionar: "Esto lo hacen las dictaduras y gobiernos autoritarios", dijo.

De ese modo, rechazaba la multa de 659 millones de pesos que terminaron aplicándole a Suteba por no acatar la conciliación obligatoria. No es el único.

El mismo trato dispensó al gobernador Alfredo Cornejo el secretario del gremio de obreros de taxis mendocino, Osvaldo Llanos, mientras se discutía el desembarco de Uber: "Esto hace un gobierno cuando realmente es dictador y represivo, les quita los derechos a los trabajadores". Tampoco es el único.

Una semana antes los obispos de Córdoba publicaron una carta abierta a la comunidad como parte de la movida lanzada por la Iglesia contra la legalización del aborto.

El texto, donde desgranan la muy respetable posición eclesiástica sobre la interrupción voluntaria del embarazo, incluye una frase preocupante:

"Creemos que una democracia que no respete toda vida humana se convierte visible o encubiertamente en dictadura de los que ostentan más poder, porque cuando no se respeta la vida del más débil la libertad se convierte en ocasión de dominio y arbitrariedad".

No pasaría de ser un exabrupto si no se tratara de un documento oficial que suscriben los obispos Carlos Ñáñez, Adolfo Uriona, Sergio Buenaventura, Samuel Jofré, Ricardo Araya, Gustavo Zurbriggen, Ricardo Seirutti y Pedro Torres.

Dicho, además, en un momento de creciente malestar con el Gobierno que es azuzado desde distintos sectores por las más variadas motivaciones: el rol de la Fuerzas Armadas, el debate por el aborto, los aumentos de tarifas, el ajuste del gasto público, los aportantes truchos de Cambiemos.

Están desde los que ya advierten sobre explosiones sociales en los habitualmente sensibles diciembres argentinos, hasta los que no se cansan de predecir una hecatombe similar al colapso de 2001.

"Estoy caminando y escuchando a la gente en este momento de crisis. Una crisis así no teníamos desde el 2001. Este momento del país me lleva a esa época", asegura Felipe Solá, quien se prueba el traje de precandidato dentro del PJ. Debe saberlo bien, fue uno de los gobernadores de Buenos Aires que, en 28 años consecutivos de gestiones justicialistas, no hizo más que acumular pobreza, marginalidad y carencias.

La frutilla del postre llega desde la Ciudad del Vaticano. La profusión de fotos en las que aparecen los combativos metrodelegados paseando por lugares emblemáticos de Roma reveló una reunión de más de una hora que Néstor Segovia y Roberto Pianelli, acompañados por el exvicegobernador de Buenos Aires Gabriel Mariotto, mantuvieron con el papa Francisco.

Según la crónica que publicó el diario Ámbito Financiero, durante el encuentro, el Papa trazó un sombrío diagnóstico sobre el gobierno de Macri, cuya gestión llegó a comparar con la Revolución Libertadora (que derrocó al segundo gobierno de Juan Domingo Perón en 1955) y con la sangrienta última dictadura militar (1976-1983).

La nota que firma Mariano Martín, habitualmente muy bien informado sobre cuestiones vinculadas a los sindicatos, asegura que "para los que frecuentan a Bergoglio con asiduidad en el Vaticano, la de ayer, fue una de las exposiciones más descarnadas y menos metafóricas del Papa, más inclinado por lo general a las críticas genéricas".

¿Dejó Bergoglio de ser un líder espiritual mundial para transformarse en un referente de la política argentina? Más allá de sus conocidas diferencias con Macri, agigantadas desde que habilitó la discusión sobre el aborto, ¿tendrá como objetivo servir como prenda de unión para el arco opositor y fundamentalmente para el peronismo?

Cada uno es dueño de pensar lo que quiera y de actuar en consecuencia. Pero no hay que banalizar las palabras. Siempre, el límite es la violencia y, por supuesto, nuestra democracia.

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