17 de junio de 2015 - 00:00

La Cámara alta como teatro de operaciones

Por Mario Fiore Corresponsalía Buenos Aires

La importancia del Senado en el próximo gobierno será superlativa. Cristina Fernández lo sabe a la perfección. Como senadora por Santa Cruz recién electa, participó en 2001 de la embestida del peronismo contra el gobierno de la Alianza, que había perdido los comicios, y votó para que la Cámara alta fuera conducida por la oposición, es decir el PJ. Aquello fue un sablazo al radicalismo, que no hizo más que apurar la salida abrupta de Fernando de la Rúa.

Ahora, la Presidenta se prepara para controlar directamente más de un tercio de la Cámara alta cuando ella deje el poder en manos de otra persona, un oficialista o un opositor, lo mismo da. Precisa tener al menos 24 senadores de su extrema confianza, algo que está muy cerca de alcanzar con la colonización de las listas de las ocho provincias que este año eligen representantes en la Cámara alta. Este grupo, en el que habrá algunas figuras de La Cámpora, se sumará a los senadores ultra “cristinistas” que entraron en 2011 y 2013, cuando las nóminas también fueron confeccionadas en la Casa Rosada.

De este modo, la Presidenta aspira a tener la llave para designar a todos aquellos cargos que necesitan del consentimiento de dos tercios del Senado y que deberá proponer el próximo presidente. Desde las vacantes para la Corte Suprema al titular de la nueva Agencia Federal de Investigaciones, dos sectores -la Justicia y los espías- que han pasado a ser centro de sus preocupaciones cotidianas.

En algunas cuentas que sacan en Olivos, la tropa de diputados y senadores “puramente cristinistas” supera largamente el tercio y se acerca a la mitad. Sobre todo en el Senado, que se renueva por tercios. De modo que el poder de la mandataria saliente será también determinante para designar jueces o embajadores, que necesitan la mitad más uno de los votos. Este poder de condicionamiento será especialmente mayor si quien resulta electo jefe de Estado es un opositor.

No sólo el Senado es de interés de la Presidenta, por supuesto. La lista de la provincia de Buenos Aires para Diputados tiene una importancia clave. Cristina Fernández quiere para sí los primeros 20 lugares para aumentar su cuota de poder de presión en el próximo gobierno. Recién el sábado, sobre el filo del cierre de listas, se sabrá quién encabezará la nómina.

Ella misma o su hijo Máximo Kirchner suenan como posibles. Pero ojo que ayer un rumor tomó fuerza: que el candidato será Aníbal Fernández, para que lidere con mano firme la Cámara baja si Scioli o Randazzo son presidentes. Esto implica que el actual jefe de Gabinete deberá dejar en manos de Julián Domínguez la candidatura para la gobernación del principal distrito electoral.

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