El tema abordado por el Papa Francisco en su séptimo mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2019 ha sido "La buena política está al servicio de la paz".
El tema abordado por el Papa Francisco en su séptimo mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2019 ha sido "La buena política está al servicio de la paz".
"La responsabilidad política -ha afirmado el líder de los católicos- pertenece a cada ciudadano, y en particular a aquellos que han recibido el mandato de proteger y gobernar. Esta misión consiste en salvaguardar el derecho y fomentar el diálogo entre los actores de la sociedad, entre las generaciones y entre las culturas".
No hay paz sin confianza mutua. "La confianza tiene como primera condición el respeto por la palabra dada". La clásica filosofía política de que los pactos deben ser cumplidos. Al respecto, tanto el mensaje para el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como el dirigido para la Jornada Mundial de la Paz, enriquecen el corpus de la doctrina social de la Iglesia, en materia de derechos fundamentales del hombre, al tiempo que cada uno sirve de correlato del otro.
Firme llamamiento a quienes tienen responsabilidades políticas: "Quisiera, en esta ocasión, dirigir un firme llamamiento a quienes tienen responsabilidades institucionales, pidiéndoles que sitúen los derechos humanos en el centro de todas las políticas, incluidas las políticas de cooperación para el desarrollo, incluso, cuando eso signifique ir contra corriente". Iniciaba así el Santo Padre su mensaje a diplomáticos y participantes de la Conferencia Internacional sobre "Los derechos humanos en el mundo contemporáneo: conquistas, omisiones, negaciones". Encuentro organizado en Roma por la Universidad Gregoriana y el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, en ocasión del 70° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los 25 años de la Declaración y del Programa de Acción de Viena.
Igual dignidad de toda persona humana. "Mediante estos dos documentos -afirmaba Francisco- la familia de las naciones ha querido reconocer la igual dignidad de toda persona humana, de las cuales derivan derechos y libertades fundamentales que, enraizados en la naturaleza de la persona humana -unidad inseparable de cuerpo y alma- son universales, indivisibles, interdependientes e interconectados. Al mismo tiempo, en la Declaración de 1948 se reconoce que todo individuo tiene deberes para con la comunidad, en los que sólo es posible el libre y pleno desarrollo de su persona.
Asimismo, aseveraba que en el año en que se celebran los aniversarios de estos instrumentos jurídicos internacionales, era apropiado reflexionar en profundidad sobre los fundamentos y el respeto de los derechos humanos en el mundo contemporáneo, lo cual permitiría conducir a un compromiso renovado con la defensa de la dignidad humana, especialmente, de los miembros más vulnerables de la comunidad.
Un modelo económico basado en el beneficio, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre. "De hecho, mirando atentamente a nuestras sociedades contemporáneas -subrayaba el Pontífice- existen numerosas contradicciones que nos llevan a preguntarnos si la igual dignidad de todos los seres humanos, proclamada solemnemente hace 70 años, es realmente reconocida, respetada, protegida y promovida en todas las circunstancias. Hoy en día, persisten todavía muchas formas de injusticia en el mundo, alimentadas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en el beneficio, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre. Mientras una parte de la humanidad vive en la opulencia, otra parte ve su propia dignidad repudiada, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados", fortaleciendo, así, la injusta cultura del descarte.
La humanidad pisoteada y descartada. "Pienso, en los no nacidos a los que se niega el derecho a venir al mundo -afirmaba el sucesor de San Pedro- y en los que no tienen acceso a los medios necesarios para una vida digna; en los que están excluidos de una educación adecuada; en los que están injustamente privados de su trabajo u obligados a trabajar como esclavos; en los que están detenidos en condiciones inhumanas, sufriendo torturas o se les niega la oportunidad de redimirse; en las víctimas de desapariciones forzadas y en sus familias". Y asimismo exhortaba: "Pienso en todos aquellos que viven en un clima dominado por la sospecha y el desprecio, que son objeto de actos de intolerancia, discriminación y violencia a causa de su pertenencia racial, étnica, nacional o religiosa. Por último -agregaba el Vicario de Cristo- no puedo dejar de mencionar a quienes sufren múltiples violaciones de sus derechos fundamentales en el trágico contexto de los conflictos armados, mientras que los mercaderes de la muerte, sin escrúpulos, se enriquecen a costa de la sangre de sus hermanos y hermanas".
Todos estamos llamados a defender los derechos fundamentales: Ante estos graves fenómenos, el Santo Padre indicó que "todos estamos llamados a dirigir nuestra mirada hacia los más pequeños de nuestros hermanos y hermanas y a comprometernos concretamente a aliviar su sufrimiento. Cada uno está llamado a contribuir con coraje y determinación, en la especificidad de su papel, a respetar los derechos fundamentales de las personas, especialmente de las invisibles: de los muchos que tienen hambre y sed, que están desnudos, enfermos, son extranjeros o están detenidos, que viven en los márgenes de la sociedad o son descartados".