El kirchnerismo y sus dilemas ideológicos

Ya poco y nada queda del relato kirchnerista con el cual se intentó explicar todas las acciones de gobierno. Lo peor es que si Scioli hereda la gestión, menos quedará aún.

El mensaje llegó desafiante a toda la cúpula de dirigentes del ultrakirchnerismo: "Dice Cristina que no esperen que ella solucione todo, así que háganse cargo".
 
La exhortación de la Presidenta de la Nación a sus principales espadas políticas no se escuchó por los parlantes del Mercado Central de Buenos Aires, donde se estaba realizando el domingo pasado un concurrido acto de la militancia del Frente para la Victoria, pero circuló de boca en boca como una letanía.

No hubo lugar para interpretaciones retorcidas o para buscar excusas y así esquivarle a la responsabilidad, por más que algunos lo intentaran. Cristina les está diciendo con toda claridad que no será ella la que se encargará de la organización de la fuerza que debe sobrevivir al final de su mandato, aunque se reserve, desde el lugar de conductora, las decisiones más trascendentes. Ya es mucho el trabajo que tendrá hasta diciembre de 2015 para evitar que la natural pérdida de poder que producen los finales de ciclo le ocasione demasiados disgustos.

La dificultad ahora radica en que tanto los integrantes de La Cámpora, como las organizaciones sociales encolumnadas y los dirigentes políticos que ocupan cargos ejecutivos o legislativos, están acostumbrados a que lo que ordene la Presidenta debe hacerse, aunque no siempre se esté de acuerdo.

Decidir, en lugar de obedecer, implica un desafío mayúsculo que no todos quieren o pueden asumir.

El hombre

Sin dudas, una de las cuestiones más relevantes que divide aguas en el kirchnerismo duro, es la referida a las candidaturas. Son muchos los que se quieren anotar, pero ninguno se acerca a la medición que tiene en la opinión pública Daniel Scioli, el único capaz de disputarle hoy intención de voto a Sergio Massa.

El problema es que para la primera línea del Frente para la Victoria, el gobernador bonaerense "no expresa la continuidad del proceso político iniciado en 2003. Ninguno quiere ese final para esta experiencia". La afirmación pertenece a Horacio González, director de la Biblioteca Nacional y uno de los ideólogos reunidos en Carta Abierta.

Otro dirigente de peso en ese sector, que pide no ser identificado, confiesa que "Cristina y La Cámpora no lo quieren a Scioli y van a tratar hasta el final de conseguir otro candidato. Pero tampoco pueden romper ahora porque quizás tengan que terminar negociando con él".

Lo cierto es que Scioli, después de bancarse todo tipo de humillaciones políticas, puede llegar a convertirse en una especie de liquidador ideológico del kirchnerismo y reducirlo a un grupo de nostálgicos en los suburbios del poder.

El otro tema a resolver en largos debates justificadores es el de las contradicciones en que se incurre desde la gestión de gobierno. Cada día que pasa se agranda la distancia entre lo que se dice y lo que se hace. Ya es poco lo que queda de aquel relato épico, de marcado tono revolucionario, que alimentó la Presidenta con su "vamos por todo".

Si hasta en el área de derechos humanos, uno de los pilares de la construcción política del kirchnerismo, la designación del cuestionado general César Milani como jefe del Ejército "borró con el codo lo que se escribió con la mano".

Lo que era

Pero quizás el problema de fondo que Cristina Fernández deba atravesar el final de su mandato sea la crisis del "modelo". Después de 11 años de gestión de un mismo signo, y a 18 meses de la convocatoria a la sociedad a elegir un nuevo gobierno, los indicadores económicos y sociales no condicen con lo que se propuso ni con las banderas levantadas. 

 Son justamente los números, con los que la Presidente gusta adornar sus discursos, los encargados de mostrar la realidad. Las propias cifras oficiales dicen que la actividad industrial cayó en marzo 5,9 por ciento y la construcción lo hizo un 6 por ciento. Esos dos sectores son grandes generadores de empleos, con lo cual se deduce que la desocupación no deja de crecer.

Con el 33 por ciento de los trabajadores "en negro" y una inflación persistente a la que sólo le pone tope la menor demanda, el poder adquisitivo de la mayor parte de la población está en franco retroceso. Eso ocurre en medio de un ajuste que no ha terminado, con aumentos en los servicios por reducción de subsidios y autorizaciones especiales, como el caso de las naftas.

La Presidenta sigue enumerando logros del período iniciado -con otros postulados ideológicos- en 2003. Pero los números de 2014 reflejan un país muy diferente.

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