28 de septiembre de 2012 - 14:43

El día que Kicillof refutó a Cristina

La Presidenta aseguró el miércoles en Estados Unidos que si la inflación fuera del 25% el país habría estallado. El secretario de Política Económica disertó en el Congreso y demostró que durante décadas los argentinos convivieron con alzas de precios muy

Una vez más inicio esta columna con una cita. "Si realmente la inflación fuera del 25%, si la pauta salarial fue en promedio del 25%, ¿cómo creció la economía al 8,9% en 2010 y al 9,2% el año pasado?", se preguntó el miércoles Cristina Kirchner ante un grupo de estudiantes norteamericanos de la Universidad de Georgetown en Washington, a quienes sí les permitió que le hicieran preguntas.

Luego, la Presidenta lanzó la frase que más repercutió en nuestro país: "Si la inflación fuera del 25%, el país estallaría por los aires".

En rigor, no es la primera vez que la jefa del Estado se ufana en el exterior sobre el aumento de los salarios como motor de la economía; ella misma contó a su regreso de la reunión del G-20 que se hizo en mayo en México que los presidentes de las potencias europeas se alborotaron cuando les contó que los trabajadores argentinos tienen alzas en sus ingresos de ese tenor (las contrastó con la pérdida de trabajos y ajustes que hay en la Zona Euro, producto de los errores de la política económica ortodoxa).

En ambos casos, Cristina Kirchner prefirió negar expresamente la existencia de una inflación de dos dígitos y defendió la que construye -nunca mejor este término- el Indec, para que su "autobombo" no pierda sentido.

Vayamos a la primera de las sentencias que la jefa del Estado les dijo a los estudiantes norteamericanos. En ella, Cristina Kirchner afirma lo que sostiene el Indec: que la inflación es de un dígito, lo que le permite sobredimensionar el valor de que los aumentos salariales hayan sido en este 2012 del orden del 25%.

Decir una verdad a medias, es no decirla. Todos los informes de economistas, incluso los más allegados al Gobierno, marcan que efectivamente las alzas salariales de los trabajadores fueron superiores a la inflación real, esa que miden los organismos provinciales, pero entre dos y tres puntos. No existe la diferencia de 16 puntos que la Presidenta dice que hay este año entre la inflación oficial y las alzas convalidadas en las paritarias.

Ahora bien, la segunda aseveración de la Presidenta es claramente inexacta por donde se la mire. Lo paradójico es que fue Axel Kicillof, el economista estrella del Gobierno nacional, quien refutó la poco feliz segunda frase de Cristina Kirchner (obviamente jamás hubiera querido hacer una cosa así, si es capaz de hasta advertirle por TV al principal empresario del país que lo puede fundir, todo porque criticó el tipo de cambio en público).

El secretario de Política Económica asistió ese mismo miércoles a la Cámara de Diputados para explicar el proyecto de Presupuesto 2013 y brindó una alocución de tres horas y media que atrapó y molestó por igual a los legisladores.

Kicillof hizo un largo recuento de la historia económica argentina para defender las "medidas duras" tomadas por el Gobierno -básicamente respecto al dólar y las importaciones- para "sostener el crecimiento de estos nueve años".

El golden boy del kirchnerismo contradijo la frase de la Presidenta porque mostró cómo la Argentina se acostumbró a vivir con inflación durante las últimas seis décadas, diferenciando los procesos inflacionarios producidos a raíz del crecimiento del país y los trastornos en la balanza exterior (para industrializar el país se importaba más de lo que se exportaba y termina dándose un cuello de botella con el dólar que obligaba a una devaluación y posterior recesión), a los que centró dentro de lo que se conoce como proceso "go and stop" o de "arranque y parada", de suba de precios ocasionados por el alto endeudamiento con el mundo (se devaluaba para conseguir divisas que permitieran pagar la deuda externa).

Así, Kicillof marcó que en diferentes años la inflación argentina fue siempre superior a la que estamos viviendo. "Entre 1955 y 1974 el promedio fue del 34%", dijo. Luego repasó los datos del Indec que indican que en 1975 fue del 182% y durante la dictadura militar promedió 249%. Teniendo como picos la "híper" de 1989, con 3.079% y 1990, con 2.314%.

Si, como asegura Cristina, el país debería haber volado por los aires con el 25% de inflación que los economistas privados y los institutos estadísticos de las provincias marcan, entonces las bases del modelo K son menos sólidas que lo que la propia Presidenta sostiene, porque es un indicador muchísimo más bajo de lo que por décadas los argentinos se acostumbraron a transitar.

Valga acá reconocer que uno de los grandes éxitos económicos del kirchnerismo fue impulsar el consumo como motor de la economía, otorgando alzas salariales superiores a la inflación, aumentando las asignaciones familiares e incorporando trabajadores al mercado.

Siguiendo esta línea coherente, el Presupuesto 2013 vuelve a poner al consumo como principal motor del crecimiento, muy por encima de la inversión y de las exportaciones.

Pero la inflación se presenta como un elemento acechante para el propio modelo, aunque ésta sea moderada respecto a otras épocas de la historia argentina, porque es la causa que explica la fuga de divisas -dado que ahorrar en pesos es perder plata- y el forzoso cepo cambiario que implantó el Gobierno.

Además, ocasionó indirectamente -tras la pérdida de valor adquisitivo del peso y del refugio en el dólar- que se cerraran parcialmente las importaciones para que el Estado pueda atesorar los dólares a fin de poder hacer frente a los pagos de la deuda y de la balanza energética, lo cual terminó generando un freno al crecimiento económico en este 2012.

La secuencia completa que niega el kirchnerismo es inflación + fuga de pesos al dólar + cepo cambiario y a las importaciones = freno de la economía.

Ningún economista K, ni Kicillof ni Cristina, están dispuestos a reconocer que este bombeo del consumo provocará más inflación porque a pesar de que el crecimiento se ralentizó en 2012 -el Ministerio de Economía lo calculó en 3,4%, es decir menos de la mitad de 2011-, algunas industrias están cerca del 100% de la capacidad de producción -algo que no pasaba en 2008- y porque muchas fábricas necesitan insumos que no están pudiendo importar.

El creciente malestar de los sectores medios y medios bajos se debe a que este año el Estado les trasladó el ajuste que él no se atreve a hacer, entre otras cosas, porque no subió el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias (son cada vez más los trabajadores alcanzados, y en mayor medida) y sacó a miles de beneficiarios de las asignaciones familiares.

Algo de esto pasó en 2009, cuando la crisis mundial fue mayor, pero a diferencia de ese año, en 2012 la inflación creció y no se redujo, por lo que los trabajadores están viendo cómo por dos vías -ajuste e inflación- pierden capacidad adquisitiva.

A estos mismos sectores, algunos funcionarios los tildaron de egoístas y a aquellos que salieron a protestar los acusaron de cuasi-fascistas. Cristina Kirchner, un poco más moderada, sólo se refirió a ellos de la misma manera que cuando le preguntaron por la inflación: "No se puede contentar a todos".

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