8 de noviembre de 2013 - 03:09

El jugo de manzana sustituto del mosto, un mito

El autor afirma que si se pudieran remplazar uno a otro sus precios tendrían un comportamiento similar a lo largo del tiempo.

La teoría económica define a los bienes sustitutos como aquellos que pueden ser consumidos en lugar de otro en alguno de sus posibles usos. Ejemplos clásicos son la margarina y la manteca o la carne de vaca y de pollo. Así, un incremento del precio de uno de los bienes (ceteris paribus) provocará un incremento de la demanda de su bien sustitutivo y, por tanto, de su precio.

Este argumento es el que ha imperado en la industria local del jugo concentrado de uva (JCU) cuando se afirma que es un bien sustituto del jugo concentrado de manzana (JCM) al momento de ser utilizado como edulcorante de otros productos finales como gaseosas, jugos multi fruta, etc.

Generalmente, el reclamo de los fabricantes y exportadores argentinos de jugo concentrado de uva hace referencia a tener cuidado con las políticas públicas que intentan subir los precios de las uvas básicas y/o del mosto sulfitado porque, si son efectivas, el aumento del precio de la materia prima hace que suban los costos de producción y, por tanto, incrementa el precio final.

En ese contexto, los compradores de mosto concentrado tenderían a sustituirlo por JCM, haciendo que la demanda del JCU disminuya y, también, su precio.

Para analizar si esa tesitura es correcta, la econometría nos indica que haciendo un simple análisis de correlación de los precios internacionales de ambos productos, se puede saber si son o no sustitutos. Si cumplieran con esta característica, sus precios deberían tener un comportamiento similar subiendo y bajando al unísono a lo largo del tiempo.

El gran demandante mundial de ambos productos es Estados Unidos de América y sus proveedores más relevantes son Argentina (JCU) y China (JCM). Pues bien, correlacionando los precios promedios de importación de ambos productos en Estados Unidos se desprende que no existe casi relación entre estas variables, puesto que se observan varios años en los que no tienen el mismo comportamiento.

Este ejercicio se puede realizar con muchas variantes (rezagando uno o más períodos una de las variables) y el resultado final no se modifica significativamente. Por lo tanto, en mi opinión no existen argumentos sólidos para mantener la tesitura de que estamos frente a dos bienes altamente sustitutos.

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