Es un día ajetreado para Juan Pablo Buscarini. Tiene la agenda completa para dar reportajes de todo tipo (en vivo, telefónicas, radiales) sobre su nuevo film. Tenemos la suerte de ser los primeros en su lista para entrevistarlo y eso siempre sirve para obtener las mejores las respuestas. Mientras tomamos un café charlamos sobre cómo es hacer una película para chicos distinto a todo lo que vieron.
-¿Fue tu idea adaptar la novela?
-Sí, fue mía. Me gusta mucho la obra de Pablo De Santis, pero los libros que había leído de él no eran infantiles y todas las películas que yo dirigí sí. Un día leo en una revista literaria una reseña de “El Inventor de Juegos” que sí era para chicos. Era una combinación perfecta: el tipo de cine que hago con un escritor que me encanta. Leí la novela, la disfruté muchísimo y pensé qué era buena como película.
-Te diste cuenta que podía ser llevada al cine.
-Claro, es muy difícil alejarse de eso cuando la leés interesado. Automáticamente empezás a imaginarte cómo la filmarías, en dónde. Todos los libros de De Santis están escritos desde un punto de vista muy visual y además es universal, o sea que las historias pueden ocurrir en cualquier lugar del mundo. Toda su obra es muy tentadora de llevar al cine, pero quizá tiene un tamaño o una escala que al cine argentino le cuesta abordar.
-¿De Santis colaboró en el guión?
Participó en la primera adaptación, era parte de un acuerdo que a mí me seducía y a él también. Debo decir que fue un tipo de mucha confianza y para nada controlador, ni en lo contractual ni en lo humano. A los dos nos tentaba la idea de adaptar la novela porque se veía que había una película ahí. El libro está dividido por bloques episódicos, que básicamente la película lo conserva. El destino natural parecía que era más para realizar una miniserie o serie que un largometraje.
-O tres películas…
Claro, pero hacer una trilogía es difícil porque los finales de cada bloque tendrían que tener la curva dramática como para cerrar. Desde el cine argentino no podés tener tanta confianza como para decir: “Me van a comprar la idea que les dejo picando y van a venir a ver la segunda”. Adaptamos juntos la novela justamente por esa idea, para ver cómo era la estructura.
-El film remite mucho a las películas infantiles de los años ochenta, por la aventura, los pocos efectos especiales. ¿Fue algo intencional?
-Apunté a eso, porque me parece que en ese cine había imaginación y no estaba tan dominado por los efectos. Entonces no entraba tanto en el terreno de la fantasía del “todo vale” y en donde puede pasar cualquier cosa. Ese cine al que remito, al que tenía que ver con la historia, es el punto que heredo de la novela. Suceden cosas que son disparatadas o muy imaginativas, como por ejemplo que el colegio al que va el protagonista se hunde, pero son físicamente posibles. Creo que llevar a los chicos a ese terreno está bueno porque ahí es en donde empieza a funcionar la aventura, que es distinto a la fantasía porque es posible embarcarse en ella. Más allá de la opinión de si te gusta o no, de lo comercial, es muy lindo sentirse cómodo cuando lográs lo que quisiste.
-Es una película diferente a lo que están acostumbrados a ver los chicos.
-Es cierto que está apuntada a un público que nació a partir del año 2000 en adelante, que son nativo-digitales, pero la película habla del mundo de los juegos. La fascinación que sienten los chicos en un parque de diversiones cuando se paran frente a un cerebro mágico, en la experiencia física o en el hecho del juego, no se perdió. Apunto a esa conexión de la película con los chicos: el tema del juego, jugar e inventar y vivir una experiencia.
-Las locaciones son maravillosas.
-Son todas de acá, lugares que tenemos hace más de 100 años y nunca los utilizamos para filmar. No hice ni una sola escena fuera de la Argentina. La ciudad de Zyl se recreó en La Ciudad de los Niños, de La Plata; la casa estilo europeo de la familia queda en un barrio de Banfield. El colegio adonde asiste Iván es una mezcla: para la fachada exterior usamos el Instituto Carlos Pellegrini, que queda en Pilar, y aunque parezca mentira está abandonado; y los interiores son del Colegio San José de Buenos Aires. La carrera de globos la filmé en un predio de la localidad de Benavídez, y la casa del abuelo es el interior de un seminario de curas en la localidad de Martín Coronado. Fue un rodaje “incómodo”, pero se buscó eso para que te quede con este nivel de realización.
-David Mazouz, el chico protagonista, es un acierto total.
-El personaje de Iván tenía que tener cierta fragilidad y que sea agradable pero no buen mozo. Era difícil la elección del actor porque generalmente los chicos que trascienden en cine muchas veces son muy “publicitarios”. David es muy expresivo y muy talentoso. Sabía que había trabajado en la serie Touch (2012-2013) y cuando lo vi por primera vez en el casting me sedujo instantáneamente. Además necesitaba a alguien con experiencia porque el plan de rodaje era de 57 días y él estaba en casi todas las escenas. Tenía que estar mucho tiempo fuera de su país, de su hogar, sin que tenga una crisis emocional propia de un nene de su edad.
-¿Y los demás actores extranjeros?
-Megan Charpentier, que encarna a Anunciación, es la que personificaba a “Victoria en Mamá” (2013). Me gustó y me pareció que estaba bien cuando la vi, pero tuve que trabajar un poco más con ella. Es muy visual y da muy bien en cámara, pero yo miraba mucho que formaran una buena pareja con David. Con Joseph Fiennes, que hace de Morodian, me pasó algo increíble. Él estaba haciendo Hércules (2014), con Dwayne Johnson, y cuando leyó el guión me dijo que hacía mucho que no leía un villano tan seductor y que le encantara tanto. Habló con su agente para acomodar su agenda y poder estar en el film. Fue un ser humano excepcional.
-¿Qué es lo que sigue en tu futuro?
-Esta película fue demasiado intensa. Ahora se viene todo el tema del lanzamiento en Latinoamérica y después en Toronto para tratar de empujar la carrera internacional del film. Por este año no creo que haga más nada. Sí tengo un guión escrito de un film noir de una película de época que se desarrolla en el altiplano boliviano que se llama “Altiplano Express”. Me sedujo la historia y me pareció fantástica. Pero me abstraigo de pensar en otro proyecto porque me parece que es más serio respetar que éste termine su ciclo.