Queridos, queridas... estamos condenados a la decepción más atroz. Estamos condenados a convertirnos en unos excépticos horribles, en unos cínicos que no podremos creerle ni a Piñón Fijo cuando cante “Chuchu ua, chuchu ua”, y diga que es de su autoría. Es que esta noticia que hoy les traemos será, se los advertimos, les provocará un tremendo shock.
Quisimos hacer una introducción para que el trago sea menos sorpresivo; aquí va: Jimena Cyrulnik, la simpática, sanita, dulcesita, modosita, y todos los “ita” lindos que se te ocurran, confesó: “... yo coqueteé, jugué, me mal-divertí durante un tiempo con las sustancias...”. ¡Aaaaapaa! Ahora se explica aquel tiempo ‘rarito’ de Cyrulnik en el que todos bromeaban con su cabecita bocha y los parecidos con Britney Spears (¿te acordás que Spears también se rapó para la misma época?).
Era eso, amigos y amigas: la chica jugaba con las sustancias. Esta treeeeemenda revelación, que nos hace polvo el día, y que nos lleva a una tristeza en un día de sol, viene a cuento de los planteos metafísicos que se desataron por la conducta descarriada de Vicky Xipolitakis. La vedette le pide al mismísimo Papa Francisco que la perdone, y que anda haciéndose fotos en las iglesias con un rosario en la mano.
Cyrulnik, ya curada de la exitoina, justificó a la Xipolitakis en el programa “Desayuno Americano”: “Yo... venía a una velocidad tremenda y en un momento me aferré de lleno a lo espiritual. Dejé de trabajar, me afeité la cabeza y me fui a vivir con unas monjas de clausura en Mendoza, algún tiempo... en un punto, enloquecí. Pero no me gustaría reírme de Vicky porque le puede estar pasando algo parecido”. Ya no quedan ídolos, todos son de barro.