Suena la sirena. Ese ruido que aturde, el que nadie quiere escuchar. Pero suena y ya todos saben cómo responder: se olvidan de lo que están haciendo y corren a un refugio o para ponerse a salvo como sea.
Suena la sirena. Ese ruido que aturde, el que nadie quiere escuchar. Pero suena y ya todos saben cómo responder: se olvidan de lo que están haciendo y corren a un refugio o para ponerse a salvo como sea.
Y si no hay dónde resguardarse, se tiran al piso cubriéndose la cabeza con los brazos y a rezar. Deben ser los peores segundos que se puedan vivir, esperando la explosión, el fuego, la muerte, ésa que siempre anda cerca por las calles de Jerusalén.
Hay pánico, claro, pero amenizado por esa extraña sensación de estar acostumbrados a que lluevan bombas y a vivir en un estado de alerta permanente.
Así estaban Israel, Palestina y Cisjordania a mediados de julio pasado cuando el mendocino Jesús Claudio Baldaccini llegó para estampar su firma en el contrato que lo liga al Hapoel Jerusalem de la segunda división del fútbol de Israel.
Esa región de Oriente Medio donde hay una guerra de años que recrudeció hace poco por los incesantes conflictos entre judíos y árabes. Empujados al odio, un odio que fomentan y cimentan grupos terroristas que aplauden sangrientos atentados a los pueblos, a la gente, a los que siempre la pagan, en la mayoría de los casos con sangre.
-Jesús, ¿ya pasó lo peor?
-Sí, hace como tres semanas que no pasa nada, estamos muy bien, tranquilos. Si bien yo llegué en medio del conflicto con Gaza y en esos días se vivía con un poco de miedo, en Jerusalén generalmente las cosas han estado tranquilas.
Me tocó vivir un par de veces las alarmas que avisaban cuando largaban misiles. Gracias a Dios el sistema de defensa de Israel es muy bueno y afortunadamente no pasó nada.
-¿En algún momento te sentiste cerca de la muerte?
-En un amistoso en Tel Aviv sonó la alarma, corrimos al camarín y se sintió la explosión del misil que explotó en el aire.
-¿Y lo suspendieron?
-No, seguimos jugando como si nada, je.
-¿Cómo surgió la chance de ir a jugar a ese lugar del mundo?
-Cuando volví de Chile empecé a entrenarme en Academia Chacras y Daniel Carrique me dijo que ellos tenían gente acá en Israel. Entonces, enviaron un video mío y me pidieron que viajara. Y acá estoy desde el 18 de julio. Firmé por un año hasta julio de 2015.
-¿Cómo es un día de Jesús en Tierra Santa?
-(Risas) Muy tranquilo... Me entreno en la mañana temprano, en la tarde voy un rato al gimnasio y después estoy todo el día en casa.
-¿Qué te dicen cuándo les decís que te llamás Jesús?
-Me miran medio raro pero no me han dicho nada. Algunos dirigentes me dicen Claudio, no Jesús.
-¿Entendés el conflicto entre palestinos e israelíes?
-Sí. Es muy complejo. Me han contado todo. Es algo que nunca parece terminar.
-¿Cómo vive la gente con ese tema?
-Se toleran, se respetan. En algunos barrios o zonas los judíos no entran por miedo a que les hagan algo. En el equipo que estoy hay jugadores árabes y judíos y la relación es muy buena. Se respetan y el conflicto no influye para nada.
-¿Cómo te llevás con el idioma?
-Acá todos hablan inglés y yo de a poco estoy aprendiendo cada día un poco más. El hebreo es un idioma muy difícil, casi imposible, je.
-Hablemos un poquito de fútbol. ¿Es competitiva la Liga?
-Sí, hay muy buen nivel, es muy pareja y con muchos extranjeros. Está bueno. Es un fútbol muy físico. Hay jugadores muy fuertes. En lo futbolístico estoy muy bien jugando de titular para mi equipo y en cuatro partidos llevo dos goles.
-¿Hay argentinos?
-Sí, hay varios. Pero la verdad es que no conozco a ninguno.
-¿El Hapoel es un club grande?
-Sí, jugó muchos años en Primera,pero hace unos años se dividió en dos equipos y está remontando de nuevo. El objetivo es ascender a Primera.
-¿Cómo está el equipo en la tabla, cuántas fechas van?
-Van cuatro partidos, dos empates, un triunfo y una derrota. Estamos en mitad de tabla.
-¿Te gustaría quedarte?
-La verdad que sí porque es un país hermoso lleno de historia y donde se puede vivir tranquilo. No hay robos, no hay inseguridad y me encanta para vivir. Estoy contento, la gente es muy amable y generosa.
-¿Cómo te fue en Chile?
-Tuve un muy buen primer semestre y después me lesioné y no jugué mucho, pero fue una experiencia muy positiva. Jugué contra equipos grandes como Colo Colo o Everton.
-¿Seguís al Lobo?
-Sí, lo sigo por supuesto.
-¿Escuchás los partidos o es imposible por los horarios?
-No los escucho pero sigo los resultados por Internet. Además, sigo a todos mis amigos que están jugando en otros equipos de Mendoza.
-¿Quiénes son tus mejores amigos dentro del fútbol?
-Sebastián Sánchez, Agustín Sanfilippo, Hernán Marcó y Fernando Pistone, pero tengo muchos otros buenos amigos.
-¿Pensás volver a Mendoza para retirarte en Gimnasia?
-(Risas) Veremos, al club lo quiero mucho, fueron muchos años… pero veremos dónde nos lleva el fútbol. ¿Quién sabe? Siempre voy a querer esos colores. Sería un placer volver algún día.
"Estoy solo, mi familia viene recién en diciembre"
-Me imagino lo que debés extrañar a tu familia...
-Sí, muchísimo. Muy duro, la verdad. Mi señora tiene una cirugía programada y no puede venir hasta diciembre, así que estamos aguantando como se pueda. Gracias a Dios existe Internet.
-¿Cómo les explicás lo que sucede?
-Intento explicarles que no se dejen llevar por lo que ven, que estén tranquilos, porque si bien se atacan constantemente, en Israel no cae ningún misil debido al sistema de defensa que tiene.
-¿Tenés contacto con algún argentino o sudamericano?
-Sí, juego con un brasileño que se llama Diogo Kachuba. Él y su familia son mi gran compañía hasta que lleguen los míos. Estamos gran parte del día juntos.
-¿Qué es lo que más te ha sorprendido del estilo de vida en Jerusalén?
-Los lugares hermosos y con tanta historia. También, la cantidad de culturas que conviven, la seguridad y el orden.